Si algo faltaba para que el presidente de Estados Unidos,
Donald Trump, tuviera más pretextos para volver a ubicar a México y a los
mexicanos en blanco de acusaciones y ataques, el hurto de los jerseys de la
estrella del futbol americano Tom Brady, cometido por el periodista Mauricio
Ortega Camberos, exdirector del periódico La Prensa, ya lo tiene.
El caso, convertido en escándalo mundial no sólo en el
ambiente deportivo del vecino país, se agravó cuando se supo que no solamente
había sido uno sino dos, los robados al héroe de los Patriotas de Nueva
Inglaterra en el LI Super Bowl del pasado 5 de febrero en Houston y en el del
año antepasado.
Peor aún, después de que los agentes del FBI encontraron
también el casco y los zapatos de Von Miller, de los Broncos de Denver, el
jugador más valioso en el L Super Bowl de Seattle, en la casa del periodista en
el Condado de Sayavedra, en Atizapán, Estado de México.
Eso le bastará al mandatario estadounidense, que acusa a
migrantes mexicanos de “criminales, violadores y narcotraficantes”, para
enderezar una nueva embestida contra los periodistas de nuestro país, con sus
generalidades de costumbre de que todos son como Ortega Camberos.
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