Por Arturo
Rodríguez García.
Notas musicales de nacionalismo
revolucionario rebotan bajo un moderno toldo blanco. Al frente, Andrés Manuel
López Obrador encabeza su primera celebración como presidente de México, que es
la número 81 desde la expropiación petrolera, un tema que da origen al diseño
destacado de una de las figuras que semblantea la iconografía gubernamental:
Lázaro Cárdenas del Río.
Una banda
sinfónica interpreta La Marcha de Zacatecas, El Son de la Negra, Cocula,
Guadalajara… mientras la concentración multitudinaria desborda desde las 10:00
de la mañana, en los campos deportivos de la refinería de esta localidad. Sólo
cesa la música en vivo con la prolongada espera y al rescate entra el sonido
local. Programado para la 1:00 de la tarde, hay una hora de retraso.
La jornada es plena de invocaciones
al porfirismo entreguista, la decisión del general Cárdenas al expropiar, al
neoliberalismo –que en la narrativa presidencial hizo todo tan mal y al que
llama también “neoporfirismo” – es acto para el anuncio formal de la titular de
la secretaría de Energía (Sener), Rocío Nalhe:
Ya se entregaron las invitaciones a
las empresas que pueden quedarse con el contrato para construir la nueva
refinería en Dos Bocas, Tabasco. Fue para, en consorcio, la estadunidense
Bechtel con la italo-argentina Techint, y la australiana Worley Parsons con la
estadunidense Jacobs; en solitario, sin consorcio, van la estadunidense KBR y
la francesa Technip.
Les entregaron las invitaciones, sin
licitación de por medio, porque “hay malas experiencias”, dijo Nalhe temprano,
por lo que prefieren así, eligiendo a las que consideran mejores del mundo,
conforme a la ley recordó el presidente, insistente en la honestidad.
Nahle, Romero y López Obrador, en ese
orden de aparición, presentan sus planes sobre el sector energético, la forma
en que se reactivará la industria petrolera en exploración y extracción en
pozos, pero también en refinación y hasta un video se ocupa de presumir la
estrategia antihuachicol.
Con porras
constantes, batucada que marca el ritmo, el acto se desvive por López Obrador,
pero entre sus consignas hay varias que entre apoyo a la figura y el reclamo a
la corrupción sindical, se funden en coros indescifrables, que llevan por
separador auditivo, un silbato de mítin de antes.
La panorámica de la concentración y
el presídium tienen ausencias notables:
Esta vez no hay cascos blancos,
amarillos o rojos entre el gentío agrupado bajo el toldo ni en los contingentes
expuestos al sol; abundan las camisas blancas de pantalón beige, pero escasean
los overoles caqui que llevaban la marca Pemex en el pecho.
Sobre todo, no está el dirigente del sindicato
petrolero Carlos Romero Deschamps, recipiendario de los mensajes que en
pancartas le imputan corrupción, de las consignas que lo quieren fuera porque
en algunos momentos durante la espera y durante el evento, la multitud dirá
“Fuera Deschamps, fuera Deschamps”.
Y en efecto,
quedó fuera, pues muy a pesar de que
explícito pidió asistir, no fue invitado.
Ausente en persona y ausente en los
mensajes donde sólo se aborda el esfuerzo de los trabajadores petroleros en el
reconocimiento que el presidente López Obrador les hace por las malas
condiciones de las plantas en las que laboran, pero nunca en la alusión a la
relación obrero-patronal, que se signa en el sindicato que nadie mencionará.
Entre
mantas, tambores y silbatos, el acto es
atestiguado por el mandatario federal y su homólogo estatal, Omar Fayad; están
presentes, además de Nahle, los secretarios de Relaciones Exteriores, Marcelo
Ebrard; de Economía, Graciela Márquez; de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval;
de Desarrollo Rural, Héctor Villalobos, los líderes camerales Porfirio Muñoz
Ledo y Martí Batres Guadarrama; un par de senadores por Hidalgo y la presidente
municipal que esperan por más de media hora ya colocados en el presídium, la
llegada del presidente.
En tanto, se
suaviza el rugido grave de la tuba cuando debe interpretar el Danzón 2 de
Arturo Márquez y la acentúa en el Amor de Hombre convertida hoy en paso doble
que arranca aplausos, los mismos aplausos que se funden en la batucada que
impondrá su domino instantes después, como si fuera invocación, precursora del
ingreso presidencial al sitio abarrotado.
Con las notas del Huapango de
Moncayo, los contingentes campesinos reivindican la tierra, buscan el encuentro
con el mandatario federal para entregarle algún paquete de peticiones y a su
entrada, por el camino que marca una valla como las de campaña, en su
salutación a la multitud habrá de recoger, acompañante al lado, las numerosas
cartas y folders que esta vez, como en toda aparición pública, le habrán de
entregar.
Porras a López Obrador y porras a
Fayad, que a paso firme y rápido toma su lugar en el micrófono para disertar a
propósito de la expropiación petrolera en su calidad de gobernador anfitrión.
El sector más ruidoso de la concentración,
que es el de la batucada, mantiene constante su ovación al mandatario estatal,
acallando así los escasos silbidos y abucheos que le dispensa en dispersión
algún otro sector de la concurrencia.
Fayad se desgañita en el clímax de su
discurso, pero apenas si consigue la reacción de los de la batucada, en
sobreactuada inspiración oratoria en la que expresa apoyo al presidente López
Obrador.
Como cosa
adrede, mientras un video explica la
estrategia contra el llamado huachicol, así como los resultados cada vez más
eficientes, siempre según la cifra oficial, un aroma a hidrocarburo pasa en
vetiscas por donde transcurre el evento. Curiosamente cesa al iniciar el
informe de Octavio Romero, el director de Pemex que por la mañana presentó lo
mismo.
El mensaje de Romero habla de una
mayor inversión y aprovecha para repasar a las calificadoras que en años
previos mejorar las notas a Pemex desinvertido; expone datos de la caída de la
producción e informa de 16 nuevos campos en aguas someras; cuatro campos en
tierra, enorme infraestructura con la que se propone, conforme al plan sexenal,
conseguir un incremento significativo en la producción.
Ante los
empleados administrativos presentes, los despedidos de Pemex en protesta y los
campesinos que recuerdan el reparto agrario, López Obrador convoca a los trabajadores a rescatar a Pemex; insiste en
que 36 años de política neoliberal se propuso destruir a la petrolera (y
también a la CFE), pero que no lo lograron y el pueblo, “dio a la voz de alarma
el 1 de julio”.
Las promesas se mantienen: no se
cancelarán contratos en el sector energético; se logrará autosuficiencia de
gasolinas; se incrementará la producción y se rehabilitarán las seis
refinerías.
El acto
llega a su fin, ya sin música, sólo con contingentes dispersos que intentan
acercarse al camino presidencial que sale por el lado trasero del toldo, bajo
la custodia de su ayudantía y sin contratiempos, abandona el lugar.
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