Ricardo
Ravelo.
Desde 1997 a
la fecha, la expansión del cártel de Los Zetas en el país ha sido vertiginosa.
Comenzaron
en Tamaulipas, su cuna, donde Osiel Cárdenas, Arturo Guzmán Decenas y Heriberto
Lazcano lograron cooptar a un nutrido grupo de militares de élite que
desertaron del Ejército para ligarse al narcotráfico.
Los Zetas son el primer grupo
criminal que incorporó el paramilitarismo al narcotráfico y luego se extendió a
otras actividades criminales. Nadie competía con ellos en capacidad de fuego y
en la saña que mostraban al asesinar a sus rivales.
En la
descompuesta escena pública primero
mostraron el horror de las decapitaciones. Esto lo aprendieron de los
“kaibiles”, sus pares guatemaltecos, quienes terminaron en las filas de Los Zetas.
Luego no fue suficiente con cortar cabezas y procedieron a descuartizar a sus
enemigos y a desperdigar sus despojos por las calles cuando no los exhibían en
negocios públicos señalados por detractores como centros de lavado de dinero.
Tamaulipas fue su bastión principal.
Ahí fueron cobijados por la impunidad de al menos dos gobiernos: el de Tomás
Yarrington, primero, y Eugenio Herández, después. Ambos exmandatarios,
ampliamente investigados en Estados Unidos por brindar respaldo al
narcotráfico, están en
la antesala de ser extraditados a la Unión Americana para ser juzgados por los
sobornos que recibieron. El primero aguarda en una prisión de Florencia,
Italia; el segundo espera en una cárcel de Ciudad Victoria, Tamaulipas.
No obstante, los escándalos que han
originado en el país –por sus actos de violencia y su capacidad para corromper
autoridades – la historia oficial de Los Zetas está rodeado de silencios.
El gobierno federal y mucho menos el
Ejército han rendido cuentas sobre la forma en que los militares fundadores de
Los Zetas fueron cooptados por el cártel del Golfo. Nadie ha publicado un
informe de lo que realmente pasó en 1997, por qué los soldados desertores
terminaron enganchados en las filas del narcotráfico. Más allá de la
corrupción, deben existir otras razones de fondo que hasta ahora se ignoran.
Después de trece años de operar como
brazo armado del cártel del Golfo, entre los años 2013 y 2014, Los Zetas
decidieron independizarse. Fue entonces cuando se erigieron como un cártel bien
organizado, quizá el mejor estructurado del país.
Y así emprendieron la conquista de
los territorios que hasta la fecha dominan. Están presentes en una veintena de
entidades federativas donde han sentado sus reales a base de sangre, fuego y
corrupción. Aunque cabe decir que no todo se ha podido probar fehacientemente.
De acuerdo
con datos históricos, por ejemplo, hacia
el año de 1998, Los Zetas de afincaron en Veracruz. Aquellos eran los tiempos
de Patricio Chirinos y de Miguel Ángel Yunes Linares, el brazo golpeador del
poder.
En esa época, Los Zetas lograron
rentar varias propiedades en el sur del estado, desde entonces convertido en un
enclave importante del narcotráfico. Varios cárteles se afincaron en el estado.
Con Chirinos y Yunes en el poder, nadie molestaba, por ejemplo, a Arturo Izquierdo Hebrard –el padrino de la mafia –quien vivía a su
anchas en el municipio de Náutla cobijado por la impunidad.
Tanto poder tenía y tan protegido
estaba que incluso llegó a ser un miembro distinguido del Comité de
Financiamiento del PRI en Veracruz en los tiempos de Yunes.
Arturo Izquierdo era un capo que
operaba al más puro estilo de la vieja guardia. Igualito que Juan Nepomuceno
Guerra, el tío de Juan García Ábrego, otro padrino de mafiosos.
Izquierdo Hebrard fue socio de Miguel
Ángel Félix Gallardo y ahí en Náutla ambos edificaron El Camino Real, un rancho
genético donde se mejoraban la calidad del ganado. Tenía laboratorio y una
pista de aterrizaje que por las noches se iluminaba como si fuera de día.
Izquierdo y su hermano Hugo fueron
auxiliares del exgobernador de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Célis, un capo
encumbrado en el poder. Y ahí se conocieron los hermanos Izquierdo y Félix
Gallardo, pues quien a la postre fue el jefe del llamado cártel de Guadalajara
había sido chofer del entonces poderoso gobernador de Sinaloa.
Arturo Izquierdo estuvo muy
encumbrado en el poder. Fue cuñado de Arturo Durazo Moreno, el jefe de la
policía capitalina que en el sexenio de López Portillo llegó a tener tanto
poder como el propio presidente de la República. Adicto a la cocaína y al
dinero, murió como una piltrafa humana en una cárcel de Guerrero.
