Ana María Salazar.
Es difícil imaginarse un recibimiento amable este jueves
para los representantes de Donald Trump y secretarios Rex Tillerson y John
Kelly por parte del canciller mexicano Luis Videgaray.
Parecería que, de
nuevo, el gobierno de los Estados Unidos agarró de punching bag a Luis
Videgaray –funcionario mexicano que se suponía tendría un acercamiento
suficiente– por haber facilitado la vista del candidato Trump.
Hay que recordar que a días de haber tomado protesta Trump,
el canciller Luis Videgaray viajó a Washington a reunirse con el equipo del
nuevo presidente.
Recién aterrizados los representantes mexicanos, Trump y su
equipo le hacen una mala jugada publicando una orden ejecutiva, el pasado 25 de
enero, en donde no sólo oficializan su intención de construir el muro, sino la
importancia de la seguridad en su frontera –básicamente retomando la retórica
que usó Trump en campaña en contra México. Y si esto no fuera un insulto
suficiente para el canciller que llegó a Washington con intención de negociar
de buena fe, una filtración reveló que el discurso que dio Trump, tras hacerse
pública su orden ejecutiva, fue en parte redactado por el mismo Videgaray, o
por lo menos ayudó a escribirlo.
En lugar de verse en
México como un gran acierto por parte del canciller –ya que influenciar un
discurso del presidente de los Estados Unidos no es poca cosa–, la
interpretación fue todo lo contrario. Una patada en el trasero.
Parecería que, de Seguridad Interior, John Kelly “se la aplicaron de nuevo” a Videgaray, ya
que este martes, a sólo dos días de su visita a México, publicó un decreto de
la implementación completa de la seguridad en la frontera establecida en la
orden ejecutiva de Donald Trump (todo incluido, inclusive el muro). De acuerdo con la orden ejecutiva del
presidente Donald J. Trump, los inmigrantes que entran ilegalmente a los
Estados Unidos representan una amenaza significativa a la seguridad nacional y
a la seguridad pública y son una carga para los recursos federales, así como
para las comunidades. Con el Memorándum de Implementación firmado por el
secretario John Kelly se amplían aún más los criterios para que tomen lugar
deportaciones masivas, en las cuales no les importa si a quienes están
deportando son criminales violentos. De acuerdo con la ejecución de la política
migratoria, incluso la sola sospecha de haber violado la ley es suficiente para
ser detenido y deportado inmediatamente. Obviamente el memorándum está enfocado
a indocumentados mexicanos y centroamericanos –y no reconoce que un
porcentaje de los indocumentados que llegaron recientemente a Estados Unidos
vienen de otras partes del mundo.
Este primer mes de
Trump parecería que la tiene dedicada a México. Y Videgaray es la víctima
inmediata. Porque al publicar el memorándum de esta semana, literalmente le
quita el gobierno de México la posibilidad de buscar negociar un tratamiento
más humanitario para los indocumentados nacionales. Además, incluyen en este memorándum de implementación de la estrategia
nacional de control migratorio, una propuesta que de enviar a México y darles
albergue a centroamericanos que estuvieran enfrentando juicios migratorios en
Estados Unidos.Una locura
Mientras tanto, la crisis humanitaria que se está
construyendo en la frontera entre ambos países seguramente explotará. Algunos
dirían que esto ya sucedió.
Aunque no existen
cifras oficiales, se estima que anualmente ingresan de manera irregular, por la
frontera sur de México, unos 150 mil migrantes, principalmente por el estado de
Chiapas, con la intención de llegar a EU. En su mayoría estos migrantes son
centroamericanos, sudamericanos y, en menor medida, originarios de países de
Asia y África.
Organizaciones de la
sociedad civil organizada indican que el promedio anual de migrantes
centroamericanos indocumentados que ingresan al país podría ser de hasta 400
mil. Debido a que no cuentan con papeles, no existe un registro certero de
datos. Y están los más de 11 mil cubanos que llegaron a México en los últimos
tres meses de 2016. Más de 19 mil migrantes haitianos y de origen africano han
llegado a México por Chiapas desde marzo de 2016 y han obtenido un permiso del
Instituto Nacional de Migración para cruzar el país hasta la frontera norte.
Uno podría imaginarse lo que podía suscitarse en menos de
seis meses con miles y miles (¿500 mil?) de centroamericanos, haitianos,
africanos y obviamente mexicanos atorados en la frontera.
Y un muro no
resolverá esta crisis humanitaria, y la violencia e instabilidad que resultará
de esto. Y eso señores Tillerson Y Kelly, debería de preocuparlos –y mucho.
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