Javier Risco.
En 2012,
Carmen tomó un taxi saliendo del metro Juanacatlán con dirección a la colonia
Cuauhtémoc, cerca de la calle Sullivan. Eran las 10 de la noche y no se había
fijado en las placas del auto. No tenía. Lo notó seis horas después, cuando el
chofer que le hizo la parada la liberó después de tenerla secuestrada toda la
noche y obligarla a vaciar dos tarjetas de crédito, su tarjeta de nómina y
quitarle hasta los zapatos. No denunció.
En 2016,
Adán y Cinthia salieron de la Polar, cerca de Plaza Galería de las Estrellas, y
abordaron un taxi, pasadas las 2 am. Ambos habían tomado mezcal y cerveza y no
recuerdan haber visto con claridad al chofer que los llevó, pero tres minutos
después de abordarlo un tipo más se subió al Tsuru blanco con rosa y amenazó
con dañar a la joven si no les daban todo el dinero del que pudieran disponer
rápido. Ellos los llevaron al departamento de él y además del efectivo que
retiraron de las tarjetas, se llevaron dos pantallas, un horno de microondas y
una consola de videojuegos. Los golpearon a ambos, pero los liberaron cinco
horas después. No denunciaron.
Es 2019 y en la Ciudad de México la
cifra por secuestros exprés ya suma 9 casos denunciados cada día. Nueve. 270 en
promedio al mes. Casi 3 mil en un año. ¿En serio no nos da terror el cálculo?
Esta semana,
en el diario Reforma, la reportera Cristina Hernández publicó un texto de
terror: ‘Plagian en CDMX… a todas horas’. Su nota hablaba precisamente de esta
estadística: nueve víctimas de secuestro exprés cada día. Sólo entre que ella
publicó eso y yo escribí esta columna, 18 personas en promedio sufrieron una
escena similar a la de Adán o Carmen, de cuyos casos me enteré por amigos en
común durante estos años: sí en la CDMX ya casi todos tenemos algún conocido
que forma parte de la estadística delictiva.
Pero el panorama es mucho más grave:
de acuerdo con la ENVIPE 2018, que genera el INEGI, el secuestro tiene una
cifra negra del 94.1 por ciento. Es decir, de cada 100 que lo viven sólo seis lo
denuncian. Los casos de los que sé están en ese universo.
Pero ya no son sólo los números los
que nos sorprenden, sino el modus operandi y la especialización. De acuerdo con
Hernández, no sólo no hay una hora en específico en que los secuestros ocurran
con mayor frecuencia, lo que podría proporcionar un patrón que ayude a la
procuradora a generar una estrategia de contención, sino que además,
dependiendo el horario es el perfil de la víctima.
“De 6 a 9 de la mañana las víctimas
son mujeres jóvenes; de las 10 a las 12 del día, personas de la tercera edad
que salen a hacer los cobros de sus pensiones y trámites en de bancos. De 2 a 4
de la tarde los blancos son personas jóvenes, hombres o mujeres, que toman taxi
para ir a una comida y no llevarse su coche.
“Por la tarde-noche, entre las seis y
las nueve, los delincuentes optan por personas adultas que salen de sus
trabajos y se dirigen a sus hogares. De 10 a 1 o 2 de la mañana son personas
adultas que o salen tarde del trabajo o andan de farra y les toca la mala
fortuna de un secuestro exprés”, le explicó un especialista a la reportera.
Las carpetas de investigación de la
Procuraduría local ponen en la cabeza de la lista a las alcaldías de Álvaro
Obregón, Azcapotzalco y Cuauhtémoc como las de mayor incidencia.
Y aunque ahora, con el portal de
datos abiertos de la nueva administración capitalina, ya podemos ver los
delitos que se cometen y se denuncian calle por calle de esta ciudad, en los
casi 100 días de gobierno lo que nos ha faltado es oír la estrategia concreta
que Claudia Sheinbaum va aplicar para regresarle a la CDMX un poco de esa
tranquilidad que la desastrosa administración mancerista nos heredó. ¿Ya es
hora de pasar de los anuncios en conferencias de prensa a hechos concretos, no?
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