Al filo de las 3 de la madrugada, el
pleno del Senado mexicano aprobó en lo general, por 76 votos a favor, 44 en
contra y 3 abstenciones, la Ley de Seguridad Interior.
Lo anterior,
tras casi 12 horas de debate con más de 40 participaciones en tribuna, escaso debate y con el voto fragmentado de
la bancada del Partido Acción Nacional (PAN), cuya bancada se partió: una mitad
aprobó el proyecto junto con PRI y Verde, mientras que otra se sumó al bloque
PT-Morena, PRD e independientes en contra.
Los 34
artículos del dictamen, más los transitorios, fueron reservados por completo
durante el debate en lo particular, que inició inmediatamente después de la
votación general. Las senadoras Angélica
de la Peña y Dolores Padierna reservaron todo, mientras que el propio senador
Zoe Robledo cuestionó el mismo nombre de la ley.
La
correlación de fuerzas en esta larga sesión se prefiguró cuando alrededor de
las 16:00 horas se votó la moción suspensiva presentada por De la Peña,
presidenta de la Comisión de Derechos Humanos: 68 votos del PRI, Verde y de
varios panistas en contra de la moción, mientras 39 votaron a favor y ninguna
abstención.
Hubo
momentos importantes del debate, cuando el
senador panista Roberto Gil Zuarth subió a la tribuna a defender el dictamen.
Acusó a la mayoría de los participantes y opositores a la ley por hacer
señalamientos “frívolos”. Calificó
como “maniqueo” decir que el Ejército es el mayor violador de los derechos
humanos, ante la pregunta de la senadora Dolores Padierna: “¿cuál ha sido el
resultado de los derechos humanos tras once años de participación de las
fuerzas armadas en materia de seguridad pública?”.
La filípica de Gil Zuarth, quien se
convirtió en el principal cabildero de esta ley, recibió fuertes aplausos de
las bancadas del PRI y del Verde, mientras que sus correligionarios del PAN apoyaron las
intervenciones de las senadoras Marcela Torres Peimbert y Adriana Dávila, así
como el legislador yucateco Daniel Ávila Ruiz, quienes argumentaron en contra.
Gil Zuarth
insistió que la fracción VI del artículo 89 de la Constitución le da facultades
al Ejecutivo para regular y disponer del Ejército en funciones de seguridad
pública.
Los
senadores Isidro Pedraza, del PRD, y Fidel Demédicis, generaron también las
reacciones airadas de la bancada del PRI. El
primero, les recordó cómo se creó en el seno del Ejército el grupo de élite
conocido como los Gafes, que luego se convirtieron en el cártel de los Zetas,
uno de los más peligrosos y sanguinarios en los últimos años. Demédicis acusó
directamente al presidente Enrique Peña Nieto de ser el máximo responsable de
las matanzas y violaciones cometidas por el ejército en Tanhuato, Tlatlaya y en
la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.
El
exgobernador priista de Chihuahua Patricio Martínez subió a tribuna para apoyar
la ley y mencionó su propio caso cuando sufrió un atentado que casi le costó la
vida. “¿Cómo que los criminales no violan los derechos humanos?”, preguntó
airado Martínez.
El senador
Miguel Barbosa, vicecoordinador del PT-Morena, le recordó que “los delincuentes cometen delitos y los derechos humanos
son violados por las autoridades”. Esta intervención generó otro debate con
Gil Zuarth, quien habló de las nuevas
tesis alemanas sobre el “efecto irradiador” de los derechos humanos y, según
él, el crimen organizado es el principal violador de los derechos humanos.
Provocadora,
la senadora Adriana Dávila acusó a sus
correligionarios del PAN que apoyaron la ley señalando que “están legalizando
el fracaso” y señaló que el PRI ahora creó otro sector: la Confederación de con
Acción Nacional (el CAN).
En su
tercera intervención, el senador Manuel Bartlett, coordinador de PT-Morena, enumeró todas las violaciones
constitucionales que contiene el proyecto de ley: el 73 porque no es
competencia del Congreso legislar en materia de seguridad interior; el 39, 40 y
41 porque “no puede establecerse un régimen militar de excepción”, el 119, el
124, el 129, todos los artículos sobre derechos humanos, los artículos 39, 115,
116 y 124 porque se altera la certeza jurídica, el 6 porque viola el principio
de máxima publicidad.
“Constituye un golpe de Estado esta
ley. En lugar de buscar la paz, ustedes decretan el exterminio”, sentenció Bartlett.
Los
defensores del PRI trataron de evadir el debate con la oposición. El
exgobernador de Tamaulipas, Manuel Cavazos Lerma, enumeró un decálogo para
regañar a los críticos. Afirmó que la ley es constitucional porque es “armónica
con otras leyes”. Negó que se militarice el país. Recordó que es un
“instrumento específico, temporal”.
“Los que hablan de botas militares,
no son capaces de ver su embotamiento mental”, les reprochó Cavazos Lerma,
quien nombró como su sucesor a Tomás Yarrington, enjuiciado en Italia por
vínculos con el crimen organizado.
La senadora
Luz María Berinstáin, del PT-Morena, recordó
que 11 organizaciones internacionales han estado en contra de este proyecto de
ley y recordó que “la mayoría de los 211 mil integrantes del Ejército están en
contra de la ley”.
Poco antes
de la votación en lo general, la senadora Luisa
María Calderón Hinojosa subió a la tribuna para defender la decisión de su
hermano, Felipe Calderón, de ordenar el despliegue de militares en Michoacán,
en 2007. “El Ejército no está ahí de manera ilegal”.
