Todos describen a “Reserva Salazar”
como la casa de un rey, escribe Óscar Balderas para Cuadernos Doble Raya en un
reportaje sobre la millonaria casa de Pablo Escudero, yerno de Manlio Fabio
Beltrones.
Quienes conocen por dentro la casa
dicen que es digna de un rey. Seis trabajadores, caballerangos y albañiles que
la han recorrido, hablan de ella como si fuera un castillo maravilloso: elogian
sus paredes de piedra, la madera que hay en cada estancia, los lustrosos
candelabros que iluminan las copas de vino y hasta la arena que cubre el piso
de las caballerizas que cuentan con calefacción individual.
Por fuera, el rancho también parece un
castillo: tiene altos muros que protegen la vista hacia la pista privada de
salto a caballo, trechos y cañadas bardeadas y una gran puerta de cuatro metros
de alto custodiada por guardias que vigilan celosamente la entrada y salida de
los visitantes.
Pero en este rancho de lujo con pinta de
castillo no vive un rey, sino otro tipo de “realeza”: un senador con licencia,
que ha dedicado su carrera a combatir la corrupción.
Este jueves,
el diario REFORMA publicó un reportaje
sobre una propiedad de Pablo Escudero, militante del Partido Verde Ecologista
de México, que se encuentra integrado a un club hípico denominado “Reserva
Salazar”, un rancho de lujo que compró por 8 millones de pesos en la comunidad
de Salazar, municipio de Lerma, Estado de México.
El texto del
periódico señala que la propiedad tiene
una hectárea de extensión y fue adquirida por el yerno de Manlio Fabio
Beltrones, expresidente nacional del PRI, en diciembre de 2016.
Ojos de
Perro Vs. La Impunidad, en la
investigación que inició en noviembre, encontró que Pablo Escudero no actúa
como un socio del lugar, sino como único dueño de todo “Reserva Salazar”, pues
él y su esposa, Sylvana Beltrones, y nadie más, autorizan quién puede pasar,
incluso a las zonas boscosas y una peña que solía ser usada por deportistas
para practicar alpinismo.
“Sí, ahí todo es del senador”,
admitió el comisario Justiniano Felipe, en referencia a que todo “Reserva
Salazar” es la casa de descanso del senador con licencia, y no sólo la hectárea
que tiene a su nombre en el título de propiedad 000000014839 inscrito en el
Instituto de la Función Registral del Estado de México.
Ojos de
Perro Vs. La Impunidad tuvo acceso a un
mapa de las tierras ejidales de Salazar, en Lerma; hizo media docena de visitas
a la región y empleó la herramienta digital Google Earth, para delimitar la
propiedad que ocupa el senador con licencia y establecer que abarca, al menos,
4.5 hectáreas.
Una
propiedad en la misma comunidad, de una extensión de tierra similar, también
con pista de salto ecuestre, una casa con acabados de lujo, caballerizas con
calefacción y áreas boscosas particulares, es “Rancho San Francisco”. Según un anuncio en la página web
Propiedades.com fechado el 29 de enero, éste tiene un precio de venta de 280
millones de pesos.
Es decir, la propiedad que ocupa el senador con licencia
Pablo Escudero tiene un valor cercano a 15 millones de dólares.
El rancho de
lujo está oculto tras altísimos y frondosos árboles, lo que emula espacios
vacacionales del norte de Estados Unidos y Canadá. Ojos de Perro habló con
personas que venden terrenos de la zona. De
acuerdo con su reporte, entre los vecinos hay figuras tan conocidas como Jaime
Azcárraga, presidente del Consejo de Administración de Grupo Fórmula, y Arturo
Elías Ayub, yerno de Carlos Slim. En otro tiempo, el conocido narcotraficante
Édgar Valdez Villareal, ‘La Barbie’, también tuvo un rancho en esa zona.
“Reserva Salazar” está tan escondida
como los expedientes que dan cuenta de su existencia: en el Folio Real Electrónico
00042822, donde deben estar los datos de
identificación del terreno, hay un vacío de información. Oficialmente, el
rancho de Pablo Escudero no tiene número exterior ni interior, ni lote o
sección. “No consta”, se lee en el espacio donde debe estar el nombre de la
calle y colonia.
Pero todos
en la región, desde el comisario Justiniano Felipe hasta los veladores de las
caballerizas con los que habló el reportero, saben que, en ese rancho de lujo con forma de castillo, él sigue siendo
el rey. Pablo Escudero
Todo se
parece a su dueño.
La vida del senador con licencia
Pablo Escudero se parece mucho a la de su rancho: un misterio oculto a la vista
de todos. Pese a que ha sido diputado federal, senador y hasta aspirante a jefe
de Gobierno de la Ciudad de México, el abogado de 44 años ventila poco de su
vida privada y de cómo se habría hecho del dinero suficiente para ser el
propietario de “Reserva Salazar”.
Pablo
Escudero Hinojosa, su padre, ha trabajado como un alto directivo en Grupo
IDESA, una empresa privada dedicada a la venta, producción y distribución de productos
petroquímicos, según información pública de la consultora S&P Market.
Entre los
mejores clientes del papá del expresidente del Senado está Petróleos Mexicanos.
La madre del legislador, María Josefa Morales Escudero, ya falleció. De
hermanos o hermanas, no hay menciones públicas. A veces, habla de tíos y
primos, pero sin detalles.
Sin embargo, Pablo Escudero no participa en el negocio
familiar, tal y como lo dijo en una entrevista televisiva en mayo de 2017
con la periodista Katia D’Artigues, quien le preguntó cuál fue la decisión más
difícil que ha tomado en su carrera. Él
contestó que lo más complicado ha sido mantenerse como servidor público, pues
su familia le insiste que se dedique a los negocios familiares, a lo que el
legislador ha dicho que no. En la misma respuesta reveló que, a la par de su
carrera política, se ha dedicado a conseguirse otros ingresos por su cuenta.
