Si bien es
cierto 2009 fue el parteaguas para que la deuda de Petróleos Mexicanos (Pemex)
se disparara, el 2016 es clave en la
emisión de deuda de la petrolera pues se trata del año en el que se registró el
mayor endeudamiento, luego de que la empresa anunciara un “plan de rescate”.
De acuerdo
con datos de Bloomberg la deuda de la
petrolera asciende a 95 mil 609 millones de dólares (mdd) misma que se realizó
a través de 130 emisiones, de las cuales 121 sucedieron en los últimos 10 años
y de éstas el 23 por ciento se concentró en el 2016, luego de que José Antonio
González Anaya, el entonces director de la empresa productiva del Estado,
implementara un plan de rescate que consistió en inyectar 4 mil 200 millones de
dólares y contratar más deuda.
Emilio
Lozoya dejó la dirección general de la
empresa en 2016, año en el que Pemex vivía uno de los peores momentos de su
historia, con una producción en franco declive, una caída histórica en los
precios de crudo y una refinación que iba en picada. Lozoya estuvo al frente de
la petrolera desde 2012 y durante sus tres años como director realizó 37
emisiones de deuda. En su lugar llegó González Anaya, quien -dadas las
condiciones en las que recibió a Pemex- tenía la misión de poner orden a las
finanzas de la empresa en medio de su mayor crisis y antes de que se fuera a la
quiebra.
Ese año la mezcla mexicana rompió el
piso de los 20 dólares por barril, pues en enero se ubicó en un precio de 18.90
dólares nivel que no se veía del 2002. A Pemex le costaba más producir un
barril de crudo de lo que obtenía al venderlo. Fue también el 2016 el año en el
que las agencias calificadoras Moody’s, Fitch Ratings y Standar&Poor’s
revisaron la perspectiva de la calificación soberana de México desde estable a
negativa, calificación que siempre ha estado vinculada a la petrolera.
Frente a ese
complejo escenario González Anaya
implementó un plan de negocios que incluía austeridad, inyectar recursos y dar
un respiro fiscal a la empresa para que los inversionistas compraran bonos de
deuda
y lo consiguió.
De acuerdo con
Gonzalo Monroy, especialista en temas energéticos y director de la Consultoría
GMEC, el plan de rescate lanzado por
González Anaya revela elementos muy sutiles y dan cuenta de la perspectiva
financiera de Pemex, “todo lo que se ha llamado rescate es básicamente para
mejorar la rentabilidad de la empresa”, lo cual les permitió endeudarse más.
MUCHA DEUDA,
POCOS RESULTADOS.
Desde el
2004, después de alcanzar su pico,
Petróleos Mexicanos (Pemex) comenzó a registrar una baja en la producción de
crudo, pero en el 2009 los problemas se agudizaron y la emisión de deuda
comenzó a incrementarse potencialmente. Sin embargo, pese al gran endeudamiento
los resultados han sido malos y hoy representa un riesgo para México.
“Hay un gran endeudamiento y malos
resultados. Hay muy poco que mostrar a lo largo y ancho de la cadena de
producción de la petrolera, no ha habido mucho en materia de inversión y
exploración, hay que ponerle la lupa porque Pemex, pese al endeudamiento, nos
ha quedado mucho a deber. Esa es la mayor crítica que se le puede hacer”, comentó Monroy.
Una razón que explica el abultado
endeudamiento de la empresa apunta a la gran cantidad de impuestos que por ley
debe pagar una gran cantidad de impuestos al gobierno.
La petrolera
“se ha enfocado durante mucho tiempo en
producir la mayor cantidad de hidrocarburos como puede sin importar el valor
que cada hidrocarburo puede generar, se ha centrado en producir tanto petróleo
como sea posible sin importar que tan rentable sea eso, y no necesariamente es
lo mejor para una petrolera de ese tamaño”, asegura Para Pablo Medina,
vicepresidente de la consultora Wellingence Energy.
Pablo
Zárate, director de la publicación Pulso Energético, dijo que el endeudamiento de Pemex responde a la decisión de tratar de
detener la caída en la producción, en ese sentido la deuda está justificada,
pero el problema fue que los recursos no se destinaron a los mejores campos, lo
cual se debe a la estructura de Pemex que no se pudo ajustar rápidamente como
lo hicieron otras petroleras.
