El 5 de enero de
2017, en medio de las protestas por el alza en el precio de las gasolinas, las
autoridades de Veracruz informaron que el saldo de los disturbios registrados
hasta ese momento era de dos personas muertas. Se trataba de dos turistas del
estado de Oaxaca, que fueron acribillados con balas de uso exclusivo de las
Fuerzas Armadas.
Lo que no informaron
las autoridades estatales fue que, al momento de ser asesinados, esos dos
turistas estaban acompañados de otros tres jóvenes, también turistas de Oaxaca,
cuyo paradero se ignora hasta la fecha.
“La familia Ramírez es originaria de Huajuapan de León,
Oaxaca –explica el abogado Homero Pérez Aquino–, y se trasladó a Veracruz para
vacacionar y pasar el fin de año en la playa de Costa Esmeralda. Iban, en dos
camionetas, el papá y la mamá, que ya son mayores; los cuatro hijos adultos,
con sus esposas; y un primo”.
Tras pasar tres días
en la playa, la familia Ramírez viajó al Puerto de Veracruz y ahí se hospedó en
un hotel, con el plan de descansar dos días más y luego regresar a Oaxaca.
Fue así que el día 5 de enero, ya que tenían preparadas sus
maletas para iniciar el retorno a su hogar, todos los integrantes de la familia
del sexo masculino, excepto el papá, abordaron uno de los vehículos en los que
se trasladaban y se dirigieron a una gasolinería para llenar el tanque y para
verificar qué carreteras estaban libres de bloqueos, por el gasolinazo.
“La última llamada
con los muchachos fue a las 16:20 horas –explica el abogado de la familia–.
Ellos le informan a su papá que ya cargaron gasolina y que ya van de regreso al
hotel, que se alisten para nada más subir las maletas e irse. Pero luego de eso
pasó una hora y nada, y luego una hora y media…”
Fue alrededor de las
18:00 horas que la familia Ramírez detectó una fotografía que circulaba en
redes sociales, en la que aparecía el cadáver de uno de los cinco muchachos
cuya vuelta aguardaban.
Además del cuerpo sin vida, en dicha fotografía se aprecia una patrulla de la Policía Naval del
Puerto de Veracruz (apéndice de la Secretaría de Marina, que ejerce labores
policiales en el estado); la imagen también muestra a elementos de esta
corporación parados junto a la camioneta Escalade blanca en la que se
transportaban las víctimas.
A pesar de esta
evidencia fotográfica, desde el día de los hechos y hasta la fecha, las
autoridades en Veracruz niegan tener alguna relación con el ataque que sufrió
este grupo de turistas frente a la gasolinería Las Palmas de la colonia El
Coyol, ni con la desaparición de tres de ellos.
Imagen que circuló en redes sociales el 5 de enero de 2017,
a partir de las 18:00 horas, que muestra
el cadáver de uno de los turistas oaxaqueños en primer plano, y en el fondo a
un elemento de la Policía Naval de Veracruz, que custodia a otro de los
turistas atacados (de cuclillas), quien en la actualidad está en calidad de
víctima de desaparición forzada.
Encubrimiento.
Este 2 de marzo de
2017 (es decir, casi dos meses después del ataque a este grupo de turistas), el
gobernador de Veracruz, Miguel Ángel Yunes, emitió un mensaje a medios, para
declararse “absolutamente seguro de que ni en este tema, ni en ningún otro, la
Marina tiene alguna participación”.
El gobernador panista aseguró que “pregunté al fiscal (…) si
había algún elemento que vinculara a la Marina Armada de México, a la
institución o a alguno de sus miembros, en estos hechos, y la respuesta del fiscal es contundente: de todas las diligencias
practicadas, no hay ningún indicio que señale algún tipo de participación de la
Marina Armada de México en estos temas tan lamentables”.
Sin embargo, lo dicho
por Yunes, y por su fiscal, era mentira: el 1 de febrero de 2017, los peritajes
realizados por el Ministerio Público confirmaron que autoridades de la
Coordinación General de la Policía Intermunicipal (conocida como Policía Naval
y encabezada por la Secretaría de Marina) falsificaron documentos oficiales,
para encubrir la participación de sus elementos en el ataque a esta familia de
turistas, tal como denunciaron los padres de las víctimas, a través de su
representante legal.