En el puerto
de Veracruz, otro capo del narcotráfico
también vivía sin mayores tensiones. Era Albino Quintero Meraz, “Don Beto”,
quien llegó a ser vecino de Miguel Alemán Velazco en el fraccionamiento Costa
de Oro del puerto de Veracruz. Albino Quintero tuvo su etapa de esplendor en
los gobiernos de Chirinos y Alemán debido a la protección que recibía de la
Secretaría de Seguridad Pública del estado.
Aunque eran
aparentemente rivales, durante el gobierno de Chirinos y Yunes, Osiel Cárdenas
–entonces poderoso jefe del cártel del Golfo –llegó a realizar importantes
negocios con Albino Quintero. Cuenta
Quintero en las declaraciones que rindió ante la Procuraduría General de la
República tras ser detenido que la droga la pasaban el territorio mexicano a
través de Guatemala, luego la transportaban hacia Tabasco y Veracruz y así los
cargamentos terminaban en Tamaulipas para después ser cruzados a Estados
Unidos. Todo con el cobijo político y policiaco.
En Minatitlán y Coatzacoalcos el
cártel del Golfo y Los Zetas crearon un enclave importante. Desarrollaron la
industria del secuestro y por primera vez se tuvo conocimiento de que los
cárteles ya no solo operaban con el tráfico de drogas, sino que comenzaron a
implementar otras modalidades delictivas: tráfico humano, extorsiones, venta de
protección, cobro de piso a giros negros…
Resulta extraño que el informe de la
Clínica de Derechos Humanos de la Universidad de Texas no haya incluido en su
amplio estudio estos antecedentes, claves para entender el amplio mundo
criminal de Los Zetas y sus cómplices.
La
Universidad de Texas se deslindó del informe presentado por Ariel Dukitzy, de
tal suerte que el estudio quedó como un mero documento elaborado por académicos
sin respaldo institucional. Además, los autores tampoco confirmaron –solamente
creen que así es – si los testimonios de varios miembros de Los Zetas son
veraces, requisito indispensable para que se integren expedientes sólidos en contra
de los implicados.
Son embargo,
el hecho de que se hayan rendido ante
una Corte estadunidense y que hayan servido para incriminar a algunos
personajes del crimen organizado no quiere decir que tengan la misma veracidad
para efectos de otras incriminaciones, como las que hicieron en contra de los
exgobernadores Humberto Moreira y Fidel Herrera Beltrán.
Moreira, por
ejemplo, en un amplio comunicado, negó de una manera muy fácil todos los
señalamientos que en el informe lo implican como protector de Los Zetas durante
su gestión gubernamental; también negó haber recibido multimillonarios sobornos
de ese grupo criminal a cambio de protección y dijo estar abierto a cualquier
investigación relacionado con ese tema. Es más, se ofreció como coadyuvante del
propio grupo de académicos que encabeza Dukitzy para ahondar más en el tema.
Fidel
Herrera –quien fue mencionado de refilón en el informe –hizo lo propio y
rechazó cualquier vínculo con el narcotráfico y con Los Zetas, pues dijo que
estos señalamientos, que datan de hace catorce años, son parte de un infundio
orquestado por Miguel Ángel Yunes Linares, su enemigo político.
Y es que en el caso de Fidel Herrera
existe un testigo de apellido Hinojosa –sentenciado en Estados Unidos a 24 años
de prisión por narcotráfico –quien en el juicio que se le sigue al empresario
Francisco Colorado por lavado de dinero mencionó que en el año 2004 le entregó
a un candidato al gobierno de Veracruz doce millones de dólares para su
campaña. Y que el dinero provenía del narcotráfico. Sin embargo, el testigo no
mencionó el nombre del candidato al que supuestamente le entregó el dinero.
Hinojosa fue
agente del Ministerio Público Federal en Laredo, Texas, cuando Yunes Linares
fungió como subsecretario de Seguridad Pública Federal, en el sexenio de
Vicente Fox. En el informe de la
Universidad de Texas se incluye a este pasaje donde el agente del Buró Federal
de Investigaciones (FBI), Scot Lawson, es quien refiere el nombre de Herrera.
Cabe mencionar otro dato: Lawson es amigo cercano de Yunes desde el 2004.
Y curiosamente el informe de la
Universidad de Texas tampoco menciona que un personaje cercano a Francisco
Colorado –sentenciado en Texas por lavado de dinero –fue Miguel Ángel Yunes
Linares, quien acusa a Herrera de estar ligado al narcotráfico.
De acuerdo
con la historia de esta relación –que además es pública dentro y fuera de
Veracruz –Yunes Linares mantuvo una
estrecha relación tanto con Francisco Colorado como con su hermano Miguel
Colorado al menos desde el año 2009.
Así lo
publicó Proceso (Apro) en su despacho
del 13 de junio de 2009. La nota refiere textualmente:
“En 2009 el
PAN postuló a Miguel Colorado Cessa, hermano de “Pancho” Colorado, acusado por
el gobierno de Estados Unidos de lavar dinero para el grupo criminal “Los
Zetas”, como candidato a diputado federal por el distrito cinco de Veracruz.
