En 1948, los
dirigentes ferrocarrileros Valentín Campa y Demetrio Vallejo intentaron formar
una organización alterna a la Confederación de Trabajadores de México (CTM). Ya
desde entonces, decían que la CTM estaba podrida de corrupción. Varias fuentes
coinciden en que el concepto “charrismo” surgió con esta irreverencia porque
otro sindicalista, Jesús Díaz de León, apodado como “el charro”, presentó ante
la Procuraduría General de la República cargos en contra de los disidentes.
Campa y Vallejo fueron acusados de desfalco a los trabajadores. Y luego,
encarcelados.
Desde
entonces, “charrismo” se quedó en la
jerga sindical y política de México. Ha sido un término que designa la
habilidad para perpetuarse en el poder, la lealtad con el presidente en turno y
la capacidad para recibir grandes cantidades de dinero del Gobierno federal sin
rendir una sola factura o un solo comprobante.
Las décadas
han pasado. Ya hace 21 años que falleció Fidel Velázquez Sánchez, quien por
permanecer 60 años al frente de la CTM fue uno de “los charros” más identificado.
Pero “el charrismo” pervive. Y ocurre
justo en tres de esos sindicatos que Velázquez Sánchez incluyó en el apartado B
de la Ley Federal del Trabajo, cuando consiguió ser integrante de la junta
redactora: los de Pemex, el SNTE y el SUTERM.
Sólo en 2017, esos tres sindicatos
recibieron 8 mil millones de pesos del Gobierno federal, según la revisión de
los contratos colectivos de trabajo y la página de datos abiertos del SNTE, lo
que hubiera alcanzado para reparar mil 500 inmuebles históricos y de valor cultural
después de los estragos de los sismos que estremecieron once entidades el
pasado septiembre.
El dinero quedó bajo la
administración de Carlos Romero Deschamps –75 años de edad, 22 como dirigente
del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana (STPRM)–; Juan
Díaz de la Torre -64 años de edad, ungido como candidato único por
unanimidad después de la detención de Elba Esther Gordillo, como Secretario
General del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE)– y Víctor Fuentes del Villar –82 años de
edad y 13 como dirigente nacional del Sindicato Único de Trabajadores de
Electricistas de la República Mexicana (SUTERM).
En las
ruedas de prensa que solía brindar los lunes en el edificio de la calle
Vallarta de la CTM, Fidel Velázquez Sánchez (1900-1997) dijo varias veces que
la permanencia de los dirigentes sindicales en sus puestos se justificaba
porque las empresas no cambiaban de dueño cada cuatro o seis años. De modo que
se necesitaba líderes experimentados para que le hablaran de igual a igual al
patrón, con los mismos conocimientos, con el mismo dominio de la empresa.
Él se quedó
en el liderazgo, lo que abarcó desde el sexenio de Lázaro Cárdenas hasta el de
Ernesto Zedillo. Fueron seis décadas en las que jamás dijo cómo, con la calidad
de obrero, se había hecho de sus casas o cuáles eran sus gastos que incluían
chofer de un BMW, consumos en restaurantes de Polanco y buena ropa. También
decía que prefería este poder a ser presidente de México. Fidel Velázquez decía
muchas cosas que llamaban la atención como aquello de “el que se mueve, no sale
en la foto”. Y su impronta de modos y dichos fue tan fuerte que se extendió incluso
para los sindicatos de trabajadores al servicio del Estado cuyos patrones sólo
duran en el cargo seis años, cuando no son removidos antes.
Ahí está
Víctor Fuentes del Villar. Es un hombre flaco y en la Comisión Federal de
Electricidad (CFE) cobra poco más de 20 mil pesos, según su clave de burócrata
69186 en el Portal de Obligaciones y Transparencia. Su sola persona para el
tráfico. Cada vez que su auto Audi A8Li de dos millones de pesos, intenta tomar
la calle Burdeos para desembocar en la Avenida Reforma, rumbo al hotel Four
Seasons donde suele celebrar cumpleaños o la revisión del Contrato Colectivo
del Trabajo, decenas de hombres y mujeres se agolpan. Quieren saludarlo,
estrecharle las manos y pedirle trabajo. A veces se disfrazan de payasos para llamar
su atención. Las mujeres usan falda corta. Es como un carnaval que surge
espontáneamente en torno a su figura, una escena que se volvió conocida y
típica para los habitantes de la colonia Cuauhtémoc, donde se encuentra el
sindicato.
También ahí
está Carlos Romero Deschamps quien tomó el asiento principal del sindicato en
1996 en sustitución de Sebastián Guzmán Cabrera quien, a su vez, había
sustituido a Joaquín Hernández Galicia, La Quina, detenido en 1989 en el
temprano Gobierno de Carlos Salinas de Gortari, y fallecido en 2013. También
Senador por el Partido Revolucionario Institucional, se le puede ver después de
una sesión en el restaurante The Palm en Polanco. Hay una foto de él, mientras
hojea una revista de yates, en pleno debate de la Reforma Energética. Lo que
piensa no puede saberse pues no le gustan las entrevistas, jamás ha subido a
tribuna en el Congreso y cada vez que Pemex recibe una solicitud de información
a través de los mecanismos de Transparencia, él responde con un amparo legal
para no revelar ningún dato.
Juan Díaz de
la Torre es el más joven de los tres. En diciembre pasado cumplió 64 años.
Inició su vida gremial cuando andaba en sus veinte años, cercano a Juan Alcalá
Espitia, dirigente de la sección 16 del Sindicato Nacional de Trabajadores de
la Educación (SNTE) en Jalisco y a Carlos Jongitud Barrios, quien creó Vanguardia
Revolucionaria y luego dirigió al sindicato. Cuando Elba Esther Gordillo fue
ungida como Secretaria General, Díaz de la Torre se le unió. En 2000, ella lo
convirtió en líder de la sección 16 y dos años después fue el dirigente de su
partido que ese mismo año creó, Nueva Alianza (Panal).
