Cientos de habitantes de la comunidad
San Felipe del Ocote, en Guerrero, fueron desplazados por culpa de la violencia
de su comunidad, a la que no quieren regresar por miedo a los ataques.
Los pobladores huyeron de su hogar
después de sufrir el ataque de un grupo de hombres armados, que llegaron
“echando balazos a la gente”, relata Efe Juvenal Moreno, uno de los habitantes.
En ocasiones anteriores, los
criminales habían estado en esta comunidad del sur del país, pero “nunca” los
habían agredido. “Por ese motivo estábamos aguantando” y hasta el momento no
habían acudido a las autoridades a presentar una denuncia, explica.
Ahora los habitantes permanecen en
Apaxtla, cabecera del municipio homónimo, a la espera de que las autoridades
les digan dónde pueden reubicarse.
En total son 415 personas las que han
sido afectadas por la violencia. De acuerdo con un censo elaborado por el
municipio, 335 de ellas permanecen albergadas en Apaxtla.
Por otra
parte, otros 80 habitantes se han
quedado en San Felipe, con protección oficial, recolectando las pertenencias
del pueblo y desgranando el maíz cultivado por los campesinos, para tener un
sustento.
Moreno, quien dejó abandonados su casa y sus
terrenos, señala que ya no “pueden regresar”, porque “al que regrese no lo van
a encontrar vivo”.
Dice que espera poder sacar sus
pertenencias de la comunidad “si es que se puede, y si no, ahí se va a quedar
todo”. “Primero está la vida, después lo material”, sentencia.
Más
adelante, espera que les proporcionen
ayuda para encontrar un nuevo hogar.
“No tengo coraje, simplemente miedo”,
reconoce Juvenal, quien menciona que la situación de violencia en el lugar se
extiende desde hace aproximadamente siete años.
Los desplazados permanecen en un
albergue en el que pueden dormir y alimentarse, así como realizar actividades
diurnas.
Esau
Martínez, presidente del Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la
Familia (DIF) de Apaxtla, asegura que el
ayuntamiento se mantiene en comunicación con los otros niveles de Gobierno para
“llevar a cabo el protocolo” y que los habitantes tengan “total seguridad”.
“La mayoría no quiere regresar; lo
dejaron todo, dejaron las raíces, toda una vida”, afirma.
Martínez agrega que los campesinos están
“preocupados porque dejaron sus cosechas”.
“Tenían sus animalitos, vacas,
pollos, puercos, y lo han dejado todo”, añade.
El portavoz
de Seguridad de Guerrero, Roberto Álvarez, aseguró que desde el estado se está
brindando “todo el apoyo solidario” a las familias.
El Gobierno estatal -mencionó- ha
enviado helicópteros con ropa, alimentos y agua embotellada, así como con
material de limpieza para el mantenimiento del albergue.
Guerrero es
considerado como uno de los estados más violentos de México. A falta de que se
conozcan los datos de diciembre, la región acumuló durante 2017 unos 2 mil 100
homicidios y 62 secuestros, según el Secretariado Ejecutivo del Sistema
Nacional de Seguridad Pública. EFE
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