Por Martín
Moreno.
La economía
nada sabe de encuestas de popularidad ni de frasecitas chabacanas. Se mide bajo
parámetros más profundos. A los inversionistas y capitales solamente les
interesa una condición: la certidumbre a su inversión. Y esa – hoy por hoy-, no
la está generando el Gobierno de López Obrador.
A casi 100
días del nuevo Gobierno, algunas señales son más que preocupantes:
La política
aldeana de AMLO: no asistir al Foro Económico Mundial de Davos fue un error
mayúsculo, al perder el nuevo Presidente mexicano una oportunidad de oro para
enviar al mundo el mensaje de que en México se combatirá, ahora sí, la
corrupción, y que será un país confiable para invertir. Era su presentación
mundial y generaba expectativa. Pero AMLO – un político con tintes estatistas
al estilo echeverrista y lopezportillista de los setentas – prefirió refugiarse
en la comodidad de la conferencia mañanera en lugar de posicionar al vapuleado
México en el prestigiado Foro. Lástima.
Y más
decisiones erróneas:
La
cancelación del NAIM Texcoco sigue pesando: esta semana se pagaron 34 mil
millones de pesos para liquidar la Fibra E, recursos que salieron de los
bolsillos de todos por una obra cancelada; su estrategia reprobada y rechazada
para revitalizar a Pemex y sacarlo del agujero en el que, efectivamente, lo
metieron los anteriores gobiernos, pero tarea en la cual la administración de
AMLO no ha sabido ni podido atender con eficacia; su abierto desprecio por los
indicadores financieros a la baja; su descalificación para con las
Calificadoras Internacionales (alguien debería decirle a AMLO que Standard &
Poor’s y Fitch Ratings se encargan de medir la confianza crediticia de países y
de empresas, más no de investigar o castigar la corrupción); la ausencia de un
plan nacional de fomento a la producción, inversión y generación de empleos; la
falta de apoyo a las pequeñas y medianas empresas pero, sobre todo, el desdén
de alto riesgo a todas las alertas emitidas por los indicadores financieros,
que están llevando al país a una suerte de aislamiento económico, donde el
Presidente piensa que gobernar consiste en regalar dinero.
Y sobre este
último punto, tenemos un problema mayor:
Qué bueno
que se apoya a los ancianos, a las madres solteras, a los ninis. Bien por ello.
Empero, el conflicto radica en que se está obsequiando dinero, pero no se está
generando dinero. Es como solventar los gastos familiares con una tarjeta de
crédito, y no liquidar mensualmente lo gastado. Llegará el momento en el que la
deuda se desborde y llegue la crisis económica. Es una película que hemos visto
varias veces.
“Vamos muy
bien…el país está creciendo. Estamos bien y de buenas. Como México no hay dos”,
dice AMLO en entrevista banquetera. Pero no ofrece cifras, estudios o
parámetros sólidos de su Gobierno. Tan solo frases chabacanas. El Secretario de
Hacienda y la de Economía no pesan ni informan. Intrascendentes. Muchas
palabras y poca información confiable.
Y en
economía, como en la vida, los espacios se llenan.
Sin filias
ni fobias, sin crucifixiones o fanatismos, echemos un vistazo a las cifras
contundentes, irrebatibles y preocupantes:
– S&P
baja la perspectiva de calificación a México. Pasa de estable a negativa.
– S&P
también reduce la perspectiva crediticia de Pemex, Comisión Federal de
Electricidad y de 77 instituciones financieras. Negativa. Preocupación por las
políticas energéticas del nuevo Gobierno.
– Se
confirma la desaceleración económica “y la recesión toca la puerta”,
diagnostica el portal Arena Pública dirigido por Samuel García, periodista
especializado y confiable en materia financiera, el pasado 26 de febrero.
–
Inversionistas comienzan a hacer líquido su dinero para poder sacarlo del país.
Se advierte de posible fuga de capitales ante representantes de Hacienda y de
Banxico, alerta el periodista Mario Maldonado en su columna del pasado lunes en
El Universal.
– En su
Informe Trimestral, el Banco de México estableció un crecimiento promedio para
México del 1.6 por ciento en 2019, menor, inclusive, al raquítico 2 por ciento
que registró el sexenio de Enrique Peña Nieto.
– En enero,
los ingresos públicos totales ascendieron a 447 mil 959 millones de pesos, un
monto 7.5 por ciento inferior al mismo mes del 2018, informó la Secretaría de
Hacienda. Es la reducción más fuerte de los últimos diez años.
– Ingresos
petroleros: – 52.3 por ciento.
– IVA: -12.3
por ciento.
– Empeora producción
de Pemex durante enero, al producir 1 millón 623 mil barriles de petróleo
diarios, un 15 por ciento menos respecto al mismo mes de 2018. Es la cifra más
baja desde 1990.
Allí están
las cifras. Preocupantes. Calificación crediticia negativa. Posible salida de
capitales. Recesión a la vista. Desplome tanto en los ingresos como en la
producción petrolera.
No las ven
quienes no las quieren ver.
“Los ajustes
sobre la perspectiva crediticia de México y Pemex por parte de Standard &
Poor’s y Fitch Ratings, alertan sobre la posibilidad de una baja en sus
calificaciones, lo que puede generar una salida de capitales y la depreciación
del tipo de cambio”, alerta la economista en jefe del Banco Base, Gabriela
Siller.
Allí están
prendidas las luces rojas sobre el tablero de la economía.
El dinero no
tiene patria ni palabra de honor.
Se aprieta
un botón, y los capitales se van.
¡Mucho
cuidado!
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