LOS LASTRES
DE PEMEX.
En los últimos años la empresa
productiva del Estado ha enfrentado serias dificultades: una fuerte contracción
de los precios internacionales del petróleo, que pasaron en poco tiempo de casi
100 a 30 dólares por barril -lo que impactó severamente sus finanzas-, una
caída en las reservas petroleras, las cuales en el 2012 eran de 43 mil 837
millones de barriles de crudo mientras que en 2018 eran de 21 mil 089 millones
de barriles, pero también ha cargado con subsidiarias, filiales y un sindicato
que han contribuido a su debacle.
“El dinero siempre ha estado ahí, el
problema está más bien en el gasto, no hay manera de que el gobierno le pudiera
dar todo a Pemex por la parte de presupuesto”, refirió Monroy.
Por su parte
Medina dijo que la deuda de Pemex es una
bola de nieve que para reducir su tamaño requiere tener un plan de negocios que
priorice la generación de valor, es decir, actividades que sean rentables y a
la vez deshacerse de los activos que no le dejen ganancias.
Pemex cuenta con 10 empresas filiales
que operan en opacidad y de las cuales no existe una justificación sobre su
existencia, mientras que el Sindicato de Trabajadores Petroleros de la
República Mexicana (STPRM), liderado por el ex Senador del PRI Carlos Romero
Deschamps, se ha convertido en una carga para las finanzas de la petrolera,
pues ha generado enormes pasivos laborales que hoy ascienden a ascienden a
179,558 millones de dólares.
“El día que veamos un cambio de fondo
en Pemex va a ser el día en que el sindicato se ponga en orden”, sentenció Medina.
El especialista
aseguró que el sindicato es una gran
fuente de ineficiencia y de corrupción que sería muy importante arreglar porque
si no “se sigue repitiendo el mismo cuento de siempre”.
Los
especialistas coincidieron en que el
plan de rescate a Pemex implementado por AMLO es adecuado pero que no se está
haciendo nada para atacar parte de los problemas neurálgicos de la empresa,
pues a pesar de que López Obrador ha señalado la corrupción como el meollo del
asunto no está haciendo nada que combata dicho problema al interior de la
petrolera.
“En diciembre cuando se hizo el plan
de producción de Pemex se eligieron a los mismos contratistas de siempre, esos
que inflan costos, que venden servicios que el proyecto no necesita. Esas
prácticas no han sido erradicadas, es parte de la misma ecuación de perder
dinero a raudales y que no han corregido en lo absoluto”, aseveró Monroy.
PEMEX Y LAS
CALIFICADORAS.
¿Por qué
nuevamente las calificadoras han puesto los ojos en Pemex? La mala situación
financiera de Pemex data de por lo menos 10 años atrás, pero desde finales del
2018 las calificadoras de riesgo han puesto los ojos en ella, es así que Fitch
Ratings decidió bajar su calificación, mientras que Standard &Poor’s cambió
su perspectiva de estable a negativa y Moody’s podría seguir su ejemplo durante
el segundo semestre del año.
“Las
calificadoras están dando un aviso y les darán alrededor de 18 meses para que
el gobierno cambie de curso, si eso no sucede entonces sí vendrá una baja en la
calificación con todas las presiones financieras que eso implique”, advirtió
Monroy.
Las alertas
emitidas por las calificadoras se deben principalmente por la cancelación de
los farmouts (asociaciones público-privadas para explotación de campos
petroleros) y los planes de construir una refinería en Dos Bocas, Tabasco para
la que se necesita mucho dinero y mucho petróleo que no se está produciendo.
Sin la
participación de la iniciativa privada será difícil alcanzar la meta de
producción del gobierno, advierte Medina. La administración lopezobradorista se
ha planteado que Pemex produzca 2.6 millones de barriles diarios (mbd). Al
terminar 2018 la petrolera producía 1.9 mbd, con un portafolio de inversiones
concentrado en aguas someras que han dejado de ser rentables, mientras que las
jugosas aguas profundas requieren de inversiones millonarias para las que la
petrolera no tiene dinero ni tecnología.
Detalló que por cada peso que las empresas
privadas obtienen de la extracción de crudo en campos mexicanos pagan 80
centavos de impuestos. “Es un gran negocio para el gobierno porque no está
arriesgando, pero sin los privados no podrá hacerlo”, remató.

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