Por Gustavo
De la Rosa.
Pocos
creerán que, en septiembre y a mis 72 años, tenía cierta ilusión al pensar que,
como Diputado local, podría cambiar el sentido de algunas políticas
gubernamentales con alto impacto en el estado, ¡incluso escribí un artículo
dónde explicaba que la correlación de fuerzas le iba a permitir a la fracción
parlamentaria de Morena buscar el consenso más racional para la toma de
verdaderas decisiones en el Congreso!
El mes de
diciembre es el mes más importante para el trabajo legislativo en un estado; es
cuando se aprueba el Paquete Económico con el cual funcionará el Gobierno el
siguiente año y, en Chihuahua en este caso, se pueden definir las políticas
reales que funcionarán en el territorio.
El
parlamento toma sus decisiones por mayoría de votos, o por votación calificada
en algunos casos, y la coalición “Juntos Haremos Historia” tenía en septiembre
14 de 33 votos, por lo que estaba en circunstancias de determinar las
decisiones que tomaría la Cámara de Diputados; además a esa cantidad sumamos
cuatro votos de la fracción parlamentaria del PRI, por lo que tuvimos en un
momento inicial 18 de 33, la mayoría del Congreso. El PAN sólo tenía 13 seguros
y había dos diputados en el aire.
Recuerdo la
canción de primaria que se usaba para aprender a contar y a restar: “yo tenía
10 perritos, uno se murió de frío y ya nomás me quedan nueve…”, y sucesivamente
se iban perdiendo perritos hasta quedar en cero. Así nos pasó en el Congreso.
Los primeros que renunciaron, por
causas inexplicables, fueron los dos diputados del PT; luego los cuatro del PRI
se dividieron en dos y dos, y los tres diputados del PES se sumaron al PAN; nos
quedamos con 11 votos y hasta perdimos la posibilidad de negociar las votaciones
calificadas. Con 22 votos, ellos aprobaron el Paquete Económico y además
obtuvieron el poder de aprobar cualquier decisión que requiriera tomar el
Congreso; Morena se convirtió en una fuerza parlamentaria testimonial.
Luchar en el México de hoy contra las
inercias políticas, plantear discusiones parlamentarias como la austeridad
republicana y la lucha anticorrupción, enfrentar la imposición de
contribuciones a los más beneficiados de la desigualdad social, buscar medidas
concretas y reales para reducir la violencia, proponer el equilibrio y equidad
en los gastos del estado y dar prioridad a las políticas de salud y de respeto
a los derechos humanos, son temas impertinentes para los que durante muchos
años han hecho política en torno a las negociaciones personales y la cercanía
al Poder Ejecutivo. Además de que resulta muy difícil mantener la cohesión de
una bancada con tan poca experiencia parlamentaria.
En tales
circunstancias, considero que es
necesario valorar dónde y cómo se puede ser más útil para quienes me eligieron;
uno de los reclamos de la ciudadanía cuándo recorrí el Distrito en campaña era
“ustedes vienen por el voto pero después no regresan ni siquiera a darnos las
gracias”, aunque otro reclamo frecuente fue contra el papel que juegan los
suplentes que acompañan y apoyan a los candidatos durante la campaña, para
después ni siquiera ser invitados a las ceremonias obligadas.
Así las
cosas, decidí atender en directo las
sugerencias de la ciudadanía y dejaré el espacio de la diputación en el
Congreso a mi suplente, el joven abogado Román Alcántar Alvídrez, y yo me haré
cargo directamente del trabajo de campo en el Séptimo Distrito de Ciudad Juárez
como diputado con licencia; al menos ya no sentiré que le miento a mis
electores y que sí respeto al suplente. Además, trabajo tengo: apoyar la
escuela de rescate de jóvenes en riesgo de pandillerismo; en la oficina de
atención del Distrito; como asesor de derechos humanos; en el programa de apoyo
a jóvenes artistas, y algunas tareas de seguridad.
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