Por Darío
Ramírez.
Andrés Manuel López Obrador ha dado
más de 67 conferencias de prensa desde que asumió el poder. Son miles de
minutos los que el Presidente le ha dedicado a la conferencia mañanera. Acepta
contestar entre 7 y 10 preguntas de los reporteros que se encuentran en primera
fila. Los de atrás parecerían ser puro relleno.
Enrique Peña Nieto prefería dar pocas
entrevistas bilaterales con periodistas afables a su presidencia. Jamás aceptó
dar una conferencia de prensa abierta para la prensa nacional. De ahí venimos.
Hoy, después de decenas de
conferencias mañaneras se puede hacer un balance de la utilidad y el simbolismo
de éstas. El atril presidencial se prende cada día a las 7:00 horas. Se vuelve
un referente obligado para los programas noticiosos de la mañana. Desde el Salón
Tesorería las conferencias tienen elementos de mítines políticos o de tribuna
desde donde agita a sus simpatizantes y fustiga ferozmente a sus adversarios, a
quienes recurrentemente les llama conservadores o fifís. De acuerdo con
mediciones del discurso, las descalificaciones como conservadores o fifís los
ha mencionado 82 veces, mientras que neoliberal más de 130.
De acuerdo
al análisis del discurso de Spin, el
poder mediático de la mañanera no es tal como es comúnmente pensar. “Sólo 51 de
413 noticias publicadas en las portadas de los siete diarios más importantes
del país desde el 4 de diciembre habían recogido temas impulsados desde las
‘mañaneras’, que en ocasiones son los únicos eventos públicos realizados por el
presidente en la jornada”.
Lo cierto es que existe una
dispersión de temas en las conferencias mañaneras. Obrador asume un papel de
todólogo para contestar desde temas nodales de la agenda como preguntas
irrelevantes. Lo cierto es que la dispersión de la agenda es provocada por los
mismos periodistas acreditados. Y ahí un gran tema a discutir: ¿Quiénes están
yendo a las conferencias? ¿Se les está dando la palabra a todos los medios por
igual?
La conferencia mañanera está invadida
por medios patito. Blogs irrelevantes o páginas de Facebook que no tienen
ninguna injerencia noticiosa. El 40 por ciento de las preguntas que se le hacen
al Presidente son hechas por medios digitales irrelevantes, quienes han sido
sumados a la conferencia bajo el pretexto de “democratizar” a los medios. Pero
nada más lejano que eso, muchos periodistas que trabajan para dudosas
plataformas han tomado un papel relevante. Por ejemplo, la desconocida revista
¡Es cuanto!, que tiene 11 seguidores en Twitter y 86 en Facebook y el blog “Oro
Sólido”, cuya representante ha hecho 13 preguntas a López Obrador para una web
cuya información son teletipos de la bancada de Morena y que parece ser llevada
por una sola persona, señala El País.
Aunque grupos mediáticos consolidados se han
quejado de la presencia y protagonismo de estos grupos, lo cierto es que hay un
desconcierto para aprovechar la oportunidad de interpelar al Presidente.
Entonces la realidad es que el Presidente está más cerca de los medios, pero
tiene esbirros mediáticos que le tienden un campo de fuerza para suavizar los
cuestionamientos. Sería imposible abogar por un “derecho de admisión” que
imposibilite asistir las nuevas plataformas. Sin embargo, si en verdad Jesús
Ramírez quiere democratizar, se debe de asegurar que “Oro Sólido” pregunte,
pero también los medios más consolidados. Sólo así la conferencia puede cumplir
seriamente su cometido en ámbitos periodísticos.
Regresar a los tiempos peñistas donde
el Presidente se escondía de la prensa no es deseable. Los medios serios deben
de generar la presión necesaria y hacerse sentir en la conferencia mañanera
para que ésta deje de ser un espacio cooptado por la voz presidencial y medios
patito. Pero la descoordinación de los medios es conocida por López Obrador y
se aprovecha de ella.
Vale la pena detenernos para asegurar
que muchas cosas en México han cambiado. Algunos cambios positivos y otros
negativos. Una de las cosas que ha cambiado es la relación desde la presidencia
con los medios de comunicación. Se advierte una disminución en publicidad
oficial que le afectará a los medios de comunicación, así como dichos
presidenciales que pueden confrontarlo con la prensa. Pero el contexto
mediático ha cambiado.
López
Obrador no acapara la agenda informativa
con su conferencia mañanera. Pero el imaginario colectivo piensa distinto. Los
dichos presidenciales son sólo un elemento para la construcción de la nota
informativa. Lo que diga el Presidente no necesariamente es verdad. El trabajo
periodístico viene después de los dichos para corroborar, verificar,
contrarrestar y contextualizar la información.
Parecería que el tsunami mediático
que ha generado AMLO todavía tiene noqueado a la mayoría de la prensa.
Aparentemente los grandes medios aún no entienden (o no quieren entender) cómo
transformarse para ser relevantes en esta nueva era.
Tip: Hacer
periodismo. De ese que abone a la democracia.
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