“El 5 de enero, cuando la familia Ramírez vio en redes
sociales la foto en donde está el cadáver de Hugo Alberto (uno de los dos
jóvenes asesinados), se trasladaron al lugar de los hechos, que está en el
centro de Veracruz, frente a la gasolinería Las Palmas –narra el abogado de la
familia–. Pero al llegar, las
autoridades no les permiten acercarse. Sin embargo, los testigos presenciales
les informan que la Marina se llevó a los otros tres muchachos, y también la
camioneta en la que viajaban”.
Por estos hechos, los
padres y esposas de las víctimas presentaron denuncia formal contra quien
resultase responsable, por los delitos de homicidio, desaparición forzada y
robo de auto.
“Fuimos a varias
dependencias a preguntar por los muchachos y por el vehículo –explica el
abogado Pérez Aquino–, y en la dirección de Tránsito (subordinada a la
estructura policiaca que coordina la Marina) nos atendió un oficial llamado
Francisco Landa López, que nos informó que no sabían ahí nada de la camioneta,
pero nos facilitó una lista de corralones, escrita de su puño y letra, para que
fuéramos a buscar el vehículo”, lo cual hizo la familia, sin éxito.
No fue sino hasta el
22 de enero (17 días después del ataque) que la familia Ramírez recibió
noticias por parte del gobierno de Veracruz: la camioneta estaba en el corralón
de Tránsito, al que había ingresado, oficialmente, desde el 14 de enero, es
decir, desde antes de que la familia fuera a preguntar y se les negara la
información.
Según la versión oficial de la dirección de Tránsito, la camioneta Escalade blanca en la que
fueron atacados los cinco integrantes de la familia Ramírez estuvo abandonada,
entre el 5 y el 14 de enero, a 2.5 kilómetros del lugar del ataque, aún dentro
de la colonia El Coyol.
La versión de este cuerpo de policía, subordinado a la
Marina, sostiene que la camioneta fue encontrada por el oficial Francisco Javier
Linares Chagala, quien levantó una multa por abandono de vehículo, y luego lo
trasladó al corralón.
Dicha versión, sin
embargo, resultó no sólo falsa, sino fabricada a partir de documentación
oficial alterada por las misma Policía Naval.
Levi Ramírez, otro de los desaparecidos tras el ataque de
los policías de la Marina en Veracruz.
“Cuando le notifican a la familia que ya fue hallada la
camioneta, y que deben pagar la multa, acudimos a Veracruz para realizar ese
trámite –narra el abogado Pérez Aquino–. Y ya de vuelta en Oaxaca, por una casualidad, pusimos la boleta de
multa supuestamente escrita por el oficial Linares Chagala, junto a la lista de
corralones que antes nos había redactado el oficial Francisco Landa López. Y
entonces vino la sorpresa: descubrimos que ambos documentos estaban escritos
exactamente con la misma letra”.
Notificada sobre esta peculiaridad, la Fiscalía General del Estado de Veracruz realizó un peritaje en
grafoscopía a ambos documentos, y concluyó que la boleta de remisión del
vehículo no había sido realmente escrita por el agente de tránsito Javier
Linares Chagala, sino por Francisco Landa López.
De hecho, el mismo
agente de tránsito Javier Linares Chagala señaló, en declaración ministerial,
que si bien la boleta de multa pertenecía al paquete bajo su resguardo, dicha
multa no fue redactada por él.
El agente de tránsito
aclaró que para el día y hora en que supuestamente se levantó dicha multa, él
ya había concluido su turno laboral, lo cual fue corroborado con los registros
de personal. Por eso mismo, negó tajantemente haber encontrado la camioneta
Escalade blanca abandonada y negó haberla trasladado al corralón.
“Aquí no aparece mi
firma –señaló el agente, al rendir declaración ministerial, en referencia a
la boleta falsificada–. La letra que
tiene el folio de infracción no es la mía, por lo que desconozco totalmente la
puesta a disposición de esta camioneta y manifiesto que yo no realicé el
aseguramiento de la unidad mencionada”.
