Javier Risco.
El martes 26 de febrero de 2013, el
presidente Enrique Peña Nieto dio un golpe en la mesa y recibió aplausos al
unísono por un hecho que parecía imposible en nuestro México corrupto: la
detención de la líder sindical más poderosa del país, Elba Esther Gordillo. La
PGR obtuvo la orden de aprehensión de un juez, por su presunta responsabilidad
en delitos de operaciones de procedencia ilícita.
¿Era capaz
de esto 'el nuevo PRI'? Hoy todos
sabemos la respuesta: NO fue capaz de nada, simuló detenciones y fabricó
arreglos.
Ahora la
pregunta cambia: ¿De qué es capaz 'el nuevo PRI' para mantenerse en el poder?
La respuesta la dio el propio José
Antonio Meade, precandidato priista a la presidencia de la República, un día
después de que se le concediera prisión domiciliaria a la maestra, el mismo día
en que Nueva Alianza signó un pactó electoral con el tricolor: “Es muy importante darse cuenta de
que no hay coincidencia, se siguió un proceso, se aplicó la ley y no tiene nada
que ver con lo que estamos viviendo en lo político. No hay una vinculación
entre el Panal y la exsecretaria general (del Sindicato Nacional de
Trabajadores de la Educación), yo creo que son temas que se están viendo por
separado, como debe de ser”. De esto es
de lo que es capaz el tricolor.
Dirán que el
procedimiento sigue, que la prisión domiciliaria concedida a Elba Esther
Gordillo no afecta los términos para seguir su proceso por delincuencia
organizada, pero que ahora viva en una
jaula de oro y opere a discreción la elección del próximo año sólo nos recuerda
los estúpidos que creen que somos.
Quizá deberíamos refrescarle la
memoria a José Antonio Meade, y explicarle lo incongruente que suena negar la
relación de Gordillo con el partido Nueva Alianza, su tercer aliado para las
elecciones.
La lideresa
magisterial obtuvo su primera curul en el Congreso de la Unión en 1979. Cuatro décadas de acercamiento con un
partido que la solapó décadas, que la encarceló para legitimar su regreso a Los
Pinos y que ahora vuelve a pactar con ella para mantenerse ahí. Cuarenta años
de ser pieza clave en las contiendas electorales.
En 1989
llegó a dirigir el SNTE. Y ahí se mantuvo hasta 2013, donde su bastión es
considerado el más grande América Latina, y hasta el 2000 operó en cada sexenio
para el Revolucionario Institucional, hasta que su mala relación con Ernesto
Zedillo, desde que éste era titular de la Secretaría de Educación Pública, la
acercó a la oposición.
Durante el sexenio de Zedillo, sin
embargo, Gordillo fue senadora por el PRI. Desde ahí se acercó al PAN, a quien
ella y sus 1.4 millones de votos favorecieron y contribuyeron al triunfo de
Vicente Fox en las elecciones.
En ese sexenio nació el partido Nueva
Alianza, de quien Elba Esther es la fundadora. Primero, al formar en 2002 la
Asociación Ciudadana del Magisterio, y la firma con Fox del Acuerdo por la
Calidad en la Educación, lo que significó un pacto de alianza con el nuevo
poder en Los Pinos.
En 2005,
Nueva Alianza nació como partido político.
En 2006 compitió por primera vez en elecciones presidenciales de la mano de
Roberto Campa… sí, ese que hoy forma parte del equipo de Enrique Peña Nieto.
Con el PAN
en la presidencia, Nueva Alianza concretó sus primeros pactos con ellos en
elecciones, como la de Guanajuato en 2006 o la de Baja California en 2007.
En 2011, cuando el sexenio
calderonista y su “guerra contra el narco” puso en la cuerda floja la
permanencia de Acción Nacional en la presidencia, Gordillo volvió a coquetear
con el tricolor, y aún como líder del SNTE y cabeza de facto en Nueva Alianza,
ayudó al PRI en las elecciones de Hidalgo y el Edomex.
Sin embargo,
en 2012 el Pacto por México, la reforma
educativa y su persecución política marcó su rompimiento con el gobierno. Fue
encarcelada en 2013, pero un audio revelado por el diario Reforma este año, en
la contienda electoral del Edomex, donde la maestra parecía querer apoyar ahora
a Andrés Manuel López Obrador y Morena, prendió los focos rojos en el gobierno.
La nueva
concesión para que pase su ‘proceso
penal’ en la comodidad de una mansión de millones de dólares, es un signo claro
de que el PRI no quiere correr el riesgo de mantener enemistad con quien ha
demostrado lealtad: a ella, al poder, a aliarse con cualquiera que parezca con
posibilidades de llegar al poder.
Si José Antonio Meade desconocía
esto, quizá sea uno más de esos al que el PRI le asegura una honestidad que ya
a nadie convence.
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