La geografía privilegiada que tiene
la comunidad de Salazar en Lerma, Estado de México, fue un lujo natural para
sus habitantes hasta hace tres años, cuando la codicia inmobiliaria se fijó en
las tierras de un pueblo rodeado por una amplia zona boscosa, delimitada por un
parque nacional, una laguna, la vía del extinto ferrocarril y la carretera
México-Toluca.
Hoy, las
tierras ancestrales que conforman el poblado de Salazar albergan dos realidades
opuestas y una disputa legal por la ocupación de 217 hectáreas de bosques y
parcelas agrícolas, litigio que sostienen con la comunidad de San Mateo
Atarasquillo desde 1947.
Una realidad son los ocho comuneros
que fueron detenidos y encarcelados desde el 31 de agosto de 2017, acusados de
los delitos de robo con violencia, privación ilegal de la libertad y lesiones
por defender un terreno que se localiza junto al panteón de Salazar, que se
habría vendido de forma presuntamente ilegal a un grupo de particulares en el
año 2015.
La otra cara de la moneda son los
ranchos hípicos y fincas de descanso de grandes empresarios, como el dueño de
Grupo Carso, Carlos Slim; el Consejero de Grupo Grisi, Carlos Alberto Grisi
Mariscal; el Director de Grupo Comercial Chedraui, Federico Carlos Fernández
Senderos, y uno de los dos accionistas de Grupo Corrado, Ricardo Nizri Guasp.
Grupo Corrado es una compañía
contratista de los ex gobernadores de Veracruz, Javier Duarte de Ochoa, y del
Estado de México, Eruviel Ávila Villegas. Nizri funge como su representante
legal en la mayor parte de las licitaciones.
También figuran como propietarios de grandes
extensiones de bosque acaudalados integrantes de la clase política mexicana,
como el senador con licencia del Partido Verde Ecologista de México (PVEM),
Pablo Escudero Morales, cuyo rancho fue evidenciado por el diario Reforma en
una investigación especial publicada este jueves.
Con una
extensión de una hectárea y un costo de ocho millones de pesos, el rancho de
Escudero goza de un camino empedrado para conectar con la carretera
Salazar-Huixquilucan y vigilancia las 24 horas del día, según pudo constatar
Reforma.
Otro de los nuevos residentes de la
comunidad es León Manuel Bartlett Álvarez, hijo del coordinador del bloque PT-
Morena en el Senado, Manuel Bartlett Díaz. Bartlett Junior adquirió un terreno
de más de una hectárea y al momento de recibir su certificado parcelario, el hijo
del senador proporcionó como su domicilio un inmueble ubicado en la colonia
Lomas de Chapultepec, delegación Miguel Hidalgo en la Ciudad de México.
Germán Rojas
Nava, integrante de la Comisión Agraria de Salazar, asegura que existen más personas involucradas en la compra y venta de
predios que históricamente pertenecen a su comunidad, entre los que menciona a
la actriz Yolanda Andrade y al empresario José Luis Vaca Bonilla, mismo que en
septiembre de 2017 obtuvo un permiso del ayuntamiento de Lerma para bardear un
terreno de tres mil metros cuadrados en la zona que Salazar disputa con San
Mateo Atarasquillo.
“Sabemos de un señor que se llama
José Luis Bonilla Vaca que ha revendido muchas hectáreas, también sabemos de
Yolanda Andrade con su fundación ‘EsTuDía’ porque la Secretaría del Medio
Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) ya le había concedido todos los
permisos para el cambio de uso de suelo”, explicó.
Suplente en
la Comisión Agraria, Francisco Ceballos, señala
que los certificados parcelarios que amparan las supuestas propiedades de
Carlos Alberto Grisi, Federico Carlos Fernández, León Manuel Bartlett y Ricardo
Nizri Guasp, se otorgaron de forma irregular, puesto que ese tipo de documentos
sólo se pueden otorgar a los propios comuneros.