“Miguel Ángel Yunes Linares,
excandidato del PAN al gobierno de Veracruz, respaldó al candidato e incluso
participó en actividades proselitistas a su lado, como exhibe la fotografía que
ilustra esta nota informativa”. En la foto aparece Yunes levantándole la mano a
su tocayo Miguel Colorado en un acto proselitista.
“El gobierno
estadunidense acusó a Miguel Colorado
Cessa de ser el prestanombres de los hermanos José y Miguel Ángel Treviño,
líderes del cártel de Los Zetas, quienes participaban en millonarias carreras
de caballos clandestinas en Oklahoma”.
La nota
refiere que Yunes le declaró a Carmen Aristegui, cuando conducía el noticiero
de MVS, que Fidel Herrera había recibido recursos de Colorado, que era su amigo
y que incluso acudía a su rancho. (Fidel Herrera rechazó el infundio y dijo que
la única vez que vio a Francisco Colorado fue en una cabalgata organizada en el
norte de Veracruz, donde coincidieron por accidente).
La nota de
Apro añade:
“No obstante, Yunes tiene relaciones
con la familia Colorado Cessa desde el sexenio de Patricio Chirinos (1992-1998)
donde participó como secretario General de Gobierno”.
Cabe señalar
que además de que Yunes apoyó a Miguel
Colorado Cessa en dos candidaturas –alcalde y diputado –también le entregó a
este personaje una notaría pública, la cual hasta la fecha usufructúa el
presunto Zeta del norte de Veracruz.
Francisco Colorado –cuyo caso también es referido en el
informe de la Universidad de Texas –es
un acaudalado empresario que se incorporó a Pemex como contratista experto en
los temas de remediación ecológica. Obtenía contratos millonarios por los
apoyos que recibía de importantes figuras del PAN, entre otros, figura Juan
Bueno Torio, exdirector de Pemex-Refinación en el sexenio de Vicente Fox,
exdiputado federal, excandidato independiente al gobierno de Veracruz.
Bueno Torio estuvo implicado en
fuertes escándalos por presuntos actos de corrupción en la entrega de contratos
a los hijos de Martha Sahagún, a quien con frecuencia solía contestarle el
teléfono oficial en Pemex para atender sus asuntos particulares.
Durante el
sexenio de Fidel Herrera Beltrán se
suscitaron varios eventos de violencia. Uno de los más escandalosos fue la
masacre en la carrera de caballos donde fue asesinado Efraín Teodoro Torres, el
Z-14, socio de Francisco Colorado, quien participó en aquella justa sangrienta.
Sin embargo,
cuando era candidato en 2004 la PGR investigó a Herrera Beltrán por haber sido
señalado de rebasar los gastos topes de campaña. La PGR nunca integró expediente alguno en su contra y hasta la fecha
ninguna autoridad federal ha integrado investigaciones en su contra por
narcotráfico o delincuencia organizada.
En su
administración destaca un dato relevante: la
lucha contra la delincuencia el propio Herrera se la entregó al Ejército,
muestra de ello es que los secretarios de seguridad pública que despacharon
entre los años 2004 y 2010 fueron miembros de la milicia.
En Coahuila el panorama, sin embargo, parece
diferente a la luz de los hechos. Los
hermanos Humberto y Rubén Moreira están señalados de recibir millonarias sumas
de dinero de Los Zetas. Se les ha investigado por ello y existen todavía
expedientes donde son mencionados.
Coahuila, sin duda, fue un bastión de
Los Zetas: ahí vivieron cómodamente Miguel Ángel Treviño Morales, el Z-40 y
Heriberto Lazcano, fundador de ese grupo criminal en 1997.
Se afirma
que trabajaban muy cerca de la zona carbonífera en esa entidad donde durante
muchos años operó el tráfico de drogas este cártel, pues resultaba clave para
cruzar los cargamentos hacia Estados Unidos.
El informe de la Universidad de
Texas, con el respeto que se merecen sus autores, no revela nada nuevo, nada
que no sepamos en México. Si acaso sirve para recordarle a las autoridades
mexicanas y estadunidenses que, si existen elementos probatorios para proceder
en contra de los exfuncionarios mencionados, pues que lo hagan y así se
deslinden las responsabilidades correspondientes.
Sin embargo, la PGR ha guardado
silencio al respecto.
De otra
manera estos retazos de declaraciones sólo sirven para generar confusiones, pues los que acusan –como en el caso de
Yunes Linares –también poseen una larga historia de corrupción no desligada de
la delincuencia organizada.
De lo que no
queda duda es de que conforme se acerca el proceso electoral del 2018 seguirán
apareciendo informes y acusaciones entre los políticos de uno y otro partido. Es posible que ya se afinen otros informes,
encargados en Estados Unidos, para tender cortinas de humo y de esa manera
confundir a la sociedad.
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