Por Arnoldo
Cuellar.
Mientras el Gobernador Diego Sinhue
presume el operativo conjunto de fuerzas federales y locales en una comunidad
de dos mil habitantes en Villagrán, donde incluso se invertirán decenas de
millones de pesos para construir infraestructura y afianzar la presencia del
estado, a 25 kilómetros de ahí una ciudad de casi 300 mil habitantes es dejada
a su suerte por todos los niveles del gobierno y sufre una cruda ola de
violencia homicida.
No parece ser lógico ni explicable
que mientras hay un operativo terrestre y aéreo con mil efectivos en Santa Rosa
de Lima, que solo logra la detención de seis personas, en la ciudad donde se
encuentran instalaciones estratégicas como una refinería y una termoeléctrica
ocurra la peor matanza en la historia de Guanajuato, con bandas criminales
fuertemente armadas actuando en la más absoluta impunidad.
Pero menos lógico es que, tras la
tragedia, las autoridades de los dos niveles de Gobierno más cercanos, el
Gobernador y la Alcaldesa, se enfrasquen en una guerra de reclamos y auto
justificaciones, en lugar de sentarse a una mesa para coordinar sus acciones.
La actitud de Diego Sinhue Rodríguez
Vallejo y de Beatriz Hernández frente al crecimiento del reto criminal en
Salamanca es pueril y deja ver que ambos no estaban preparados para el reto de
Gobernar en las circunstancias actuales.
Las diferencias políticas enquistadas
por la historia de ambos políticos como ex correligionarios y las actuales por
los diferendos entre Morena y el PAN tendrían que pasar a segundo término ante
el reclamo urgente y sentido de los ciudadanos por la destrucción de la
tranquilidad y la paz en una comunidad pujante y trabajadora como Salamanca.
En alguien tendría que caber la
mesura. Creo que incluso le compete más responsabilidad al Gobernador por su
mayor jerarquía política. Al final, el territorio estatal se compone de los 46
municipios y el mandatario electo para asumir el Poder Ejecutivo de Guanajuato
no puede eximirse de sus obligaciones para entrar en pequeñas disputas
aldeanas.
Pero incluso
habría que decir que a la Alcaldesa
neomorenista no deja de asistirle la razón al reclamar el desmantelamiento de
la fuerza policial de Salamanca, obligada por el descuido de dos alcaldes
panistas que formaron una sola unidad política: Justino Arriaga Rojas y Antonio
Arredondo Muñoz.
El primero de ellos es diputado
federal por el PAN y se da el lujo de increpar a Beatriz Hernández por la
tardanza en instrumentar su ofrecimiento de campaña de restablecer la fuerza
policial, en los cinco meses que lleva en el cargo.
¿Cómo se podrá olvidar que Arriaga
Rojas fue justamente el Alcalde que compró a sobreprecio un predio para
instalar a la policía de Salamanca y su centro de comando, control,
comunicaciones y cómputo? Políticos haciendo negocios con la seguridad para
embolsarse moches, ¿no está ahí una de las causas del hundimiento de las
corporaciones en la corrupción? ¿Si el jefe lo hace, por qué no todos los
demás?
Tampoco puede ser ignorado el mensaje
enviado por Diego Sinhue Rodríguez Vallejo al rescatar a Antonio Arredondo
Muñoz, tras su derrota electoral producida en buena medida por el crecimiento
de la inseguridad en Salamanca, para designarlo Subsecretario de Planeación de
la Secretaría de Desarrollo Social y Humano.
¿Es equitativo que mientras el Gobernador
fustiga a una Alcaldesa con 5 meses en el cargo por la violencia que vive
Salamanca, considere que el Alcalde que gobernó tres años y al que reprobó el
electorado, puede aportar algo a la política social del estado?
Incluso el anuncio reactivo y precipitado de que se
va a construir un nuevo instituto de capacitación policial en Santa Rosa de
Lima, para erradicar a la banda criminal que ahí se asentó, es una desmesura.
De muy poco servirá hacer edificios costosos si antes no se piensa en las
necesidades de los ciudadanos. Convertir el poblado de Villagrán en una
fortaleza mientras se descuida y se abandona a Salamanca, es un enorme
despropósito.
Por lo
pronto, los ciudadanos de Salamanca
viven con miedo. La vida en la ciudad ha cambiado, cierran negocios dedicados
al esparcimiento y por las noches las calles están desiertas.
Lo peor es el desamparo en el que se
siente una ciudad mediana del país que no parece tener a quién recurrir, pues
su Alcaldesa es impotente para enfrentar el reto, su Gobernador la desdeña por
haber votado por otro partido político y el gobierno federal parece
inalcanzable, pese a tener una instalación prioritaria de las que el nuevo
presidente quiere reconvertir y devolver su carácter emblemático.
En la Salamanca de hoy quedan en
evidencia las desconexiones entre clase política y ciudadanos de a pie, esa
misma desconexión que empezó a darse cuando el PAN se convirtió en un partido
dedicado a la rapiña como antes lo había sido el PRI.
Esa
situación los condujo a votar por quien prometía que las cosas iban a cambiar.
Hoy parecen estar castigados por esa causa y nadie llega a su rescate.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.