Francisco
Ortiz Pinchetti.
Durante años ha trabajado Andrés
Manuel López Obrador la estrategia de juntar al PRI y al PAN en un solo monstruo,
al que le puso por nombre “el PRIAN”, como el enemigo común no sólo de él, sino
de todos los mexicanos.
Su ocurrencia sobre le existencia de
una “mafia del poder” encabezada por el antes innombrable Carlos Salinas de
Gortari y en la que conviven los más detestables priistas con sus oscuros
aliados panistas como Diego Fernández de Ceballos, Vicente Fox Quesada y Felipe
Calderón Hinojosa, que se reúnen en lo oscurito en alguna recóndita guarura
para conspirar contra el propio tabasqueño y, de paso, contra la Patria, ha
sido columna vertebral y plataforma de su sempiterna campaña presidencial.
La verdad es
que AMLO, hoy bien arriba en las encuestas sobre preferencias electorales, ha
conseguido convencer de la existencia de esa entelequia maldita entre el PRI y
el PAN a millones de seguidores suyos. Son
iguales ambos partidos, corruptos y antidemocráticos los dos (lo cual no es del
todo falso, por cierto). Son lo mismo, cómplices, traidores, saqueadores,
vendepatrias. Son uno solo: los malos (ellos) contra los buenos (él).
En las redes
sociales, los pejistas se conocen más
por sus alusiones y descalificaciones al PRIAN que por su militancia morenista
explícita. Son legiones de activistas del antiPRIAN, al que ahora suman por
supuesto, con especial inquina, al PRD.
Ocurre sin
embargo que el agarrón entre el panista Ricardo Anaya Cortés y el PRI-Gobierno
encabezado por el presidente Enrique Peña Nieto amenaza derruir los empeños del
dueño de Morena: lo desmiente. Y no halla qué hacer. Patina y trastabilla.
Finge primero indiferencia. Luego dice que a él no lo engañan; pero acaba por
contradecirse y pedir, exigir al candidato presidencial de la coalición Por
México al Frente explique los motivos de ese pleito inconcebible.
¿Cómo es que
Anaya, que era muy amigo de Peña, de repente sale a declarar que lo va a meter
a la cárcel?, dice el tabasqueño. ¿Qué fue lo que sucedió?, se pregunta
confundido el candidato presidencial de la coalición Juntos Haremos Historia,
integrada por Morena con el PT y el Partido Encuentro Social.
Intentó
luego, sin tino, atribuirlo a un “pleito entre mafias”, al parecerle extraño
que Fernández de Ceballos saliera en defensa de Anaya Cortés, dado que el jefe
Diego es pareja de Salinas de Gortari (sic); pero luego del galimatías acabó
aceptando que ahora ve difícil que ambas vertientes de la mafia del poder unan
fuerzas en su contra, como él esperaba.
Es por eso
que pienso que ese enfrentamiento pudiera costarle más al hoy ecuánime y
modosito pelotero de Macuspana que a sus antagonistas. Anaya Cortés y su equipo
parecen tener bien claro que su deslinde y enfrentamiento con Peña Nieto, su
partido y su candidato, son vitales para su estrategia de campaña. Así se lo
confirmó al reportero Mayolo López, de Reforma, uno de los hombres más cercanos
al controvertido queretano.
El ex
diputado Juan Pablo Adame confió al periodista que el equipo de Anaya Cortés
decidió “escalar” la estrategia de defensa y lanzarse contra el presidente
Enrique Peña Nieto cuando se valoró que él está tras la campaña que lo
relaciona con una supuesta trama de lavado de dinero. “No hay forma de que
estén haciendo todo esto sin su apoyo (de Peña), y porque auténticamente
quieren sacar a Ricardo Anaya de la contienda”, dijo. “No había otro camino”.
Y mientras
AMLO habla de amnistía, reconciliación y perdón, el mal llamado “chamaco
maravilla” se tiró a matar el domingo pasado, cuando reiteró su compromiso, en
caso de ganar la Presidencia, de consolidar una Fiscalía autónoma y apartidista
que sea acompañada por una Comisión de la Verdad con asistencia internacional,
para investigar los señalamientos de corrupción del gobierno del presidente
Peña. Y del propio Peña Nieto, claro.
El panista
supo asirse hábilmente de las acusaciones en su contra y la presunta injerencia
dolosa de la PGR, para marcar su distancia con el aparato priista, lo que
seguramente va a redituarle simpatías, aunque pasajeramente pudiera afectarle
en las encuestas. Es decir, el mandatario y los jerarcas del PRI le están
haciendo un gran servicio al panista, que obtendrá mayores beneficios en la
medida que sea victimizado, independientemente de la veracidad de las
acusaciones no formales en su contra por un asunto de lavado de dinero. O sea,
el asunto puede revertirse peligrosamente para el gobierno… y a la vez
desmentir el cuento de López Obrador sobre el PRIAN. Qué gacho.
Difícilmente
después de ahora podrá Andrés Manuel insistir en aquello de que para abril o
para mayo, como dice la canción, el PRI y el PAN se van a sumar electoralmente
en su contra. No podrá más soltar frente a los medios que tiene “información
fidedigna”, de una “fuente confiable”, sobre la confabulación urdida por el
jefe de la mafia del poder y sus esbirros prianistas para adulterar la elección
y robarle otra vez la Presidencia. Y ni siquiera podrá ya hacer alguna
referencia al PRIAN, ¿o sí?
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