Por Sanjuana
Martínez.
Las cloacas del régimen parecen no
tener fin. En cada secretaría, en cada institución, en cada entidad son
destapados enormes hoyos negros de corrupción y del robo al erario.
Todo parece indicar que no había
límite a la hora de saquear los recursos de la nación, ni existía impedimento
para robar a manos llenas, ni mucho menos principios éticos para no afectar los
intereses de todos los mexicanos y de los 12 millones de pacientes del sector
salud.
Después del huachicol de combustibles,
asistimos con estupefacción al caso del huachicol de medicinas, otra
alcantarilla llena de podredumbre con implicaciones de alto rango.
¿Quiénes son
los huachicoleros de medicinas? Son esos
funcionarios, políticos y empresarios que se beneficiaron de los 80 mil
millones de pesos anuales que se invertían cada año en medicinas y las
desaparecieron, porque el desabasto fue y es la constante.
Estos huachicoleros nunca pensaron en
la salud de los mexicanos, por el contrario, pensaron en sus bolsillos, robando
a manos llenas. Los nombres de empresarios que mantenían el monopolio del
abasto de medicinas al Gobierno son necesarios. Queremos saber quiénes son
estos señores indignos que prefirieron volverse millonarios a pesar de las
enfermedades que padecen miles de mexicanos.
Necesitamos saber los nombres de los
monopolistas que concentraron el 80 por ciento de esos 80 mil millones de pesos
destinados a la compra de medicamento. Necesitamos los nombres de esos 15
empresarios acaparadores, responsables del desastre médico que vivimos.
A estos 15 empresarios hay que
añadirle los funcionarios y políticos que se dedicaban a promover la venta de
medicamentos caros, medicamentos que nunca llegaban a los pacientes.
Los mexicanos merecemos saber los
detalles de este caso, tenemos derecho a la información y Santiago Nieto,
titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), de la Secretaría de
Hacienda y Crédito Público (SHCP), debe informar el contenido de esas 50
carpetas de investigación por la comisión de delitos de corrupción en el sector
salud.
De acuerdo
con esta información, se han iniciado
investigaciones sobre los delitos de defraudación fiscal y operaciones
simuladas con el mismo esquema de empresas fantasma y facturas falsas.
De hecho, hay 30 denuncias ante la Fiscalía General
de la República (FGR) vinculados a los delitos de lavado de dinero, corrupción
política y por supuesto, delincuencia organizada.
¿Cuál era el sistema del llamado
huachicol médico? Obviamente el utilizado en muchas dependencias sumida en la
más terrible corrupción: el sobreprecio en las compras.
En este
caso, se ha detectado un sobreprecio del
25 por ciento en la compra de los 80 mil millones de pesos en medicamentos.
Imaginen ustedes la ganancia multimillonaria de estos pillos de cuello blanco,
entre los que se encuentran políticos, funcionarios, empresarios, pero también
médicos y especialistas en medicina, vinculados al IMSS y al ISSSTE y
relacionados con hospitales del Seguro Popular creado por Felipe Calderón.
Entre los
nombres de presuntos huachicoleros médicos, sobresalen tres: Emilio Gamboa, ex Diputado y ex Senador priista; el ex
candidato presidencial, Roberto Madrazo, y el ex Secretario de Salud, José
Narro, quien por lo menos tiene una responsabilidad muy clara por omisión
porque no hizo nada frente al robo exagerado y desabasto de medicamentos.
Hay que señalar que antes de la
administración de Enrique Peña Nieto, la fiscalización de la Cuenta Pública de
la Auditoría Superior de la Federación (ASF) determinó que el Fondo de
Aportaciones para los Servicios de Salud (FASSA) y el Seguro Popular, tenían
denuncias por más de 11 mil millones de pesos “no solventados”, así como
denuncias por los reintegros de 4 mil 029 millones de pesos.
De las 15 empresas monopolizadoras
están presuntamente el Grupo Nadro, Genomma Laba, Grupo Maypo, Inovamedik, Isos
Pharmacorp, Corporativo Giormar, Samedic, Hova Health y Grupo Marzam, entre
otros, todas estas relacionadas con empresarios bien conectados con el
gobierno.
El
monopolista Grupo Nadro dedicado a la
distribución de productos farmacéuticos de higiene y belleza personal fue
creado el 26 de octubre de 1943 por el empresario Eustaquio Escandón Galindo,
ahora Pablo Escandón Cusi y un grupo de empresarios que fundaron Nacional de
Drogas, S.A. de C.V. que crearon esta especie de centro especializado en
almacenamiento y distribución de productos farmacéuticos del fabricante a los puntos
de consumo del sector salud. Distribuyen más de 16 mil 900 productos.
Es evidente que la industria
farmacéutica en México es un jugoso negocio que juega con la salud de los
ciudadanos. No olvidemos que la investigación de los Panama Papers, descubrió
que Genomma Lab, Grupo Nadro y Casa Marzam,estuvieron involucrados en
transacciones irregulares para concentrar el mercado farmacéutico entre ellos.
Recordemos que la Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece) ha
investigado a los Escandón y su grupo Nardo por el monopolio en la distribución
de medicamentos.
En circunstancias parecidas se
encuentra la distribuidora de fármacos de Casa Marzam dirigida por José Alberto
Peña y también mencionada en esta investigación por lograr consolidarse con una
participación calculada de 396 millones de pesos entre 2014 y 2015 y venta de
medicamentos y material de curación al IMSS por 89.8 millones de pesos.
En fin, cada vez que usted se enferme o uno de los
suyos y se enfrente al desabasto de medicinas y lo sufra, piense en todos estos
corruptos funcionarios, políticos y empresarios que se han hecho
multimillonarios robando medicinas.
Recuerde además que debido a la
inmensa corrupción, hemos padecido la privatización de la salud y que
invertimos 53 de cada 100 pesos en compra de medicinas y bienes médicos. Y que
sólo en 2017 las familias mexicanas desembolsaron 271.9 mil millones de pesos
en la compra de estos productos.
Cada vez que usted sufra por una
enfermedad y vea sufrir a los suyos, piense en estos miserables y exija
justicia. Y piense en la urgencia de limpiar el sector salud, en la urgencia de
tener por fin un sistema que nos permita acceder a un servicio de calidad. Ya
hemos pagado bastante para tener hospitales, centros de salud y clínicas a la
altura de nuestras necesidades. Por eso y por muchas cosas más, gritemos: ¡cárcel a los huachicoleros de
medicinas!
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