Por Darío
Ramírez.
“Padres y
madres de Jorge Antonio y Javier Francisco, a nombre del Estado Mexicano les
ofrezco una disculpa pública por la violación a sus derechos y por el uso de la
fuerza arbitraria por la que fallecieron sus hijos en manos de elementos del
Ejército mexicano”, afirmó Olga Sánchez Cordero.
Han pasado
nueve años de los asesinatos de Jorge Mercado y Javier Arredondo, para el
perdón del Estado mexicano. El acto solemne ha sido este martes en Monterrey,
Nuevo León; en el auditorio del Tec, la universidad donde estudiaban, a pocos
metros de donde fueron asesinados. El 19 de marzo de 2010, un grupo de
militares disparó contra ellos en las instalaciones del centro. Jorge y Javier
salían de la biblioteca, iban a cenar. Antes de alcanzar la calle se
encontraron a los soldados, que les dispararon.
Lo cierto es
que, al día de hoy, con una disculpa pública en el bolsillo, “las familias
critican que no haya un solo condenado por los asesinatos de sus hijos. Hay
tres soldados presos y otros tres huidos. Ningún mando ha sido procesado por lo
ocurrido”. Es importante notar que dentro de la disculpa pública el gran
ausente fue el ejército, los perpetradores. Una disculpa con una nota amarga.
Tuvo que llegar una nueva
administración federal para que el Estado asumiera su responsabilidad. Eso lo
tenemos que celebrar. No es simple que un Estado se comprometa a una reparación
integral y asegurar la no repetición.
Alejandro
Encinas, Subsecretario de Gobernación para Derechos Humanos, es un servidor
público con una amplia trayectoria en la promoción, defensa y compromiso por
los derechos humanos. Ha sido –sin cuestionamiento- un acierto su nombramiento.
De su boca
se ha dado a conocer la creación de la Comisión de la Verdad para el caso
Ayotzinapa y el restablecimiento de las relaciones con la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (COIDH)
Nuevos y
optimistas tiempos corren en ese ámbito. El Gobierno federal no ha escatimado
voluntad para pedir perdón por Ayotzinapa, las agresiones a Lydia Cacho, y los
homicidios de los estudiantes del Tec por parte del Ejército. El Gobierno de la
República ha comenzado por lo más sencillo: cambiar la voluntad, enfrentar el
problema públicamente y reconocer que por décadas el Estado ha fallado y que
ahora estamos hundidos en una profunda crisis de derechos humanos, Estado de
Derecho y el tejido social.
Sin embargo,
los perdones y las palabras se agotarán
pronto si no van acompañadas de acciones reales, tangibles, nuevas e
innovadoras. Soluciones que atiendan de manera realista y eficaz el contexto
adverso en el que se cometen violaciones graves de derechos humanos.
En otras palabras, la voluntad no es
suficiente para cambiar al país. Un gran comienzo, pero insuficiente. Sé que
apenas se han cumplido 100 días de la administración y que los cambios no se
gestan de la noche a la mañana. Pero la ausencia de una política clara y
pública sobre cómo cambiar la realidad es fundamental.
Es indiscutible que las disculpas
públicas tienen que ir acompañadas de acciones que provean justicia, reparación
y garantías de no repetición. Pero hoy siguen asesinado periodistas y
defensores de derechos humanos, desapareciendo personas, feminicidios, abortos
clandestinos, delitos ambientales, tortura etcétera. Porque en realidad nada ha
cambiado, salvo la voluntad.
La semana pasada asesinaron a otro
colega periodistas. Sí, uno más. Santiago Barroso. Alejandro Encinas anunció
profundos cambios al mecanismo de protección de periodistas. Afirmó que
“(coordinación con las fiscalías de los estados para que en todos los casos
donde haya situación de riesgo se superen éstas y todos puedan hacer su trabajo
en paz. Van a ser cambios muy profundos, donde lo fundamental va a ser que es
responsabilidad del Estado otorgar las garantías y la protección a toda la
gente que está sujeta al mecanismo”.
El problema con la afirmación de
Encinas es que se da después de los homicidios de seis periodistas durante el
presente sexenio. Es decir, lo que está faltando es la substancia y profundidad
del diseño y ejecución de políticas públicas que rompan la inercia y el
paradigma. Pero la crisis es ahora y los resultados que se desean y necesitan
son inmediatos. Se espera que el gobierno pueda diseñar, en conjunto con la
sociedad civil con experiencia, y las víctimas, mecanismos y políticas que
cambien nuestra lacerante realidad.
Es momento de entrar al fondo del
problema. De hacer los cambios de gran calado que un país, con 40 mil
desaparecidos, demanda. Estamos ciertos que el bono de reconocimiento por las
disculpas y perdones está a punto de extinguirse si no va acompañado de
justicia real. Pero debemos partir que a los 100 días ya debería haber un mapa
claro sobre cómo cambiar nuestra realidad.
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