Uno de ellos, por ejemplo, es ser socio del restaurante Aitana, ubicado en
Lomas Virreyes, al poniente de la Ciudad de México.
“Yo he abierto unos negocios de
restaurantes y he tenido otras opciones de asesorías, he tenido muchas
invitaciones en la iniciativa privada para ir a hacer auditorías (…) Hay muy
buenas oportunidades en el sector privado, en los despachos, para ir a trabajar
y tener un negocio privado”, contestó.
Si se excluyen sus ingresos por
actividades en el sector privado, la riqueza que por sí mismo habría acumulado
Pablo Escudero como servidor público está lejos de rozar los 280 millones de
pesos de valor cercano de “Rancho Salazar”: él mismo ha contado que comenzó su trayectoria en el
gobierno durante 1996, cuando debutó como analista en la Contraloría Interna
del Instituto Mexicano del Seguro Social, una de las plazas con remuneración
más baja en toda la dependencia.
Luego, llegó
a la Comisión Nacional de Derechos Humanos y escaló hasta convertirse en
Oficial Mayor. Estando en ese puesto
conoció a su ahora esposa, Sylvana Beltrones, cuyo padre, Manlio Fabio,
propulsó la carrera del ambicioso abogado: se incorporó al Partido Verde
Ecologista de México y en los años siguientes se hizo de dos curules, una en
San Lázaro en el periodo 2009-2012, y otro en la Cámara Alta.
En una
entrevista con el periodista Alberto Tavira, publicada en noviembre de 2014 en
el sitio digital Cuna de Grillos, Pablo
Escudero aseguró que como diputado ganaba 110 mil pesos mensuales y como
senador, 124 mil. Sumando sólo esos ingresos, Escudero ha acumulado unos 18
millones de pesos en casi nueve años como legislador.
Apenas el 6.25 por ciento del valor
cercano de “Rancho Salazar”.
¿Cómo logró
Pablo Escudero Morales hacerse de una tierra ejidal?
Actualmente,
la Ley Agraria prohíbe que gente ajena a
los ejidos sea propietaria de tierras ejidales. Sin embargo, existen formas de
darle vuelta a esa legislación y avecindarse en esas zonas.
Originalmente, la tierra donde está
“Reserva Salazar” era un punto perdido en el mapa del Estado de México, rodeado
de pinos y casas precarias. Una tierra boscosa que ni siquiera servía para
sembrar. Pero el gobierno federal encontró un modo para convertir esa tierra
ociosa en un ingreso para los empobrecidos ejidatarios: emparcelar la tierra
para repartirla entre los habitantes originales y que ellos tuvieran la opción
de conservarla como patrimonio familiar o vender, recuerda el comisario ejidal
Justiniano Felipe. La mayoría optó por
la segunda opción y foráneos adquirieron las tierras para acapararlas y esperar
que el paso del tiempo elevara el valor de esos terrenos.
El clima frío, el aire limpio, la
cercanía con el distrito financiero de la Ciudad de México y con el aeropuerto
de Toluca gustó a acaudalados empresarios, quienes ahí establecieron sus casas
de descanso. También atrajo a universidades privadas, como la Iberoamericana y
la Anáhuac, que han construido ahí sus nuevos planteles. La mayoría compró a
esos foráneos acaparadores.
Uno de ellos
es un nombre conocido en el municipio de Lerma: Héctor Alfonso Gutiérrez
Casillas, dueño del lujoso Club Hípico Trote Largo, y propietario de, al menos,
otros 10 predios en la zona. A él se le atribuye gran parte del “boom”
inmobiliario en la comunidad de Salazar, “donde toda la gente bonita de nuestra
sociedad tiene una propiedad”, escribió a mediados de 2016 la periodista
Lourdes Mendoza en el suplemento de sociales Club del periódico Reforma.
Héctor
Alfonso Gutiérrez Casillas, un viejo
agente aduanal en Nuevo Laredo, Tamaulipas, y socio de la empresa TMS Division
Trucking, fue quien vendió, en una ganga, el terreno de “Reserva Salazar” al
senador Pablo Escudero, tal y como se establece en la escritura 62609, volumen
701, del cual fue testigo el notario 1 René Cutberto Santín Quiroz, con sede en
Toluca, Estado de México.
Debido a
ello, Pablo Escudero se convirtió en vecino de Lerma, donde la desigualdad
entre habitantes es muy marcada: en la zona alta, viven los ricos, los que
conducen camionetas de lujo y se pasean en hermosos caballos que duermen con
calefacción propia; en la zona baja, los pobres, que trabajan vendiendo comida
y en invierno se congelan en casas precarias con temperaturas bajo cero.
Ahí pasa gran parte de sus días el
expresidente de la Comisión Anticorrupción del Senado desde que, el 11 de
octubre de 2017, abandonó el cargo de presidente de la Cámara Alta en medio de
aplausos y elogios por parte de sus compañeros legisladores.
Cuando tocó
el turno de despedirse del escaño, Escudero dedicó cuatro minutos a decirle
adiós a la que llamó la responsabilidad política más grande de su vida. “Vengo
a decirles que me voy contento después de haber cumplido con las metas que
tenía antes de llegar al Senado de la República (…) Hago votos por los meses
que faltan”, fueron sus últimas palabras en la Cámara alta.
Desde entonces, Pablo Escudero cabalga,
en su rancho escondido, hacia lo que le depare el
futuro: fiscal anticorrupción, diputado, autor de un libro sobre su lucha
contra el enriquecimiento ilícito… acaso empresario alejado de la vida pública.
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