Por Adela
Navarro Bello.
En las guarderías del Instituto
Mexicano del Seguro Social en el año 2018 se atendió un promedio de 194 mil 94
niños de manera mensual. A los trabajadores que cuentan con esa seguridad
social al tener un empleo en la formalidad, se les cubre el cien por ciento del
pago de guardería para sus hijos.
El trámite
lo realiza enteramente el trabajador para ser beneficiario del mismo; entre los requisitos aparte de contar por
supuesto con seguro social, está el hecho que la guardería se ubique en las
inmediaciones de la residencia de quien la utilizará, y a los niños se les
cuida e instruye desde meses de nacidos y hasta los cuatro años.
Pero en México son más los
trabajadores en la informalidad, y que por lo tanto no pueden gozar de la
seguridad social de utilizar una guardería para dejar a sus hijos mientras
trabajan.
De 54.2
millones de personas ocupadas en el país, el
56.6 por trabaja en la informalidad, es decir unos 30.7 millones de mexicanos
no tienen acceso a la seguridad social, contra 23.5 millones que sí gozan de
ese beneficio al tener un empleo formal, esto de acuerdo a la Encuesta Nacional
de Ocupación y Empleo del INEGI, respecto al último trimestre de 2018.
De esa mayor parte de la población
ocupada que se desarrolla en la informalidad, es donde tienen origen aquellos
beneficiarios del programa de estancias infantiles de la ahora Secretaría de
Bienestar antes Sedesol. Es de suponerse que una parte de esos empleos
informales sean de remuneración suficiente para poder cubrir todas las
necesidades del trabajador y su familia, entre estas los cuidados de los hijos
en instituciones privadas o en el hogar a cargo de uno de los padres o un
familiar, o en el hogar a cargo de personal contratado para ello.
Pero aquellos trabajadores de
sectores como el agropecuario donde el empleo resulta informal por ser
temporal, o las trabajadoras del hogar, o los autoempleados, o los
comerciantes, quienes realizan a título personal un oficio, y sus ingresos son
limitados, cuentan con el programa de estancias infantiles para dejar a sus
hijos a buen cuidado durante un tiempo de su jornada laboral.
De acuerdo a
las cifras de la Secretaría de Bienestar, en
2018 hubo 360 mil niños registrados en el programa de estancias infantiles, lo
cual significa que “atendieron” a 166 mil niños más que en el Seguro Social,
cuyo presupuesto para ello fue de 8 mil 181 millones 641 mil 981 pesos. El
mismo año, y para atender a esos 360 mil infantes de hasta cuatro años, en la
Sedesol se presupuestaron poco más de 4 mil millones de pesos.
El
Presidente Andrés Manuel López Obrador
anunció a mediados de febrero de 2019 que dicho presupuesto sería reducido a la
mitad, poco más de 2 mil millones de pesos para estancias infantiles, de hecho
complementó diciendo que ese programa quedaría cancelado, dado los actos de
corrupción que han detectado en el mismo.
Una vez más el Presidente estuvo en
la polémica al decidir, sin proporcionar mayor información sobre los actos de
corrupción, que no más estancias. En su lugar dijo, daría el dinero a los
padres de familia para que estos lo administraran de manera que mejor les
conviniera, incluso pagando a la abuela para que se hiciera cargo del cuidado
de los nietos mientras los padres están trabajando.
La realidad
no es tan sencilla.
Ciertamente se han detectado casos de
corrupción en el programa de estancias infantiles de la ahora Secretaría de
Bienestar, como se han encontrado actos de corrupción en otros programas de lo
que fue Sedesol, pero al igual que los primeros, permanecen en la impunidad.
La dinámica de las estancias
infantiles es muy diferente a las guarderías del IMSS. En las estancias por
ejemplo no se cubre el cien por ciento de la cuota por cuidado de los niños,
sino el 50 por ciento, unos 900 pesos al mes (ahora el Presidente López Obrador
propone pagar 800 pesos al mes), el resto del pago saldría del bolso del
beneficiario del programa.
Pero ojo, en lugar que el beneficiario del programa
de estancias infantiles hiciera el trámite ante la Sedesol, eran las estancias
las encargadas de ese proceso. Es decir, desde la estancia se acudía a la
Sedesol para entregar los requisitos y ser beneficiada con el pago por el
cuidado de un niño más.
En el actual censo que se realiza en
la ex Sedesol sobre los beneficiarios de los programas sociales, se ha
encontrado que aproximadamente un 35 por ciento de los niños registrados en las
estancias infantiles, no existían. Esto significa que durante el sexenio de
Enrique Peña Nieto, en una secretaría que titularon tanto el ex candidato
presidencial, José Antonio Meade como Rosario Robles, se pagó por el cuidado de
niños que no existieron o que no tomaron el beneficio. Que en el censo actual
fueron catalogados como niños fantasma, niños inexistentes o niños que existían
pero no utilizaban el servicio. Sin embargo, en las estancias seguían cobrando
a Sedesol por el cuidado de esos niños.