Agrega que esos títulos parcelarios fueron expedidos a
nombre de la comunidad La Cima San Mateo Atarasquillo, pero sostiene que se
trata de terrenos ubicados dentro de Salazar y que se trata de ventas ilegales,
aprovechándose de la buena fe de los compradores.
Otros
presuntos compradores, señala Ceballos, son
la conductora de televisión Montserrat Oliver, un hijo del cantante de Vicente
Fernández y el dueño de Televisa, Emilio Azcárraga Jean, aunque en estos casos
no cuentan con ningún tipo de documento para comprobarlo.
Por otro
lado, el abogado Mario Alberto de León
Venegas, quien se ostenta como representante legal de un grupo de 18 a 20
compradores cuyos nombres se reserva, sostiene que sus clientes adquirieron de
forma legal, puesto que la comunidad de La Cima de San Mateo ganó en definitiva
el conflicto agrario y se le reconocieron todos los derechos sobre los terrenos
en disputa.
Además, sostiene que entre sus clientes no se
encuentran artistas o grandes empresarios, pero se niega revelar cualquier nombre,
con el argumento de la secrecía profesional. Incluso, considera que no hay
ningún documento que dé la razón a los comuneros de Salazar, quienes han
encontrado referencias de la existencia del poblado y de sus posibles derechos
desde 1550, durante el virreinato.
PRESENCIA EN
EL LITIGIO AGRARIO.
La
recomendación 269/1992 emitida por la Comisión Nacional de Derechos Humanos
(CNDH) indica que el abogado Mario
Alberto de León Venegas participó en el fraude, despojo de tierra con violencia
y venta ilegal de parcelas de San Juan de Ocotán, localidad indígena ubicada en
el municipio de Zapopan, Jalisco.
En la queja se señala que los
documentos utilizados para quitar las tierras a los indígenas fueron
falsificados y avalados con certificaciones y declaraciones falsas. En estos
hechos participaron funcionarios agrarios y el propio abogado Mario Alberto de
León.
En sus
conclusiones, se afirma que el litigante
jalisciense y accionista de la empresa inmobiliaria Arquitectura y Espacios
Beda, creada en Jalisco, se coludió con ex líderes comunales de San Juan de
Ocotán para despojar al resto de los ejidatarios de sus propiedades.
Textual, la
recomendación dirigida al entonces titular de la Secretaría de la Reforma
Agraria, Víctor Cervera Pacheco, señala
que del análisis que obra en el expediente se pudieron detectar
“irregularidades cometidas en contra de la Comunidad de San Juan de Ocotán,
Jalisco, por parte de los ex-integrantes de la Mesa Directiva”.
Se nombra a Elías Noguera, David Olivares, Daniel
Anguiano, Rito Ramos, Tereso Díaz Timoteo Jiménez, Reynaldo Olivares y Cipriano
Flores como autoridades responsables de dichas irregularidades, los cuales
fueron auxiliados “por el licenciado Mario Alberto de León Venegas, quienes
realizaron la venta ilegal de parcelas, adjudicación de las mismas a personas
ajenas a la comunidad, explotación indebida de recursos naturales y mala administración”.
Además, la CNDH afirma que De León Venegas “se
quedó con el sello y material membretado de la comunidad y los usó en forma
indebida y perjudicial para esta última”, puesto que se aprovechó de la
comunidad que representaba para ceder un predio rústico que no era objeto de
transacción alguna y para transferir una “finca” en Guadalajara a una persona
totalmente desconocida para los comuneros de San Juan Ocotán.
Veintidós
años después, otra comunidad de escasos
recursos acusa a Mario Alberto de León Venegas de ser partícipe en el despojo
de sus tierras, pero él argumenta que es el representante legal de la comunidad
de La Cima San Mateo Atarasquillo y no de una compañía inmobiliaria o grupo
empresarial.
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