Alejandro
Calvillo.
Como cuando los españoles
intercambiaban con los mexicas espejitos por oro, quienes renegocian el Tratado
de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), ofrecen a las grandes
trasnacionales de la comida chatarra y las bebidas azucaradas, a puertas
cerradas, la salud de los niños quién sabe a cambio de qué.
Con el
terror para la industria de que suceda en México y Canadá lo que ha sucedido en
Ecuador, pero especialmente en Chile, de que sus productos chatarra, causantes
principales de la epidemia de obesidad que colapsa los sistemas de salud, deban
portar en el frente de sus productos sellos de advertencia que indiquen que el
producto es alto en azúcares, grasas y/o sodio, los principales cabilderos de México y Estados Unidos han propuesto que
se establezca la prohibición de este tipo de etiquetados en los documentos del
nuevo acuerdo trinacional.
Etiquetado frontal establecido en
Chile, lo entienden los niños y la mayoría de los padres declara utilizarlo en
la selección de alimentos para sus hijos.
Las grandes corporaciones de
alimentos y bebidas lograron imponer en México un etiquetado frontal a su
gusto, es decir, que sigue sin entenderse por los consumidores y que tiene
criterios de azúcar que rebasan por mucho las recomendaciones internacionales. Sin embargo, el gobierno mexicano se enfrenta a la necesidad de modificarlo al haber
declarado emergencias epidemiológicas por obesidad y diabetes y existir la
evidencia de que este etiquetado frontal representa una amenaza a la salud como
se lo han advertido la propia Organización Mundial de la Salud y la
Organización Panamericana de la Salud y el propio Instituto Nacional de Salud
Pública de México.
Etiquetado frontal establecido en
México por COFEPRIS en contubernio con la industria. No lo entienden ni los
estudiantes de nutrición y no es usado por los consumidores por incomprensible.
Un elemento
más es la sentencia que un juez ha
presentado frente a este etiquetado señalando que representa una violación al
derecho a la salud y al derecho a la información. La Comisión Federal para la
Protección Contra Riesgos Sanitarios (COFEPRIS) ha impugnado esta sentencia ya
que es la responsable de haber establecido este etiquetado.
Documentos oficiales y publicaciones
científicas confirman que este etiquetado fue elaborado por COFEPRIS en
contubernio con la industria, sin consultar a los institutos nacionales de
salud, encargados de dar la evidencia para elaborar este tipo de políticas.
La propuesta presentada a puerta
cerrada en las renegociaciones del TLCAN y hasta ahora mantenida en secreto,
fue introducida por el jefe del grupo de negociadores de Estados Unidos,
Jamieson Greer, estableciendo la prohibición de que puedan desarrollarse en las
tres naciones (Estados Unidos, Canadá y México) etiquetados frontales en los
alimentos y bebidas que adviertan al consumidor si los productos son altos en
azúcar, sodio, grasas y calorías.
La propuesta
prohíbe lo que recomienda la Organización Panamericana de la Salud, el tipo de
etiquetado establecido en Chile y Ecuador y que se está proponiendo en Canadá,
Uruguay, Brasil y México. Prohíbe el
tipo de etiquetado chileno que ha sido reconocido no sólo por la OPS, también
por la Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación y
el Programa Mundial de Alimentos.
El propio director de la Organización
Mundial de la Salud dirigió, recientemente, una carta al presidente de Perú
para recomendarle este tipo de etiquetado de advertencia que desgraciadamente
la mayoría fujimorista acaba de desechar.
Frente a
esta iniciativa se prevé una reacción en contra del gobierno de Canadá que
lleva avanzada una propuesta de etiquetado frontal de advertencia y contra la
cual esta propuesta pretende actuar. En
este momento, en Canadá, se encuentran en consulta cuatro opciones diferentes
de etiquetado frontal de advertencia para elegir el que se establecerá en todos
los alimentos y bebidas empaquetados.
El
etiquetado propuesto en Canadá ha sido el resultado del trabajo de un grupo de
científicos y de su evaluación con consumidores, como se ha hecho en otras
naciones, menos en México.
La
información proveniente de varias fuentes señala
que la propuesta presentada por los negociadores estadounidenses partió de
México, de quien fuera jefe de negociación del TLCAN en 1993-94, Jaime
Zabludovsky, y que hoy en día funge como asesor del sector privado mexicano en
las renegociaciones del TLCAN.
Zabludovsky es director ejecutivo de
ConMéxico, organismos empresarial que ha sido el actor principal para oponerse
a todas las propuestas de políticas de prevención de la obesidad recomendadas
por la OMS y que afectan los intereses de la gran industria de alimentos y
bebidas: regulación
de alimentos y bebidas en las escuelas, prohibición de la publicidad de
alimentos y bebidas no saludables dirigida a la infancia, etiquetados frontales
de advertencia en este tipo de productos, impuestos a las bebidas azucaradas, etcétera.
