Arnoldo
Cuellar.
Miguel Márquez Márquez sigue
omnipresente en la vida pública de Guanajuato. No solo logró colocar en manos
de sus fieles subordinados carteras clave del Poder Ejecutivo, sino que ahora
también logra poner una válvula de seguridad en el Poder Legislativo de
Guanajuato.
Con la designación en el Congreso de
su exsecretario particular, Ricardo Narváez Martínez como secretario general,
Márquez sigue aquí como una pesada sombra sobre un gobernador y un aparato
panista que se aprecia débil y escaso en recursos políticos.
A Diego Sinhue Rodríguez, a
diferencia de casi todos los gobernadores del pasado reciente, no parece serle
importante el marcar un deslinde, el afirmar “aquí gobierno yo”. El tan humano y tradicional:
“el rey ha muerto, viva el rey”, que es consustancial a la renovación de las
expectativas en una sociedad, el dejar atrás los lastres del pasado y ofrecer
un renacimiento, una renovación.
Sinhue está lejos de eso. Se ha
lanzado a una vacía campaña de frases retóricas sobre “golpes de timón” y
“grandeza de Guanajuato”, cuando en realidad está garantizando el más absoluto
continuismo, está renunciando a la autonomía que le dieron los votos de los
electores guanajuatenses y está preservando vicios que agotaron a su partido y
que alentaron el crecimiento de una oposición más radical que las existentes
hasta ahora.
Aunque la imposición más grave de
Miguel Márquez fue la de Carlos Zamarripa Aguirre, por la crisis de inseguridad
violenta que vive la entidad, no es la única. Ya se ha visto como medio gabinete
de Sinhue está formado por funcionarios repetidores y reciclados cuya
permanencia no se explica más que por la sumisión del nuevo mandatario a su
antecesor y patrocinador.
Por ejemplo,
qué indicadores pueden avalar la
promoción de Eusebio Vega desde la Secretaría de Educación a la de innovación y
Educación Superior. Vega fue incapaz de vencer las inercias educativas que
mantienen a Guanajuato en el sótano de la calidad educativa en México, algo
completamente incompatible con el crecimiento del Producto interno Bruto y con
la pretendida grandeza que se quiere para la entidad.
Hoy, el
politécnico penjamense se hará cargo de las redes de innovación que tienen su
base en cuatro universidades del estado, tres de ellas de carácter privado,
cuando su experiencia está más bien en el área de la capacitación y no en el de
la formulación de soluciones alternativas.
Sin embargo,
la colocación de Vega en la SIES es
clave para mantener privilegios como el que recibió José Ricardo Narváez
Ramírez, progenitor del exsecretario particular de Márquez y hoy secretario
general del Congreso, quien fuera designado como director general del Instituto
Tecnológico y de Estudios Superiores de Irapuato, una de las pocas escuelas de
excelencia del sistema estatal, sin tener los méritos para ello en su carrera
como contador público en San Felipe Guanajuato.
Ese es el tipo de complicidades que
viene validando Diego Sinhue Rodríguez ya como gobernador, mostrando con ello
que no hay un ánimo de renovación y corrección de los excesos del pasado, sino
de profundización de las redes de poder de un grupo político que se mueve en
torno a Miguel Márquez y a su compadre Rafael El Gallo Barba.
Y qué decir del papel de los
diputados al Congreso de Guanajuato, tanto los de la mayoría como de la
testimonial oposición que los complementa. Entregarle los controles administrativos
y políticos del Congreso a un gobernador en funciones resulta ya bastante
ignominioso para la división de poderes constitucional que todos ellos
prometieron respetar y hacer respetar.
Sin embargo,
hasta eso parece mejor que cederle esos
mismos controles a un exgobernador a través de quien fuera no solo su
secretario particular, sino un factor de poder y complicidades, recompensadas
entre otras cosas con la presencia de media docena de miembros de la familia
Narváez en posiciones nada desdeñables en el aparato gubernamental.
Una de
ellas, por ejemplo, es la Unidad de
Transparencia del Poder Ejecutivo donde sigue despachando Jesús Soria Narváez,
quien ha caracterizado su función por poner en conocimiento de los titulares de
las dependencias las preguntas que se hacen sobre sus áreas y la identidad de
quienes las hacen, no con ánimo de que las respondan, sino para alertarlos y
alentarlos a buscar la manera de inhibir los cuestionamientos, como bien lo
saben los periodistas que emplean los mecanismos de transparencia.
Con la decisión de hacer pervivir la
influencia de Miguel Márquez y sus asociados en el gobierno de Guanajuato,
Diego Sinhue está renunciando a la posibilidad de refrescar el desgastado
aparato panista y,
como ya hemos dicho en anteriores ocasiones, está comprando sin beneficio alguno para su administración, el
desprestigio de una administración que se defendió mientras fue vigente pero
que poco a poco verá como se acumulan sus pasivos y la colocan en su sitio en
la historia junto a antihéroes como Juan Manuel Oliva, Rafael Corrales Ayala o
Luis H. Ducoing.
Con la
apuesta sostenida por más de lo mismo se
antoja muy difícil que puedan romperse inercias y que los funcionarios que ven
prolongada su estadía, puedan cambiar en lo sustancial lo que ya hicieron. Al
final del día, la enjundia que quiere mostrar el nuevo gobernador se verá
enrarecida y atorada por las redes de complicidad y de poder que vienen del
anterior sexenio.
Habría que decir que la mejor vía
para romper las complicidades no pasa por contemporizar con ellas, como ya lo
está viviendo a nivel federal López Obrador, sino que requiere la determinación
para cortar de un tajo los nudos, como dice la leyenda clásica. Aquí no es el
caso.
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