Georgina
Morett.
Años de
hablar de seguridad social, al menos desde 1940, y de recursos cuantiosos para
mitigar la pobreza, la marginación y la desigualdad, en 2018 más de seis mil
600 programas sociales y el resultado: 53.4 millones de pobres.
El 2019 con
la cuarta transformación marca una diferencia, nuevos programas sociales en los
que se privilegian los apoyos económicos que se entregan directamente a la
gente; para Mario Luis Fuentes, investigador del Programa Universitario de
Estudios del Desarrollo, estas ayudas resuelven de inmediato las condiciones de
urgencia en la vida de muchas personas.
Quién fue
director del IMSS y del DIF en los sexenios priistas considera que la propuesta
social del presidente Andrés Manuel López Obrador es un gran paso para la
situación en la que viven 100 millones de mexicanos, y que puede ser el
sustento de su enorme popularidad.
Especialista
en temas sociales, Fuentes Alcalá observa la propuesta social del actual
gobierno y señala que muchos de los nuevos programas, como el de becas o
aumentar la pensión de los adultos mayores, son una respuesta inmediata a la
terrible situación que se vive en el país, con una población que vive en una
extrema desprotección.
Estos apoyos
económicos son, para el especialista, el acceso a algo indispensable debido a
las enormes privaciones, ya que la gente se debate entre comprar un artículo de
primera necesidad, como un medicamento o comida suficiente.
Tras
reconocer que los programas que conocemos hasta hoy no han servido para sacar a
la población de la pobreza y mucho menos para tener una sociedad más equitativa,
Mario Luis Fuentes asegura que López Obrador es un presidente que vibra
socialmente y que tiene interiorizada la injusticia social.
Sin embargo,
considera que estos programas no serán suficientes si no se logra la
articulación del sistema de bienestar y si no llevas a cabo una reforma
hacendaria que genere mayor equidad en el país.
A pesar de
manifestar que poquito más de dinero significa mucho cuando la población vive
en esos grados de miseria, el especialista en temas sociales señala que si no se
logra un crecimiento mucho mayor al 2 por ciento anual, de nada servirán los
recursos que se entreguen a los beneficiarios, ya que no se crean los empleos
que se necesitan y la gente no sale de la miseria.
Optimista
con las nuevas propuestas, también reconoce que si no se logran abatir los
niveles de violencia, estos programas sociales tampoco serán suficientes y no
sólo se trata del crimen organizado, sino de los fuertes grados de agresión que
se viven en las familias.
Las
violaciones a niñas y mujeres en el propio hogar, así como la violencia impiden
romper con la miseria.
Todavía no
le queda claro cómo se vincularán estos programas sociales en el nuevo
gobierno, ni qué dependencia será la responsable de enlazarlos, si será la
Secretaría de Bienestar o la coordinación de delegados.
Reconoce que
el gobierno no ha informado al respecto, por lo que espera que con el Plan
Nacional de Desarrollo quede clara la nueva política social, que requiere
obligatoriamente de una reforma fiscal si se quiere reducir la inequidad,
porque de lo contrario los programas sólo servirán como un dinero extra para
mitigar la urgencia.
Apenas
estamos en el inicio del sexenio, vislumbramos cambios que no llevan mayores
explicaciones, algunos confían en que sean los primeros pasos para una política
social más exitosa, otros consideran que se utilizarán para comprar voluntades.
79 años de
programas sociales y la pobreza es una de las constantes más inamovibles en
nuestro país, la apuesta está en el aire.
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