Además, de acuerdo a las declaraciones del
Presidente, el programa se canceló porque no se daba cobertura a la población
necesitada, la asignación de estancias para beneficiarse del programa
gubernamental se hacía de manera arbitraria con criterios laxos y débiles
controles sobre la supervisión de los recursos asignados así como de las
instalaciones y los niños beneficiados. Además, se entregaban concesiones a
estancias a criterio de funcionarios e incluso, entre estancias formalmente
establecidas, existen aquellas que fueron creadas por cercanos a las oficinas
de Gobierno para beneficiarse de los programas que manejaban.
El censo sobre el estatus de los 360
mil niños registrados en el programa de estancias infantiles de Bienestar no ha
concluido en México, el primer estado en terminar con esa labor fue Baja
California y debido a la poca participación que en ese programa tenían, pues
únicamente mil 195 niños estaban registrados de los cuales al finalizar la
auscultación, se dio cuenta que 418 registros eran fraudulentos, que las
estancias cobraran por esos registros pero no había niños presentándose.
Los fraudes, los actos de corrupción,
las estafas, los desvíos y los abusos que han sido detectados en algunas
secretarías, particularmente en la que fue Sedesol y hoy es Bienestar, no están
siendo debidamente investigados, ni procesados. No hay culpables siendo
investigados hasta el momento.
Pero mientras la corrupción no se
castiga, lo que sí se reprime son los programas de Gobierno. Especial este caso
de estancias infantiles donde muchas familias, mujeres solteras, hombres,
requieren del mismo para tener horas enteramente dedicadas al trabajo, aún
informal, mientras el niño o los niños están en los cuidados de una de estas
casas.
A ver, estas estancias son en
realidad guarderías, negocios privados que prestan sus servicios a particulares
y que se sumaron a los proyectos gubernamentales, quizá con la intensión de
tener un ingreso “seguro”, en muchos casos, porque claro que existen aquellos
de corrupción, de estancias creadas por funcionarios para sacar dinero del
presupuesto, o redes de negocios promovidas por ellos mismos.
El Presidente López Obrador castiga
los proyectos pero aún no castiga la corrupción del sexenio pasado.
Aún sin señalarlo como responsable,
pero sí como supervisor, el director general de políticas sociales del programa
de estancias infantiles para apoyar a madres trabajadoras de lo que fue la
Sedesol, tomó posesión del cargo en julio de 2018, cuando ya había ganado la
elección López Obrador, y se mantiene en esa posición. Lo mismo sucede en la
mayoría de los estados, sin embargo, no se han deslindado responsabilidades
sobre los culpables del fraude en la aplicación de los programas como este de
las estancias infantiles, que para una parte de la población es de extrema
necesidad y que será cancelado debido a los errores y abusos de funcionarios y
ex funcionarios.
Por el momento el programa está
detenido, no se acepta ni un registro de niño más hasta que no se concluya el
censo para determinar cuántos de esos registros son reales y cuántos son
producto de una estafa al programa social.
Pero una vez activado el programa, ya
no con asignación de estancia sino con entrega de dinero, este ha disminuido en
comparación con lo entregado en 2018. Si antes se entregaban 950 pesos al mes
por niño a la estancia, con AMLO se aportarán 800 pesos al mes acumulados
bimestralmente en mil 600, por niños de meses de nacidos a tres años, la misma
cantidad para niños indígenas pero con cuidados hasta los cuatro años.
Anteriormente se pagaba a la estancia mil 800 mensuales por la atención a niños
con algún tipo de discapacidad, y en este gobierno ese beneficio será de 3 mil
600 pesos cada dos meses.
Definitivamente
los padres que trabajan en la
informalidad y que requieren de ese programa, batallarán un poco, tanto para
adherirse al programa como para completar el resto para el pago de la
guardería, especialmente aquellos que viven en zonas de turismo o migración,
como Cancún o Tijuana, donde los abuelos residen en otros estados. O los que se
desempeñan en el sector agrícola y que suelen viajar con sus hijos para
trabajar donde haya empleo y oportunidad. De igual manera algunas de las
estancias sobrevivirán porque no todas fueron creadas enteramente para vivir
del recurso de la Sedesol.
El problema al final del día es no
castigar la corrupción, y sí eliminar programas y proyectos de beneficio para
muchos, en este caso para más de 230 mil niños que –de acuerdo a la proyección
del resultado del censo que se realiza en Bienestar- estaban registrados en una
estancia infantil, y cuyos padres ahora deberán buscar nuevos espacios para
dejarlos en cuidados mientras trabajan.
Solo en este ejemplo y en caso de
comprobarse la proyección en la cual resultaría que el 35 por ciento de los
registros son inexistentes, estaríamos hablando de 126 mil registros de niños
fantasma, inexistentes o que no tomaron el servicio, pero por los cuales el
Gobierno federal erogó, cada mes y considerando el mínimo de 950 pesos por
niño, 119 millones 700 mil de pesos a estancias que cobraron sin otorgar los
cuidados pactados, unos mil 400 millones de pesos al año.
El programa
pues no es malo, es en todo caso necesario para quienes se desempeñan en la
informalidad, pero las estancias infantiles como muchos otros programas del
gobierno, fueron corrompidas en el sexenio de Peña Nieto, en cuyo caso la
corrupción sigue impune.
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