Javier Risco.
[No necesito turbante
ni mucho menos una máquina del tiempo para saber que el exgobernador de
Nayarit, Roberto Sandoval, será encontrado culpable de desvíos millonarios, se
irá a la fuga y terminará en la cárcel –tal vez lo menos probable es el último
escenario, pero es posible. Así será su historia en los próximos meses ¿por qué
lo sé? porque sigue el mismo guion de los Duarte, Borge y acumulados].
En este sexenio cuántas
veces ha escuchado “soy inocente”, “es una persecución política en mi contra”,
“mis bienes están en mi declaración patrimonial”, “no voy a huir del país”.
Seguro le vienen a la
cabeza los nombres de Javier Duarte o César Duarte, exgobernadores durante el
último sexenio. Pero no son los únicos. Desde 2017, el también priista Roberto
Sandoval, exgobernador de Nayarit, está siendo investigado por enriquecimiento
ilícito, porque fiel a la escuela política que lo mantuvo en el gobierno de
2011 a 2017, pasó de tener una propiedad de menos de 2 millones de pesos a
ranchos que presumía hasta en YouTube, de 17 hectáreas o las 5 propiedades que
recientemente le fueron incautadas como parte de la investigación en su contra.
Durante meses se ha mantenido en silencio. Hasta ahora, cuando aún la PGR no ha girado
una orden de aprehensión en su contra, cuando aún puede dar entrevistas para
justificar una inexplicable riqueza y para prometer que debido a su inocencia
no huirá. Otro que cree que su palabra de exgobernador debería bastarnos.
Ayer, en entrevista, el
priista se unió a la lista del “yo no fui”. Y antes de tener que dedicar una
columna a subrayar lo absurdo que sería ver a la PGR emitiendo una orden de
aprehensión cuando un personaje hoy localizable ya hubiera huido, creo que es
importante enmarcar sus argumentos y sus promesas, por si mañana entra a la
lista de los ilustres prófugos de un sexenio donde el uniforme de prisión está
guardado en el armario de más de uno.
Y claro, para Sandoval
se trata de un ataque en coyuntura electoral y no por que las cuentas no nos den
cuando sumamos seis años del sueldo de un servidor público.
“En este momento sería
muy difícil aclarar de dónde vienen esas propiedades, en contexto electoral es
complicado explicar que son de antes de que me dedicara al servicio público,
que no nada más me dedico al servicio público. (…) Yo soy ganadero, crio
ganado, mi padre me enseñó hace muchos años. Yo vendo caballos, no compro
caballos. Si me defiendo de la A me sacarán la B y si no hasta la Z. Así es la
política, así son las cosas ahorita con todos los candidatos”, justificó quien
diera en su administración el cargo de procurador a Edgar Veytia, hoy preso en
Estados Unidos y con al menos tres cargos por narcotráfico.
“¿Se va a quedar en el
país?” Pregunta obligada. “La carne más débil que hay ahorita es la de un
exgobernador, por eso no pienso alejarme del radar de las autoridades. En
ningún momento he pensado salir de mi país, en ningún momento he pensado estar
fuera de las autoridades. Estoy atento a cualquier llamado”, jura el que habla
como sus homólogos tricolores que, como cualquier obra pública, prometieron sin
cumplir.
¿Hay un manual de cómo
ser exgobernador? ¿Habrá asesores que antes de entregar una administración le
digan a los servidores públicos cómo defenderse de las casi ineludibles
acusaciones de desvío de recursos? ¿O sólo es que todos los pretextos ante lo
que no se puede explicar, suenan igual?
¿De dónde salieron todas
las propiedades?, se le preguntó. “Una
de las propiedades es mi hogar, pagada con un crédito Infonavit en 1997; el
otro es un terreno muy grande de ocho por 20 metros, pagados con toda la
declaración fiscal; la tercera es una propiedad de mi hija que sacó con un
crédito bancario que sigue pagando; la cuarta es de una fundación creada antes
de mi gobierno y la otra propiedad no tiene nada que ver con nosotros. Me he
parado en muchos lugares que no son míos, no todo lo que piso es mío”,
respondió el priista.
Aún recuerdo aquella declaración que César Duarte dio al
periodista Carlos Loret cuando se le cuestionó sobre su fortuna personal: “sólo tengo una fortuna de aproximadamente
100 millones de pesos”, dijo seguidos de la tradicional victimización que
señala las acusaciones como persecución política.
Sandoval no se alejó del guion. Para él es Guadalupe Acosta el villano de su historia. “No desvié ni un
solo peso; no me imagino donde pueden caber 2 mil millones de pesos. Mi
declaración patrimonial está en orden y he trabajado toda mi vida; no tengo más
propiedades que las declaradas ni prestanombres”.
Incluso alega que el
propio Enrique Ochoa, presidente de su partido, ha estado detrás de la
persecución en su contra. Pobre México: lleno de gobernadores víctimas de
persecución política y con las arcas cada vez más vacías.
Mentirosos en fuga de un guion que ya está escrito.
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