El papel de ConMéxico no ha sido sólo
fundamental en bloquear las políticas contra la obesidad en México y
convertirla en una gran simulación, también lo ha sido como uno de los miembros
más radicales en contra de las políticas de salud al interior de la Alianza de
Asociaciones de la Industria de Alimentos y Bebidas de América Latina (ALIAB).
La ALIAB se ha declarado públicamente
en contra de los criterios de consumo diario de azúcar establecidos por la
propia Organización Mundial de la Salud, se ha opuesto activamente contra los
etiquetados frontales de advertencia ya establecidos en Ecuador y Chile y a los
propuestos en Perú y Uruguay, así como se ha opuesto a los impuestos a las
bebidas azucaradas y los alimentos con alta densidad calórica en México. Como diría la exdirectora de la OMS,
son las grandes empresas de alimentos y
bebidas el principal obstáculo para las políticas contra la obesidad.
Las grandes corporaciones de la
llamada comida chatarra y las bebidas azucaradas están actuando como lo hizo y
lo sigue haciendo la industria del tabaco y la industria del alcohol. A través
de diversas estrategias, niegan el daño que provocan sus productos y bloquean
cualquier tipo de regulación que afecte sus ventas, es decir, sus ganancias. Si se le permitiera a la industria
del tabaco hacer publicidad dirigida a niños, lo haría, de hecho, lo hizo con
la publicidad de Camel.
De igual manera, la industria del
alcohol estaría realizando una publicidad aún más invasiva sobre los
adolescentes sin importar si eso aumenta la incidencia de alcoholismo o la
accidentalidad y muertes.
No está muy lejos de eso realizar
estrategias para que un niño consuma una bebida que tiene 12 cucharadas de
azúcar sin proporcionarle a él y a sus padres ninguna información entendible
sobre su contenido de azúcar, incluso, señalando que el azúcar que tiene esa bebida
representa solamente el 70 por ciento de los “nutrimientos diarios”, cuando esa
bebida rebasa el máximo tolerable para un adulto durante todo un día. Ese es el etiquetado que COFEPRIS impuso
en México y que los cabilderos de México y Estados Unidos quieren imponer en la
renegociación impidiendo que la etiqueta de esta bebida pueda, al menos,
advertir con un sello: “Alto en Azúcar”.
No se trata de nada más que de eso,
de informar sobre el alto contenido de azúcar o de sodio o de grasas. Pero esa
información debe mantenerse como un secreto, no debe ser clara. Esa información
básica, mínima, que deberíamos tener sobre estos productos, representa una
amenaza para una industria que oculta sus daños y que tiene una responsabilidad
central en la emergencia epidemiológica por obesidad y diabetes que se ha
decretado en México.
Algo negocian, algo buscan a cambio
los negociadores mexicanos para entregar la salud de la población,
especialmente de los niños. El etiquetado frontal de advertencia es la única
información comprensible que pueden tener los consumidores sobre el contenido
en los productos, de los ingredientes críticos (azúcar, grasas y sodio) que
tienen una gran responsabilidad en el incremento acelerado de las enfermedades
no transmisibles.
La propuesta de prohibir la
posibilidad de un etiquetado de advertencia al frente d en los productos que
contienen altas cantidades de azúcar, grasas y sal atenta contra
recomendaciones para enfrentar la epidemia de obesidad y diabetes que vivimos.
Esta prohibición en un acuerdo
comercial es violatoria de nuestra Constitución que establece que no puede
establecerse ninguna medida que atente contra los derechos humanos y existen
una serie de tratados internacionales y jurisprudencia internacional que indica
claramente que los intereses y derechos comerciales no pueden estar por encima
del derecho a la salud.
No se trata
de un etiquetado que debe informar del contenido de un producto, como se exige
internacionalmente en los acuerdos comerciales y que puede estar regido por
ellos, se trata de un etiquetado
especial que ha sido propuesto para combatir la obesidad que se ha convertido
en una epidemia global.
Esta
epidemia ha sido provocada por los cambios en la dieta que ha generado la
introducción masiva e invasiva de alimentos ultraprocesados y bebidas con muy
altos contenidos de azúcar, sodio, grasas saturadas y calorías.
En la renegociación del TLCAN se está
subastando la salud de los niños mexicanos y de América del Norte al tratar de
prohibir una de las herramientas esenciales para combatir la epidemia de
obesidad y diabetes, la única herramienta que puede brindar información útil y
sencilla a los consumidores para que hagan elecciones más saludables,
especialmente de los productos que compran para sus hijos.
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