Ricardo
Ravelo.
En la Corte
de Nueva York, donde se lleva a cabo el juicio contra el exjefe del cártel de
Sinaloa, Joaquín Guzmán Loera, El Chapo,
han salido a relucir datos y evidencias de la corrupción que desplegó ese grupo
criminal desde el 2001 a la fecha, a lo largo de tres sexenios.
Resulta
evidente que tras su fuga del penal de Puente Grande, Jalisco, El Chapo se mantuvo impune durante los
gobiernos de Vicente Fox, Felipe Calderón y buena parte del sexenio de Enrique
Peña Nieto, que está a pocos días de finalizar como uno de los peores de la
historia.
Rey Zambada, hermano de Ismael El
Mayo Zambada abrió la boca y está soltando toda la información que sabe
respecto a la corrupción en México: ya empinó a Genaro García Luna, el policía
del panismo, quien brindó protección al narcotráfico y en particular al cártel
de Sinaloa, de acuerdo con las declaraciones de Rey Zambada.
Y es que el
cártel de Sinaloa, por ahí de los años
2006 y 2010, tenía amplios controles en la ciudad de México. Corrompió a los
más altos funcionarios de las PGR, a los que les pagaban mensualmente medio millón
de dólares a cambio de información sobre operativos e investigaciones.
También fueron capturados altos mandos de
Interpol-México, que operaban en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de
México, funcionarios de las aduanas, entre otros, que se encargaban de proteger
los cargamentos de droga que arribaban a la terminal aérea desde Centroamérica
y Sudamérica.
No es todo: personal de la embajada de Estados Unidos
en México, agentes de la Drug Enforcement Administration (DEA), de acuerdo con
las versiones de Rey Zambada, formaban parte de la lista de aliados del cártel
de Sinaloa. Estos funcionarios siempre estaban prestos para filtrar información
sobre investigaciones y extradiciones.
De acuerdo
con otras versiones, contenidas en el expediente denominado Operación Limpieza,
el encargado de todas estas maniobras de
corrupción no solamente era Guzmán Loera y Rey Zambada sino Ismael El Mayo
Zambada, cabeza del cártel de Sinaloa, quien se ha mantenido impune a lo largo
de más de seis décadas.
El Mayo Zambada vive en Sinaloa, en
la ciudad de Culiacán, tiene sus refugios. Se trata de casas, departamentos y
ranchos donde pasa la mayor parte de su tiempo.
Se asegura que cuando sale a la
calle, a bordo de alguno de sus vehículos, su chofer tiene la encomienda de no
pasarse un alto, de manejar con esmerada precaución para no infringir las
reglas de tránsito.
Suele moverse con absoluto sigilo, al
fin viejo lobo de mar, hombre de la vieja guardia del narcotráfico, inició en
los años setenta en el negocio del tráfico de drogas y desde entonces ninguna
autoridad lo ha podido detener.
Zambada
García militó en el cártel de
Guadalajara, fue pieza del cártel de Tijuana, después de ligó al cártel de
Juárez, al lado de Amado Carrillo Fuentes, muerto en 1997, según la versión
oficial, y desde hace varios años es una de las cabezas más poderosas del
cártel de Sinaloa.
Siempre se ha manejado con bajo
perfil, de ahí su antigüedad en el negocio del narcotráfico. Se asegura que
entre sus propiedades figuran fastuosos ranchos con ganado de alto registro, es
productor de leche y de otros productos agrícolas. El mismo le contó a Julio
Scherer García que en varias ocasiones ha estado a punto de ser detenido, pero
que se ha librado de puro milagro.
Quién sabe
si en realidad ha estado a punto de ser capturado o simplemente lo dijo como
una forma de afirmar que el Ejército y la policía han realizado su trabajo con
respecto a su búsqueda. Pero lo cierto es que en más de seis décadas El Mayo
Zambada no ha sido molestado ni durante los gobiernos priistas ni mucho menos
con los panistas.
Zambada
García es una figura emblemática, según ha dicho su hermano, Rey Zambada. El
propio Chapo Guzmán, con quien al parecer rompió relaciones, sostiene que el
verdadero jefe del cártel de Sinaloa es Zambada García.
Lo que no es un secreto es que fueron
varios los capos responsables de la expansión del cártel de Sinaloa. Ahí está
el propio Guzmán Loera, los hermanos Beltrán Leyva, Juan José Esparragoza
Moreno, El Azul, declarado muerto hace tres años, aunque ninguna autoridad lo
haya confirmado, entre otros personajes que fueron clave para el
posicionamiento de esa organización criminal, la más poderosa del mundo, según
el gobierno de Estados Unidos.
La única forma de lograr la explosiva
expansión del cártel de Sinaloa sólo lo explica la corrupción desatada por sus
miembros. Y es que en aras de mantenerse impunes y en constante crecimiento, el
cártel de Sinaloa lo corrompió todo. Seguramente pagaron campañas políticas,
como ha ocurrido en Colombia, es bastante probable que hayan corrompido a los
más altos mandos de la policía federal, del Ejército Mexicano y a funcionarios
de la presidencia de la República.
Pero lo que resulta difícil es probar
los sobornos otorgados a políticos y policías. Faltas las pruebas que, por
ahora, todavía no se exhiben en la Corte de Nueva York, donde están empezando a
salir nombres y más nombres de los presuntos protectores del narcotráfico en
México.
Falta mucho por conocer respecto de
esta madeja de corrupción que ha permitido la expansión del narcotráfico en
México. Mientras en la Corte de Nueva York salen a relucir detalles de la
corrupción, en México Ismael El Mayo Zambada permanece en silencio y escondido,
protegido, impune, intocable.
Nadie se mete con él, nadie lo
molesta. Todos los respetan y hasta le dicen El Señor Don Mayo, pues resulta
que este personaje del crimen organizado es uno de los benefactores sociales más
importantes en Sinaloa. El suele hacer todo tipo de favores y mucha gente
–políticos, empresarios, soldados y policías –viven agradecidos por sus
favores. Por eso lo respetan y también lo quieren.
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