jueves, 28 de marzo de 2019

Las formas de la Guardia Nacional.


Javier Risco.

Uno de los objetivos de la creación de la “Gendarmería” –la división de la Policía Federal presentada en agosto de 2014 por el gobierno de Enrique Peña Nieto– era cambiar el lenguaje de la seguridad en este país. La gente no confiaba en la Policía Federal y mucho menos en las policías locales, el gobierno en curso no sólo necesitaba preparar mejores elementos de seguridad, sino también hacerle creer a la ciudadanía, sobre todo en el habla, que se trataba de un grupo de élite alejado de organizaciones cuyos niveles de confianza estaban muy por debajo del nivel óptimo. No se trataba de policías se trataba de “gendarmes”, la población no tendría que tratar con los mismos, eran otros, incluso vestidos de manera distinta. Cuando buscas cambiar la inercia de la seguridad fallida en este país las formas también importan, ya sabemos el final de esta promesa de campaña de Peña Nieto, se anunció en grande y fracasó de la misma manera, se diluyó su presupuesto y quedó sepultada en el olvido y como testigo de cifras de inseguridad inimaginables.

Ayer, Andrés Manuel López Obrador presentó los uniformes de la Guardia Nacional, la gran apuesta de este gobierno para hacer frente a la inseguridad, señaló que a más tardar en tres meses estarán en operación 150 de las 266 coordinaciones territoriales, queda pendiente conocer el nombre de quien estará al frente de esta corporación, el cuál puede ser un civil o un militar en activo o retirado. Mientras desfilaban cuatro modelos exhibiendo los nuevos uniformes pensaba en la importancia de las formas, en la relevancia para el gobierno de López Obrador de empezar de cero y contarnos otra historia. El nuevo cuerpo contra el crimen organizado no sólo va acompañado de una estrategia –por cierto, aún desconocida y poco clara–, sino en el lenguaje de los símbolos se nos presenta con la misma narrativa que utiliza para todo la 4T, se destierra todo lo anterior, nada se salva, y esta es la apuesta de la nueva administración.

Se presentaron dos tipos de uniformes: de campo y de proximidad. El de campo, “en colores gris y negro camuflado. Será el que usen los elementos de la policía militar, naval y federal desplegados en los operativos de la Guardia Nacional en las 266 coordinaciones regionales; en tanto el de proximidad, “en color obscuro y gris, llevarán un brazalete e identificadores en la espalda con las siglas GN de la Guardia Nacional. Será portado por los miembros que “estarán en contacto” con la sociedad durante sus actividades policiales”. Su presentación no fue en un evento especial, López Obrador utilizó su tribuna más importante, la conferencia matutina, y hoy aparecerán en la portada de todos los medios de circulación nacional.

Cubiertas las formas, ahora sólo falta afinar –o más bien presentar de manera más detallada– el plan de seguridad. Uno de los acuerdos más festejados en la Cámara de Senadores cuando se aprobó el dictamen que incluía la Guardia Nacional, fue el planteamiento que el Ejército y la Marina trabajarían en tareas de seguridad pública por un periodo de cinco años como máximo, mientras se logra conjuntar e integrar a la nueva fuerza intermedia de seguridad. Pero ¿alguien se ha detenido a pensar en cómo llegamos a ese número de años? ¿Por qué tenemos que esperar cinco años? ¿Por qué no tres o diez? Por increíble que parezca es algo que aún no tiene respuesta, ni los senadores ni Alfonso Durazo ni los especialistas conocen el porqué se puso un lustro como límite de presencia militar, les “pareció” razonable.

Ojalá en esta materia los símbolos no pesen más que los signos; sí, es evidente que es un nuevo comienzo, pero debemos exigir un plan más preciso y una estrategia integral que no continúe la guerra, sino que le regrese la paz a este país. Sí, es evidente que es un nuevo comienzo, pero debemos exigir un plan más preciso y una estrategia integral.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Gracias por tu comentario.