viernes, 23 de noviembre de 2018

Elba Esther Gordillo, los Duarte, los 43, Tlatlaya… La PGR de Peña fue de vergüenza en vergüenza.

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La Procuraduría General de la República (PGR) inició el actual sexenio con una carga negativa de efectividad. Los fracasos y las pifias cometidos en los procesos de investigación durante el mandato de Felipe Calderón Hinojosa obligaron al Presidente Enrique Peña Nieto, a casi dos meses de asumir funciones, a llamar al Poder Judicial a evitar casos como el de Florence Cassez.

El caso de Florence Cassez culminó la serie de tropiezos procesales en contra del crimen organizado durante el sexenio calderonista –por ejemplo, la “Operación Limpieza” (2008), la “Operación Cancún” (2009) y el “michoacanazo” (2009)– e inauguró los desaciertos que tendrían las autoridades judiciales en lo sucesivo.

Al cierre de 2013, cuando Peña Nieto cumplió su primer año de mandato, el 13 por ciento de las investigaciones de la PGR eran devueltas o desechadas por los jueces, según datos estadísticos del “Sexto Informe de Gobierno” del Ejecutivo Federal.

Entre enero y junio de 2018, cuatro de cada cinco carpetas de indagación (el 80.2 por ciento) fueron desestimadas. Y de las carpetas atendidas que llegaron a un juzgado, una de cada cinco (14.3 por ciento) resultó en el ejercicio de una acción penal (en 2014, menos del nueve por ciento de los casos fueron penados).

Esto implica que, durante los primeros seis meses de este año, el 9 por ciento (real) de los casos de la PGR incluyó un castigo por la comisión de un delito. Sólo en el tres por ciento de ellos, el culpable fue detenido.

La falta de eficiencia de la Procuraduría no sólo es cuestión de cifras.

A principios de este año, por ejemplo, el diario New York Times reveló que la Oficina Federal de Investigación (FBI, por sus siglas en inglés) se negó a cooperar con la PGR en el caso de espionaje gubernamental a periodistas, activistas y defensores de derechos humanos (2017) por considerar que las autoridades mexicanas no estaban conduciendo una “investigación seria”.

Asimismo, entre 2015 y 2016, la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) hizo 47 observaciones a la PGR “para preservar y garantizar los derechos humanos de las víctimas que pudieran ser vulnerados de manera irreparable” (por fallas en el estricto apego a derecho). Pero al cierre de 2017, el órgano judicial sólo había cumplido con nueve.

Esto en un país en que los casos “más representativos” del actual sexenio –Chalchihuapan, Iguala, Tanhuato, Apatzingán, Tlatlaya y Nochixtlán– involucran violaciones a derechos humanos y reflejan la “debilidad institucional del país”, acusó en marzo de este año el ombudsman nacional, Luis Raúl González Pérez.

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