Polémica por
el quórum.
En dos
momentos durante la tarde, la senadora Layda Sansores, del PT, pidió que se
hiciera el recuento del quórum, ante la evidente falta de la mayoría de los 128
legisladores. El presidente de la Mesa Directiva, Ernesto Cordero, decidió, en
forma inédita, dar 90 minutos para dar tiempo a que retornaran los senadores. A
las 20:30 horas se registraron 92 senadores en el pleno.
El único
momento tenso de este monólogo entre opositores y defensores fue cuando la
propia Layda Sansores reclamó intervenir “para alusiones personales”. La
senadora del PRI Hilaria Domínguez le reclamó a la campechana que dejara de
faltarles el respeto a los priistas porque ella estuvo un día antes en un
evento de festejo de los trabajadores del Senado y no estuvo pendiente de la
primera lectura de la minuta.
El coordinador de la bancada del PAN,
Fernando Herrera, afirmó que su bancada votaría de manera diferenciada porque
hay senadores que “legítimamente defienden la seguridad de sus estados” y están
a favor de esta Ley de Seguridad Interior.
“Nadie está
totalmente equivocado ni nadie tiene toda la verdad”, afirmó salomónicamente Herrera, prefigurando el voto de los 35
senadores que originalmente tenía la bancada. De estos, al menos los 6
“rebeldes”, encabezados por Roberto Gil Zuarth, Ernesto Cordero y Javier
Lozano, votarán a favor, junto con otros que se sumarán a la aprobación a favor
como Mariana Gómez del Campo, Jorge Luis Preciado y otros que asumieron haber
sido “convencidos” por los gobernadores del blanquiazul.
A nombre de
la Comisión de Gobernación, la priista Cristina Díaz insistió que el dictamen
“no pretende que las fuerzas armadas estén al frente de las acciones de
seguridad de manera permanente”. “¡Hay que decirlo fuerte! ¡Hay que decirlo
claro! No existe mayor medio de control que el estricto apego a la legalidad y
al Estado de derecho”, arengó.
La
legisladora priista volvió a perder la paciencia en el pleno cuando la senadora
Layda Sansores les reprochó a los de tricolor no estar al pendiente del debate.
Desde su curul gritó que ella ha estado al pendiente. Algo similar ocurrió un
día antes cuando perdió el control en la sesión de las comisiones unidas.
El priista
Ernesto Gándara Camou, de la Comisión de Seguridad Pública, habló a favor del
dictamen resumiendo los nueve cambios a los artículos que provenían de la
Cámara de Diputados, pero no respondió a ninguna de las críticas que argumentó
la oposición.
Opositores
con argumentos acaparan la tribuna.
A lo largo
de la sesión, la mayoría de quienes ocuparon la tribuna fue para argumentar en
contra de la Ley de Seguridad Interior, al tiempo que PRD, PT-Morena se
reservaron los 34 artículos para discutirlos en lo particular, después de la
aprobación en lo general.
La senadora Dolores Padierna mostró
gráficas sobre el incremento de la violencia y la inseguridad desde que se
desplegaron los militares en todo el territorio y afirmó que se trata de
aprobar esta ley para operar “una sucesión presidencial militarizada”.
El
coordinador de los senadores del PRD, Luis Sánchez, subrayó que esta ley crea “un nivel intermedio entre el Estado normal
democrático y el Estado de excepción”, pero sin controles civiles efectivos.
El senador
Alejandro Encinas, ahora independiente, insistió
en que aprobar esta ley constituía un “error histórico” porque “la mano dura ha
fracasado y hay que asumir que la militarización de las tareas de seguridad
pública también”.
“No queremos una guerra sucia en el
2018. No queremos al Ejército en la vida política de la nación”, insistió el exjefe de Gobierno
capitalino.
Por su
parte, Manuel Bartlett, coordinador del PT-Morena, hizo un extenso recuento de cómo desde 1996 hasta la fecha se han
aprobado leyes para configurar “un Estado policiaco-militar, subordinado a los
intereses transnacionales y que implican un estricto control social”.
Bartlett reveló que este día los secretarios Luis
Videgaray y Miguel Ángel Osorio Chong se reunieron con funcionarios del
gobierno de Donald Trump, presidente de Estados Unidos, para comprometer la
aprobación de la Ley de Seguridad Interior.
“Con esta ley estamos completando la agenda
de la seguridad nacional de Estados Unidos”, afirmó. Y en tono doctoral, el
senador poblano les dijo a los senadores: “se
llama guerra de cuarta generación silenciosa y cuenta con el apoyo de todos
ustedes”.
La senadora
Angélica de la Peña, del PRD, reiteró
que existen “argumentos falaces” a favor de la ley. “No hay excepcionalidad
cuando en más del 75 por ciento del territorio nacional las fuerzas armadas
están en labores de seguridad pública”, afirmó la legisladora que más insistió
en incorporar las exigencias de decenas de organizaciones de derechos humanos
para suspender esta ley.
La seguridad interior es “un concepto
ambiguo, oscuro e híbrido” entre seguridad pública y seguridad nacional, argumentó De la Peña, quien también lamentó “la simulación del diálogo” de la
mayoría priista y de Enrique Peña Nieto.
De la Peña
les reprochó: “no hay que partidizar un
tema como éste, pero, ni modo, hoy con su decisión ustedes están partidizando”.
Por su parte,
el senador panista Víctor Hermosillo, uno de los más firmes opositores, sentenció que esta ley constituye “la joya
de la corona del fracaso de la administración de Enrique Peña Nieto”.
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