Raymundo
Riva Palacio.
René era un
niño el 19 de junio de 2016, cuando la Policía Federal, según la recomendación
de la CNDH dada a conocer al año siguiente, utilizó excesiva y letalmente la
fuerza en Nochixtlán, y cometió graves violaciones a los derechos humanos que
provocaron la muerte de siete personas y dejaron más de 500 lesionados, como
consecuencia del “pésimo” diseño, planeación y ejecución del operativo armado y
ordenado por el entonces responsable de ese cuerpo, Enrique Galindo, para
disolver un bloqueo carretero en protesta por la reforma educativa.
Los policías
federales entraron en Nochixtlán en domingo, día de plaza, y el repiqueteo de
las campanas alertó de la incursión. El padre de René, como muchas otras
personas que no participaban en la movilización de los maestros, vio amenazada
su comunidad y salieron a defenderla. La policía arremetió sin discriminación y
dispararon sus armas de alto calibre. Una bala impactó en la pierna del padre
de René, que fue rescatado por su hijo y sus dos hermanos. Los federales los
embistieron y jalaron por las calles a René, para coronar estrellándole sus
escudos en la pierna, rompiéndosela.
El padre de
René era cabeza de familia y se ganaba la vida realizando varios oficios en
Nochixtlán. Pero tras el disparo nunca volvió a quedar bien. El trabajo, que
requería de la fuerza de sus piernas y brazos, se vio mermado por sus
incapacidades físicas y la familia entró en una crisis. La economía familiar se
descompuso y la crisis económica se volvió profunda. René y sus hermanos
sintieron esa presión, y contra el deseo de sus padres llegaron a la Ciudad de
México hace no mucho tiempo, para trabajar y enviar el dinero de regreso a
Oaxaca.
De los tres,
René, el mayor, era quien más golpes recibió de los federales. Le aplicaron el
Protocolo de Estambul y en prácticamente todas las pruebas salió positivo. Lo
habían torturado. Fue uno de los sobrevivientes de Nochixtlán que fue
incorporado al Registro Nacional de Víctimas, pero nunca recibió, como sus
hermanos, ningún apoyo de contención, que es un apoyo emocional al cual tenían
derecho. En ese contexto se mudó con sus hermanos a la Ciudad de México y
encontraron un cuarto en donde vivir en la colonia Arenal, en la alcaldía
Venustiano Carranza.
El sábado
pasado, al mediodía, encontraron a René colgado en su cuarto. El hijo mayor de
la familia agredida en Nochixtlán se había suicidado. No dejó ninguna nota que
explicara su muerte. El domingo fue trasladado a su tierra oaxaqueña, donde
recibió sepelio. El suicidio de René no fue un caso aislado. Al menos tres
intentos de suicidio se han registrado desde la masacre de Nochixtlán entre los
sobrevivientes. No hay estudios aún sobre las razones por las que han llegado
al extremo de quitarse la vida algunos de quienes fueron reprimidos hace ya
casi tres años, pero ni ellos ni nadie de los agredidos por la Policía Federal,
sin que la indagatoria de los hechos les hubiera hecho justicia legal, han
visto resultados de la investigación.
La
investigación sobre lo que sucedió en Nochixtlán está detenida. “¿Qué sucedió
el domingo 19 de junio donde murieron cuando menos 11 civiles y a policías
federales les cortaron dedos a machetazos y terminaron con los pies heridos por
las bombas caseras que les explotaron?”, se preguntó en este espacio en octubre
de 2017. “Nadie tiene una explicación clara de la cadena de sucesos, y lo que
estaba informando el gobierno federal en voz del entonces comisionado de la
Policía Federal, Enrique Galindo, no tenía sentido. Decía que la Policía
Federal había recuperado la vialidad en Nochixtlán ‘sin ningún tipo de
incidente’, en una reconstrucción de hechos que insultaba la inteligencia de
los mexicanos”.
En aquél
entonces, Galindo refutó en privado que era falso lo escrito y que habían
actuado correctamente. Quince meses después, la Comisión Nacional de los
Derechos Humanos confirmó la hipótesis, descalificando a Galindo y al gobierno
federal. Pero no hubo mucho más. Las autoridades federales interrogaron a unos
dos mil policías y a más de 600 funcionarios. De las más de 50 víctimas en
Nochixtlán, sólo se entrevistó a 30.
El abuso y
la impunidad han acompañado lo que sucedió aquél domingo. Un policía que mató a
un joven de 18 años fue detenido, y menos de 48 horas después fue liberado sin
que haya una sola orden de aprehensión por ese crimen. Un anciano en Huitzo, a
unos 40 kilómetros de Nochixtlán, que no tuvo nada que ver con los bloqueos ni
estuvo en la refriega, fue detenido por policías federales que, además, le
deshicieron los testículos a patadas. Tampoco se castigó a los responsables de
este abuso.
La
documentación que hay sobre lo que sucedió en Nochixtlán es abundante. Hay
informes del Cisen que muestran la profunda infiltración del movimiento magisterial
y de las mesas de tomas de decisiones, que habrían permitido, con un trabajo de
inteligencia, evitar la masacre que cometieron los federales. Existen los
oficios en los hospitales que narran cómo los federales pidieron que no se
atendiera ni a civiles ni a maestros. Existen videos donde se muestra el uso y
abuso de la fuerza policial que fueron incorporados a la denuncia de las
víctimas de Nochixtlán, que no ha tenido seguimiento. Las peticiones para que
fueran interrogados Galindo y el entonces gobernador de Oaxaca, Gabino Cué,
jamás fueron atendidas.
Nochixtlán
es un caso de represión que dejó abierto el gobierno del presidente Enrique
Peña Nieto. Por tanto, es una oportunidad para el gobierno del presidente
Andrés Manuel López Obrador de hacer justicia para aquellos que ha prometido
defender.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.