Peor aún: el
Ministerio Público habló con los vecinos de la zona en la que supuestamente
pasó esta camioneta nueve días abandonada, y confirmó, con base en sus
testimonios, que dicho vehículo nunca estuvo en esa zona.
Es decir, esta
camioneta se desvaneció del lugar en el que fueron atacados los cinco
integrantes de la familia Ramírez el 5 de enero, y 17 días después apareció en
un corralón de la Policía Naval, de la Secretaría de Marina, acompañada de
documentación oficial falsificada.
Aun así, un mes
después de que estos peritajes oficiales confirmaron una actuación irregular de
la Policía Naval en relación con el ataque a la familia Ramirez, el pasado 2 de
marzo, el gobernador Yunes salió en defensa de la Marina y negó que hubiera
elementos para sospechar de dicha dependencia federal.
Los muchachos.
Frente a la gasolinería Las Palmas de la colonia El Coyol,
en el centro de Veracruz, el 5 de enero pasado quedaron tendidos los cuerpos de
Hugo Alberto y Uriel.
Los dos presentaban
heridas por arma de fuego. Las ojivas recuperadas por el Ministerio Público
estatal permitieron determinar que uno de ellos fue alcanzado por una bala
calibre .45, y el otro por una bala calibre .223, es decir, munición para
armamento ligero y para rifles automáticos de asalto, respectivamente, en ambos
casos de uso exclusivo de las Fuerzas Armadas.
Éste es, de hecho,
otro indicio que apunta hacia la participación de la Marina en el ataque a la
familia de turistas, ocultado por el gobernador Yunes en su conferencia del 2
de marzo.
Aún se busca a los
hermanos Jaciel y Levi Ramírez Ramírez, así como a su primo Armando Ramírez
Bravo, a quienes se tiene en calidad de víctimas de desaparición forzada.
En la imagen que se
difundió a través de redes sociales el pasado 5 de enero, que muestra el
cadáver de Hugo Alberto, también es posible distinguir, aunque con poca
nitidez, que al fondo de la fotografía está un elemento de la marina de pie,
apuntando su arma larga hacia la camioneta Escalade blanca de las víctimas, y
en el suelo, de cuclillas, a uno de los jóvenes que hoy se encuentran
desaparecidos. Yunes también ocultó esta evidencia, en su mensaje a medios.
Jaciel Ramírez, estudiante de preparatoria, desaparecido
también en Veracruz.
El pasado 9 de
febrero, la familia Ramírez recibió una llamada anónima, proveniente de un
número con clave regional de Veracruz.
“La persona que
llamó, nos informó que a los muchachos los había ‘levantado’ la Marina, en un
operativo dirigido por el teniente de corbeta Gabriel Andrade Arana. Nos
informaron también que a los muchachos los llevaron a una casa de seguridad, de
la que nos proporcionaron la dirección”, narra el abogado de la familia.
Esta información fue proporcionada tanto al Ministerio
Público estatal, como a la Procuraduría General de la República, sin embargo, “nadie hizo nada, no fueron a
esta casa de seguridad, ni investigaron. Lo único que hicieron fue confirmar
que el teniente de corbeta Gabriel Andrade Arana sí forma parte de la Marina, y
sí está destacamentado en Veracruz”, concluye el abogado.
“Nosotros somos una familia trabajadora –señala la señora
Carolina, mamá de los muchachos atacados–. Tenemos una carnicería en Huajuapan,
somos tablajeros, nos paramos a las 6 y nos dormimos a las 11 de la noche,
trabajando todo el día… tenemos la costumbre de trabajar todo el año, para
poder tomar unas vacaciones al año. Esta vez decidimos ir de paseo a Veracruz,
y a eso nomás fuimos…”
Hugo Alberto, uno de
los jóvenes asesinados, deja en la orfandad a tres niñas, una de 12 años, otra
de nueve y una más de seis.
Levi, uno de los
desaparecidos, tiene dos hijos: una niña de ocho años y un niño de cinco.
“Mis hijos no son malos. Levi trabaja una pipa de agua, y
Jaciel (otro de los desaparecidos) es estudiante de preparatoria”.
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