Por Gustavo De la Rosa.
Cuando tenía diez años estuve en un mitin de Lázaro Cárdenas
en la Comarca Lagunera; nunca había
vuelto a sentir aquella comunión entre el orador y la audiencia hasta el pasado
sábado, cuando vino Andrés Manuel a Chihuahua. Aunque ninguno de los dos puede
ser calificado como gran conferenciante, ambos logran una comunicación simple y
directa, más bien didáctica, capaz de enlazarlos con la audiencia consistentemente
y de generar en el auditorio una enorme atención y concentración.
En ambas ocasiones
miles de personas atendían al que hablaba, sin poesía ni frases impresionantes,
y se sentía un ambiente de enorme emoción y credibilidad de parte de los
escuchas; en ese momento los asistentes tenían la convicción de vivir un
momento histórico. Estoy seguro de que, si hubieran dicho suelten sus muletas y
anden, muchos lo habrían intentado.
Tremendos esfuerzos
hicieron los ciudadanos para asistir al mitin de Andrés Manuel el sábado pasado
en la capital del estado para escuchar la buena nueva; dejar la cama en Ciudad
Juárez a las tres de la mañana en invierno no es nada agradable, ni lo es
trasladarse una decena de cuadras en plena oscuridad al punto de reunión
(además de difícil cuando ya se rebasan los 68 años).
Viajaron más de cuatro
horas en un autobús para llegar a un evento donde se tendrían dos momentos de
máxima intensidad: el primero, cuando Andrés Manuel pasara entre las vallas de
contención (donde cientos de manos harían el esfuerzo de chocar con las suyas o
simplemente alcanzar a tocar su espalda o brazo), y el segundo, cuando hablara
directamente al público, a sus corazones. Sabiendo que sería muy difícil volver
a vivir esto, para muchos de los asistentes este suceso significaba un momento
irrepetible en su vida, de gran intensidad y felicidad y estaban atentos para
celebrar con grandes explosiones de risa y aplausos la esperada frase “me canso
ganso”.
En los últimos eventos
de Andrés Manuel, para informar los avances de los programas de bienestar, se
ha distribuido a los asistentes de tal forma que, de inicio, ya están
emocionados: los ancianos, las personas discapacitadas y las mujeres van todos
sentados en el centro de la explanada (y miles reúnen estas características),
mientras que los políticos, los de traje que miran por arriba de la nariz, van
hasta atrás o en corralitos que se preparan a los lados del cuerpo principal
(donde ni siquiera tienen la oportunidad de tomarse la selfie para presumir a
sus amigos que ya son parte de la Cuarta Transformación).
Esto envía un mensaje
intenso a quienes tradicionalmente estaban al final de las secciones de
invitados especiales en otros eventos y partidos; ahora las personas más pobres
y las más vulnerables son el centro de la atención del Presidente de la
República, ellos son los que pueden tocarlo, tomarse la foto, y sentirse
orgullosos y privilegiados.
En esta ocasión estuvo presente el Gobernador de Chihuahua,
invitado por AMLO a compartir el templete; fue
entonces que un grupo de ciudadanos inconformes con las medidas tempranas de
Andrés Manuel decidieron lanzar sus porras de rechazo, sólo para recibir una
respuesta de rechazo al mandatario Corral. Pero, con la frase “a la autoridad
electa democráticamente se le respeta” que cayó como loza de mármol sobre el
público, AMLO regañó a la multitud, como padre de familia a sus hijos
malcriados, y ésta acabó por aceptar y celebrar la tolerancia y respeto del
Presidente al Gobernador de Chihuahua.
Así, dejó listo el
ambiente para su discurso, que va repitiendo de plaza en plaza, que se escucha
como oración y que se recibe como verdad. Por eso no sorprende que cientos de
mujeres y hombres viejos, que dejaron el pellejo construyendo lo mejor del
México de hoy, hayan terminado el discurso de AMLO con la frase: “Bendito seas,
Andrés Manuel”.
Al presenciar esto, y
mientras cientos de juarenses usaban sus siguientes cuatro horas para regresar
a sus casas, entendí el temor de muchos de los críticos intelectuales de AMLO
que lo tildan del mesías tropical, pero el susto es para ellos, no para los que
lo escuchan con renovada esperanza.
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