Georgina
Morett.
A 100 días
de gobierno las conferencias mañaneras se convirtieron en el método de
comunicación en el cual los anuncios, las advertencias, las bromas, las
descalificaciones, las referencias a la Biblia y a Dios, la información y la
desinformación, mantienen a los ciudadanos en un ritmo en el que es muy difícil
saber realmente lo que está pasando y poder evaluar al gobierno.
Sin duda, en
estos 100 días nos queda claro que la esperanza en un cambio mantiene a los
ciudadanos optimistas ante el nuevo gobierno, aunque algunos ya empiezan a
sentir sus repercusiones, como los beneficiarios de las guarderías y los
despedidos del gobierno federal.
El mayor
seguidor de Benito Juárez y su Estado laico ha llenado el discurso presidencial
de frases referentes a Dios y a la Biblia, también un día se pronuncia a favor
de los “abrazos y no balazos” y otro día propone la Guardia Nacional.
O el
aeropuerto en Texcoco, que primero se dijo que no, después dejó abierta una
rendija a que se realizara con capital privado, para posteriormente parar la
obra.
Pero también
de muchos de los anuncios no se tiene un seguimiento; la información tan rápida
y tan variada, así como difícil de corroborar, impiden saber hacia dónde
caminan las propuestas y si tienen un final como el que se anunció.
Por ejemplo,
sabemos que ha habido muchos despidos en el sector público, desde la transición
se anunció que se reduciría en un 70 por ciento la plantilla de trabajadores de
confianza, y en los medios de comunicación se informó de muchos despidos, como
los de los empleados del Sistema de Administración Tributaria (SAT).
Sin embargo,
no hay una información fidedigna al respecto, ya que bien o mal en presupuestos
de sexenios anteriores era posible conocer el número de plazas y un poco
disfrazado el salario y prestaciones para cada una de ellas, pero los diputados
aprobaron el presupuesto más opaco desde hace muchos años.
En el
Analítico de Plazas 2019, presentaron datos que en muchas ocasiones parece ser
copy paste del año anterior, y en otras trae una disminución muy poco
significativa.
Por lo que
la reducción de plazas que tanta aceptación provocó y que atizó el fuego al
conflicto entre el pueblo bueno y los fifís, es imposible de demostrarse.
Otro ejemplo
es la guerra contra el huachicol, que es otro de los grandes éxitos del
gobierno.
En los
primeros días de diciembre se presentó escasez de combustible en Michoacán, Puebla,
Jalisco, Estado de México, Guanajuato, Querétaro y Tamaulipas.
Y a finales
del mismo mes se dio a conocer el Plan Conjunto del Gobierno de la República
para Combatir el Robo de Hidrocarburos, lo que provocó el cierre de ductos e
incomodidad entre los ciudadanos.
Aunque todos
sabemos que la guerra contra el huachicol ha sido un éxito, desconocemos qué
paso con las pipas que se dijo no cumplían con las especificaciones, cuántos
detenidos hay por este delito, o si hubo cambios de fondo en Pemex.
Ni siquiera
tenemos claridad de si ya se están entregado los apoyos económicos que tanto se
han anunciado y que según documentos de Morena llegarán a 51 millones de
personas, o bien de cómo va la reducción o cancelación de más de 130 programas
sociales.
Estamos ante
una nueva forma de comunicación, de hacer eventos públicos, pero todavía es
difícil saber hacia dónde caminamos, sólo vemos una muy fortalecida figura
presidencial con un gobierno hegemónico.
Si bien es
cierto que la confianza y la esperanza mantienen el apoyo de la población en el
presidente Andrés Manuel López Obrador, dos de los principales problemas del
país todavía están muy lejos de resolverse, es más, podemos asegurar que han
empeorado: la violencia y el poder adquisitivo de la población.
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