lunes, 11 de marzo de 2019

Poca claridad a 100 días.


Georgina Morett.

A 100 días de gobierno las conferencias mañaneras se convirtieron en el método de comunicación en el cual los anuncios, las advertencias, las bromas, las descalificaciones, las referencias a la Biblia y a Dios, la información y la desinformación, mantienen a los ciudadanos en un ritmo en el que es muy difícil saber realmente lo que está pasando y poder evaluar al gobierno.

Sin duda, en estos 100 días nos queda claro que la esperanza en un cambio mantiene a los ciudadanos optimistas ante el nuevo gobierno, aunque algunos ya empiezan a sentir sus repercusiones, como los beneficiarios de las guarderías y los despedidos del gobierno federal.

El mayor seguidor de Benito Juárez y su Estado laico ha llenado el discurso presidencial de frases referentes a Dios y a la Biblia, también un día se pronuncia a favor de los “abrazos y no balazos” y otro día propone la Guardia Nacional.

O el aeropuerto en Texcoco, que primero se dijo que no, después dejó abierta una rendija a que se realizara con capital privado, para posteriormente parar la obra.

Pero también de muchos de los anuncios no se tiene un seguimiento; la información tan rápida y tan variada, así como difícil de corroborar, impiden saber hacia dónde caminan las propuestas y si tienen un final como el que se anunció.

Por ejemplo, sabemos que ha habido muchos despidos en el sector público, desde la transición se anunció que se reduciría en un 70 por ciento la plantilla de trabajadores de confianza, y en los medios de comunicación se informó de muchos despidos, como los de los empleados del Sistema de Administración Tributaria (SAT).

Sin embargo, no hay una información fidedigna al respecto, ya que bien o mal en presupuestos de sexenios anteriores era posible conocer el número de plazas y un poco disfrazado el salario y prestaciones para cada una de ellas, pero los diputados aprobaron el presupuesto más opaco desde hace muchos años.

En el Analítico de Plazas 2019, presentaron datos que en muchas ocasiones parece ser copy paste del año anterior, y en otras trae una disminución muy poco significativa.

Por lo que la reducción de plazas que tanta aceptación provocó y que atizó el fuego al conflicto entre el pueblo bueno y los fifís, es imposible de demostrarse.

Otro ejemplo es la guerra contra el huachicol, que es otro de los grandes éxitos del gobierno.

En los primeros días de diciembre se presentó escasez de combustible en Michoacán, Puebla, Jalisco, Estado de México, Guanajuato, Querétaro y Tamaulipas.

Y a finales del mismo mes se dio a conocer el Plan Conjunto del Gobierno de la República para Combatir el Robo de Hidrocarburos, lo que provocó el cierre de ductos e incomodidad entre los ciudadanos.

Aunque todos sabemos que la guerra contra el huachicol ha sido un éxito, desconocemos qué paso con las pipas que se dijo no cumplían con las especificaciones, cuántos detenidos hay por este delito, o si hubo cambios de fondo en Pemex.

Ni siquiera tenemos claridad de si ya se están entregado los apoyos económicos que tanto se han anunciado y que según documentos de Morena llegarán a 51 millones de personas, o bien de cómo va la reducción o cancelación de más de 130 programas sociales.

Estamos ante una nueva forma de comunicación, de hacer eventos públicos, pero todavía es difícil saber hacia dónde caminamos, sólo vemos una muy fortalecida figura presidencial con un gobierno hegemónico.

Si bien es cierto que la confianza y la esperanza mantienen el apoyo de la población en el presidente Andrés Manuel López Obrador, dos de los principales problemas del país todavía están muy lejos de resolverse, es más, podemos asegurar que han empeorado: la violencia y el poder adquisitivo de la población.

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