Darío
Ramírez.
Hay un bien
preciado y escaso en política que es la “credibilidad”. Cuesta obtenerla y más
sostenerla.
El bono de
credibilidad a Andrés Manuel López Obrador es el más grande de la historia
otorgado a un presidente. El 53% del electorado creyó en su proyecto, en su
partido, en sus colaboradores para cambiarle el rumbo al país. Hubo –y no se
puede negar- un voto de castigo que benefició a AMLO pero al final la
credibilidad de un importante sector se le otorgó. Pero que algo quede claro,
al minuto que terminó la campaña electoral y se declaró un ganador, la
credibilidad está a prueba. Guste o no guste.
Sin embargo,
el movimiento de Morena no es monolítico, a pesar de que todas las barbaridades
que puedan hacer sus miembros le pasen factura al presidente electo.
Hacer cosas
malas que parecen buenas. Hacer cosas que claramente son malas sin medir sus
consecuencias, solamente porque se tiene mayoría y un efímero bono de
credibilidad.
Un golpe a
la credibilidad morenista se suscitó en Tabasco, tierra de AMLO.
El jueves 4
de octubre, la LXII Legislatura del Congreso del estado de Tabasco –donde
Morena es mayoría- modificó la Ley de Obras Públicas y la Ley de Adquisiciones
de la entidad para privilegiar las adjudicaciones directas en obra pública y
servicios “con la finalidad de agilizar los procedimientos en los casos
relacionados con proyectos y obras que provengan de Empresas Productivas del
Estado” en materia de energéticos, entiéndase Pemex y CFE. La propuesta fue
presentada por la diputada local de Morena, Nelly Vargas, con el propósito,
según argumentó, de “agilizar los procedimientos”.
El
gobernador electo, Adán Augusto López, reafirmó que la medida era para hacer
más ágil los trámites burocráticos. Esta afirmación implica una profunda
ignorancia sobre los cimientos en los que descansa la burocracia.
Nadie está
en contra de la agilidad administrativa. De hacer de la administración pública
algo efectivo y alejar del calvario de los trámites a inversionistas y sociedad
en general. Sin embargo, la aprobación con la mayoría de Morena no solo es
inconstitucional y entra en contradicción con otros ordenamientos jurídicos,
sino que toca el centro del quehacer público que es: la transparencia y
rendición de cuentas.
El hecho de
que durante la administración de Peña Nieto se haya conocido que los concursos
públicos de obras y servicios se amañaban en aras de beneficiar a conocidos o
familiares, no quiere decir que se tiene que abandonar la competencia entre
proveedores y asegurar, a través de una competencia transparente, que el estado
trabaje con el mejor proveedor. La adjudicación directa hace que la autoridad
discrecionalmente pueda decidir a quién le vende y esa persona, como no tiene
competencia, puede inflar los precios y abrir una enorme práctica corrupta.
La adjudicación
directa es el camino directo hacia la corrupción, clientelismo y opacidad del
gasto público. Lo que se hizo en Tabasco es una mala señal para la conformación
de un régimen donde la transparencia y rendición de cuentas son la piedra
angular del ejercicio de la administración pública.
Según
expertos el diseño de contrataciones, recién aprobado, va contra principios
constitucionales como la honestidad del gasto público del artículo 134, o el
principio de competencia económica que está en el artículo 29.
Al parecer,
esta nueva ley estatal ya tendría dedicatoria: la compañía norteamericana
Bechtel, que dirigió la construcción de la refinería Jamnagar en Gurujat,
India, que es el modelo propuesto por el equipo de López Obrador para la
refinería de Dos Bocas. Ejecutivos de Bechtel ya se reunieron con López Obrador
y sería la única compañía capaz de replicar el modelo de esa refinería en
México en el lapso prometido de tan sólo tres años.
Hacer las
cosas diferentes y bien implicaría caminar en el sentido contrario. Abrir la
información, transparentarla. Si los procesos de licitación que tenemos hasta
ahora no han funcionado del todo, lo que deberíamos estar pensando es cómo
mejorarlos y no regresar a prácticas que sabemos que no generan más que
prácticas corruptas.
La bancada
de Morena en Tabasco le ha asestado un golpe a la credibilidad de AMLO. No es
grande y definitivo, pero abona para darle a los detractores del próximo
gobierno herramientas municiones de alto calibre para dispararle a la
credibilidad. Bien delicado y escaso.
Perdone la
obviedad, pero prometer hacer las cosas diferentes implica: hacer las cosas
diferentes para mejorarlas.
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