Javier Risco.
Hay un dicho
muy conocido y cierto que dice: “en casa de jabonero el que no cae, resbala”. Y
el gobierno entrante es una enorme casa de jabonero que, si no actúa
responsablemente y establece un método diferente no sólo en el discurso, sino
en la práctica, va a pasar de criticar los abusos anteriores a resbalar en sus
propios descuidos.
Andrés
Manuel López Obrador decía ayer en su conferencia mañanera –como casi diario–
que durante las administraciones pasadas había habido muchos abusos, en todos
los niveles. Y aunque se ha cansado de decir que ‘ya todo cambió’, el riesgo
potencial de convertirse en lo mismo que criticó siempre existe. Y el proyecto
emblema de su sexenio, el Tren Maya, es una de las mayores pruebas de fuego.
Y antes de
entrar en materia sobre el estudio que el IMCO hizo de los riesgos que conlleva
este megaproyecto de infraestructura y cómo podría hacer que se repita el
esquema de sobrecostos que tanta corrupción atrae, me gustaría dar antes otro
ejemplo de lo fácil que es caer en lo que se critica.
Me refiero a
las 4 empresas que por invitación restringida serán las licitantes para la
construcción de la refinería de Dos Bocas, en Tabasco: el consorcio
Bechtel-Technit, el consorcio Worley Parsons-Jacobs, y las empresas Technip y
KBR, que han sido aplaudidas por el mandatario Ejecutivo diciendo que son las
mejores en su ramo en el mundo, pero evadiendo un cuestionamiento central: las
4 han sido señaladas por actos de corrupción en otras partes del mundo. No,
nunca a la magnitud de lo que Odebrecht significó, pero, ¿no estábamos ya en
una era diferente donde habría cero tolerancia a la corrupción?
De acuerdo
con información que ha hecho pública el periodista de Mexicanos Contra la
Corrupción y la Impunidad, Raúl Olmos, las 4 empresas extranjeras tienen fuertes
antecedentes que, aunque el Presidente quiera justificar con su presencia en el
mercado de las refinerías, es un hecho que una vez que eres flexible ante la
corrupción, el riesgo de serlo cada vez con más frecuencia incrementa.
Algunas de
estas, como Technit, por ejemplo, inclusive se asociaron con Odebrecht y han
reconocido públicamente haber participado en redes de soborno. ¿También con
ellas perdón y borrón y cuenta nueva?
El Tren
Maya, que está por arrancar construcción en el sureste del país, entraña otro
de los grandes riesgos de que la cuarta transformación se convierta en una
ilusión de cambio que termina en que todo es diferente para que siga igual.
Ayer, el
IMCO en un diagnóstico hecho por su investigadora Ana Thaís Martínez dio a
conocer el estudio de este magno proyecto y lanzó una advertencia para los que
creen que basta con buenas intenciones para llevar a cabo proyectos sin
estudios de impacto ambiental o proyectos ejecutivos: de no cuidarse su
planeación, el presupuesto podría elevarse entre 4 y hasta 10 veces más de lo
que dice López Obrador que costaría.
“El costo
estimado de construcción del Tren Maya, derivado de este ejercicio, asciende
entre los 479 mil 920 millones de pesos y 1 billón 599 mil 767 millones de
pesos, un rango que es entre 4 y 10 veces mayor que los 120 a 150 mil millones
de pesos estimados por el gobierno federal.
“El peor
escenario sería aquel en el que la construcción del Tren Maya no cumpla con sus
objetivos de proporcionar crecimiento y desarrollo integral a las comunidades
por las que pasará, y que el gobierno federal acabe subsidiando, con los
recursos de los contribuyentes, la vida útil de otro proyecto sin beneficios
para nadie”, señala el Instituto en el comunicado con el que da a conocer su
diagnóstico.
Pero lo
económico no es lo único que está en riesgo: “Especialistas ambientales han
manifestado su preocupación en torno a la ruta del Tren Maya, la cual atraviesa
una región con diversidad biológica y cultural única, así como en la evaluación
económica del impacto ambiental que deberá retroalimentar la factibilidad y el
análisis costo-beneficio del proyecto”.
El impacto
social en las comunidades que se verán directamente afectadas también es una
advertencia.
Ojalá el
Presidente se diera cuenta de que, para lograr pasar a la historia con un rango
distintivo de un gobierno que erradicó la corrupción, bastaría con que sus
promesas estuvieran acompañadas de los estudios y planeación suficientes para
que aquellas buenas intenciones de un México mejor se conviertan en desarrollo
para todos y no en la reiteración de que sí, en casa del jabonero el que no
cae, resbala.
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