Darío Ramírez.
El ácido que
corroe nuestra política es el cinismo. Entiéndase este como: “Desvergüenza en
el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”
(RAE).
La práctica cínica recorre las
arterias de nuestra política. Sus protagonistas han abusado del método para
mentirle a la sociedad, que, a su vez, sufre de una inmediata amnesia
colectiva.
La palabra en política se ha
devaluado y sustituido por la mentira –que no es lo mismo que sostener
perspectivas-. El recorrido del discurso político solo transita por una vía:
del emisor (personaje político) al receptor (ciudadanía) y ahí muere. Nuestro
sistema político carece de una real validación del discurso. Nos han hecho
creer que nuestra arena política es una caja de espejos. Nuestra clase política
valora más los símbolos y dichos falsos que la misma política y la verdad. Por
eso, podemos adelantar que la carga de cinismo en las acciones electoreras de
los próximos meses seguirá contaminando nuestra voluntad para crear una
democracia real.
Un breve
repaso por la memoria colectiva… que nos coloca ante el titán del cinismo.
El gobierno mexicano expulsó al Grupo
Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), que investigaban la
desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa.
La encargada de echar del país –so
pretexto de que la ayuda era temporal- a los expertos de la Comisión
Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) fue la canciller Claudia Ruiz
Massieu.
El GIEI deshizo la “verdad histórica”
de Murillo Karam. El mismo grupo afirmó que a 17 de los detenidos se les había
torturado. La canciller Massieu fue la encargada de representar al Estado
Mexicano en el monumental ridículo ante la CIDH.
El New York
Times reportó que de acuerdo con evidencia forense de Citizenlab (Universidad
de Toronto), se demostró que los
integrantes del GIEI, nombrados por la CIDH, fueron blanco de la tecnología de
espionaje Pegasus, el cual, según la empresa que vende el malware, solo se
vende a gobiernos, en este caso el mexicano. La canciller Massieu fue la
encargada de intentar explicar lo inexplicable: el desdén a los representantes
de la CIDH.
Fin al
repaso del pasado reciente…
Ahora bien,
aquel mismo gobierno federal que a través de la canciller Massieu expulsó,
espió y faltó -por decir lo menos- al trato diplomático de representantes de la
CIDH en México, realizó una gran puesta en escena digna de los más altos
estándares del cinismo político mexicano.
La excanciller acudió a la CIDH en
representación de su partido (PRI) y candidato presidencial. Acudió ante el
organismo internacional que su mismo gobierno denigró.
El acto cínico se consumó con una
foto de la excanciller con Luis Almagro, secretario general de la OEA.
No ha sido suficiente debilitar hasta
el grado de la emergencia médica las instituciones de gobierno, sino que ahora
el cinismo priista busca embarrar a un organismo internacional que ellos mismos
han pisoteado.
La misma multicitada excanciller
sabe, por más mínimo que sea su conocimiento de derecho internacional, que
acudir a la CIDH es un ramplón acto político en Washington D.C, nada más. El
cinismo parece no tener fondo: “Ruiz Massieu transmitió al dirigente hemisférico la
preocupación de la coalición Todos por México y de la sociedad mexicana en
general por la presión política y mediática que, a nivel nacional e
internacional, lleva a cabo el candidato de la coalición Por México al Frente,
Ricardo Anaya Cortés, contra las instituciones de procuración de justicia para
evitar responder por las graves acusaciones en su contra por lavado de dinero”.
Como dice
González Moore “No hay mayor cinismo que
el de aquellos que reclaman para sí lo nunca han dado.”
No siendo suficiente usar el aparato
del estado (la PGR) para perseguir a un contrincante político: Ricardo Anaya.
La priista viaja a la capital norteamericana para aventar una cínica bomba de
humo.
Mientras tanto, el Instituto Nacional
Electoral descansa impávido ante el lodazal propagandístico/legaloide/electorero
que transcurre ante sus ojos y su silencio. Lo vemos todos menos el árbitro que
lo tiene que ver. Mal augurio.
Usar a la
PGR de acuerdo al vaivén político del gobierno federal no es nuevo. El cinismo
de la clase política, tampoco. Sin embargo, entrar al periodo electoral con la
intención de aniquilar a uno de los contrincantes puede ser el inicio de un
retroceso importante de nuestra precaria democracia electoral.
Ni Anaya ni nadie se merece que
nuestra justicia sea de todo menos justa. Si hay indicios de delitos por parte
del candidato se deben de perseguir, sin embargo, hasta ahora la persecución es
más mediática que jurídica, ¿Y eso por qué? ¿Será que el caso contra Anaya no
está listo o tan sólido como presumen? Y si es así, ¿por qué filtrar la
intención de investigarlo? ¿se estarán esperando a que inicie oficialmente el
periodo electoral para atacarlo? Cualesquiera que sean las respuestas, los
cínicos del gobierno su esfuerzan por seguir poniendo en vilo nuestra
democracia.
A nadie le conviene que siga la
persecución del gobierno federal (cínica como ha sido) contra un contrincante
político.
Pst, pst,
Lorenzo Córdova, despierte de su siesta que la “fiesta” ha comenzado.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.