Estos tres hombres son muy populares
al momento de ser votados en las asambleas de sus gremios. Romero Deschamps fue
reelegido el pasado 11 de diciembre “por unanimidad” para el periodo 2019-2024
con lo que cumplirá 31 años como líder.
Algo similar le ocurrió a Víctor
Fuentes del Villar en 2015 quien fue ratificado hasta 2025.
Y Juan Díaz de la Torre, quien
después de que la dirigente vitalicia Elba Esther Gordillo fue detenida por
delitos de lavado de dinero, fue elegido de una planilla única, tendrá que ver
el comportamiento del voto el próximo febrero, cuando el sindicato tendrá
elecciones. Mientras, ha sido dirigente durante todo el sexenio de Enrique Peña
Nieto.
EL DINERO
PARA LOS CHARROS.
Parte de los recursos recibidos el
año pasado no fue gastada. Y, ¿cómo saber por qué no? En enero de 2017, en el
último año de Gobierno de Enrique Peña Nieto, no hay mecanismo legal que
obligue a los dirigentes sindicales a brindar explicaciones de lo que hacen o
dejan de hacer. El último intento por obligarlos a someterse a auditorías fue
en 2012, cuando el Congreso de la Unión desechó una iniciativa de Ley que
proponía que las agrupaciones con más de 108 miembros rindieran cuentas de sus
dineros por escrito, tanto a sus agremiados como al público.
El dirigente
nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores para la Educación (SNTE) recibió de la Secretaría para la
Educación Pública para la Orquesta Filarmónica Nacional del sindicato, 30
millones de pesos cuyo ejercicio fue cero pesos, según la página de datos
abiertos del sindicato.
En lo que sí
gastó un poco, el año pasado, fue en la promoción de la Reforma Educativa. Para
ello recibió 200 millones de pesos de los cuales erogó 8 millones, apenas el 4
por ciento. La mayor beneficiaria de este gasto fue la Agencia Digital S.A. de
C.V. con dos contratos, uno por 2 millones 320 mil pesos y otro de 1 millón 160
mil pesos. Esa es la Razón Social de Milenio TV, según el Directorio del
Sistema de Información Empresarial Mexicano.
Carlos Romero Deschamps, dirigente
nacional del Sindicato Nacional de Trabajadores Petroleros de la República
Mexicana, recibió el año pasado 89 millones 191 mil 200 pesos por concepto de
“ayudas”, según los
Contratos Colectivo de Trabajo 2015-2017 y 2017-2019, firmados con Petróleos
Mexicanos.
Mientras, en las manos de Víctor Fuentes del Villar,
Secretario General del Sindicato Único de Trabajadores Electricistas de la
República Mexicana (SUTERM), quedaron 6 mil 587 millones de pesos, entre el
Fondo de Habitación y Servicios Sociales y el Fondo común de préstamos, ambos
fondeados por la Comisión Federal de Electricidad.
Promulgada
en mayo de 2016 por el Ejecutivo, la Ley General de Transparencia y Acceso a la
Información Pública obligó a los sindicatos con recursos públicos a publicar en
portales cibernéticos sus estructuras orgánicas, plazas, contrataciones y
gastos. El SUTERM, dirigido por Víctor Fuentes y el Sindicato petrolero,
dirigido por Romero Deschamps no lo han hecho.
El SNTE de Díaz de la Torre sí tiene
una página. Pero, aun así, no se sabe qué pasa con el dinero que se le entrega
y no se gasta. No se sabe por qué mecanismo otorga sus contratos y tampoco
cuáles son sus cuotas sindicales.
En su último reporte, la Auditoría
Superior de la Federación indicó que hasta finales del año pasado, los
sindicatos han publicado en conjunto, apenas 35 por ciento de la información a
la que están obligados.
Desde que en
2002 se configuró el marco jurídico de la transparencia, Carlos Romero
Deschamps, el dirigente petrolero, es el hombre que más trabajo le ha dado a
los juzgados. Basta pedir mediante una
solicitud de información su salario y casi como por arte de magia, surge un
recurso de amparo. No quiere revelar cuánto gana y mantiene oculto ese dato
como si se tratara de un secreto de Estado.
Hasta ahora
el sindicato petrolero ha promovido unas 50 demandas en contra de peticionarios
en el INAI para que Petróleos Mexicanos no brinde ninguna información sobre el
dinero que le entrega. El “Pemexgate” fue un ejemplo de ello. Si bien ese
acontecimiento ocurrió en 2000, 18 años después todavía están pendientes
algunos juicios de amparo para no responder una pregunta básica: ¿Cuál fue el
detalle de tal transferencia?
El año
pasado, como otros años, las instituciones públicas lo dieron, los sindicatos
lo recibieron y no se supo jamás a dónde fue a parar ese dinero. Y mientras, la
tasa de sindicalización –un indicador que surge de datos de la ENOE de la STPS
y el Inegi porque no hay un organismo que concentre a todos los sindicatos
mexicanos-, mostró una caída drástica. En 2012, cuando Enrique Peña Nieto tomó
posesión era de 14.01 y para 2014 fue de 13.64, según consigna el investigador
Jesús Rubio Campos en su estudio “Sindicalización y precariedad laboral en
México”.
El
mantenimiento de los tres sindicatos que Fidel Velázquez Sánchez defendió hace
casi un siglo, no impactó en la calidad del trabajo. El salario promedio de la
población ocupada en México pasó de 2.43 salarios mínimos diarios en el cuarto
trimestre de 2012 a 2.28 en el primer trimestre de 2016.
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