Martín Moreno.
Más allá de la evidente
exageración y crucifixión por parte de plumas y voces que ayer cerraron los
ojos y el pico con los escándalos de corrupción del peñismo (Casa Blanca,
Odebrecht, Estafa Maestra, por citar algunos), y que hoy se erigen en paladines
de chocolate de la libertad de expresión condenando sin piedad los errores de
López Obrador y de su equipo (mañana leeremos, seguramente, su indignación
rabiosa por que AMLO estornudó tres veces o por cualquier otra nimiedad), lo
cierto es que el Presidente electo ha tenido, respaldado o solapado, algunos
yerros que le han costado puntos ante la opinión pública y, lo más grave,
desgastado de una manera preocupante su discurso y autoridad a solo 50 días de
tomar posesión del cargo.
Estéril resulta no
considerar los errores de AMLO y de su propio equipo. Imperativo, que en lugar
de seguirse declarando víctimas de un complot o de la mala fe de sus
adversarios políticos, aterricen ya de la borrachera del uno de julio y hagan –
empezando por el jefe-, una profunda autocrítica para llegar fortalecidos a la
Presidencia. Ignorar o soslayar los reclamos, solamente llevaría a polarizar al
país, aun antes de arribar al poder.
Echemos, pues, un vistazo a esos lastres que tarde o temprano
deben descargarse:
VERBORREA. López
Obrador debe hablar menos. Mucho menos. Ya tendrá seis años para explayarse.
Debe recordar que hoy por hoy, aún es Peña Nieto el Presidente en funciones y
que el exceso de protagonismo solamente ayuda a EPN a tener un perfil más bajo
y terminar su gestión como lo quiere el mexiquense: sin tanto ruido. AMLO está
sufriendo un desgaste innecesario, sin que ninguno de su primer círculo se lo
advierta. Únicamente debería hablar en público cuando realmente el asunto lo
amerite. Lo demás, debe manejarse vía secretarios propuestos, vocero o
comunicados. De continuar opinando hasta del Horario de Verano, el desgaste de
discurso e imagen seguirá profundizándose.
AMNISTÍA. Si bien hay
muchos presos de manera indebida, la ambigüedad con que AMLO, Durazo y Sánchez
Cordero han expuesto en qué consistirá realmente la amnistía a criminales, sin
precisar con puntos y comas lo que están proponiendo, deja muchas más dudas que
certezas para los ciudadanos. Mientras en el aire siga flotando la percepción
de que el nuevo gobierno amnistiará a delincuentes, los bonos del
lopezobradorismo seguirán bajando.
FIFÍS. “Que tiene
modales y actitudes delicados y exagerados”, define el diccionario a la palabra
“fifí”, utilizada por el propio AMLO para calificar a cierto sector de la
prensa crítica a algunos de sus dichos y hechos, particularmente dirigida al
diario Reforma. Mal hizo AMLO en colgar ese término despectivo a sus críticos,
generando un encono innecesario entre sus seguidores y detractores, derivando,
inclusive, en actitudes clasistas, discriminatorias y racistas, como se vio el
fin de semana cuando la panista Mariana Gómez del Campo festinó y difundió en
TW un cartón en el cual aparecían dos perrillos (uno blanco y otro negro), con
las leyendas “Fifí de Raza” y “Fifí de Ocasión”. Aquellos que aún no superan el
arrollador triunfo de López Obrador, se cuelgan de la ola “fifí” para regar su
veneno. En todo caso, AMLO debería estar agradecido con Reforma: sus encuestas pre uno de julio siempre lo
mantuvieron arriba y justo con el porcentaje promedio con el cual ganó la elección,
evitando así que otros encuestadores afines al sistema priista manipularan
como, sin duda, lo hicieron en 2012.
PERDÓN. El espíritu
del voto en la pasada elección presidencial fue un rechazo absoluto a la
corrupción en general y, en lo particular, a la de Peña Nieto y su equipo. El
discurso de AMLO anti corrupción prendió, fue aplaudido y generó esperanza de
que, por fin, habría cárcel para quienes han saqueado al país. Sin embargo,
esta ilusión se ha comenzado a difuminar, sobre todo cuando AMLO arengó el
pasado 14 de septiembre: “No vamos a meter a la cárcel a algún famoso”. Es
decir: ¿no se investigará a Peña, a Rosario Robles, a Lozoya, a Odebrecht, a la
Estafa Maestra, a César Duarte, a Miguel Ángel Mancera, por citar tan solo a
algunos pillos? Está empeñada la palabra de AMLO, y si la incumple, será
considerada como una burla más para millones de mexicanos, abonando así a lo
que tanto fustigó AMLO en su campaña: la impunidad sin castigo.
YAÑEZ. Tras el
escándalo agraviante a la austeridad republicana enarbolada por AMLO y su movimiento,
César Yañez se encargó de darle un balazo en el pie a su amigo y líder,
mostrándose en la portada de la revista ¡Hola! como, en su momento, lo hicieron
La Gaviota y sus hijas, o personajes tan desprestigiados como Javier Lozano. La
portada de ¡Hola! era el espejo del despilfarro financiero, de la corrupción y
del clasismo de los políticos mexicanos, y en ese espejo, se fue a reflejar
Yañez y su ahora esposa. El daño hacia la credibilidad de AMLO ha sido letal,
trascendiendo, inclusive, a la prensa extranjera. Yañez cometió un error
garrafal y en política, suelen tener un costo. A su regreso de la luna de miel,
Yañez debería hacerse a un lado de la estratégica Coordinación General de
Política y Gobierno que le ofreció el Presidente electo, pues su autoridad,
legitimidad y congruencia quedaron hechas trizas. Si se aferra al cargo, será
un punto débil permanente para el nuevo gobierno. Ya veremos qué tan amigo de
AMLO es el tal Yañez.
FOROS. Haber cancelado
los Foros por la Paz en cinco estados azotados por la violencia, fue un
desacierto monumental, abriendo otro flanco negativo al nuevo gobierno, y
dejando al colosista Alfonso Durazo como un futuro secretario de Seguridad
Pública incapaz de coordinar foros y “sistematizar las propuestas” (¿?) al
mismo tiempo. Si esa dualidad no la pudo lograr Durazo, mejor sería que también
tirara el arpa, porque si con esos titubeos y yerros pretende enfrentar al
poderoso crimen organizado, pues vayámonos preparando entonces para otro
sexenio de sangre.
CNTE. La empoderada
coordinadora sindical ya mordió a quien la revivió (AMLO) y reventó con
violencia y cantando el himno al socialismo el Foro Educativo en Acapulco. Si
resucitada querrá imponer por la fuerza sus caprichos, y si AMLO ya no podrá
controlarla, bien haría Esteban Moctezuma en explicarnos, de una vez, en manos
de quien quedará la educación de millones de niños mexicanos.
ENERGÍA. Más allá del
debate necesario sobre refinerías, petróleo y fracking, incluyendo el rechazo
de AMLO a este último sistema, la duda sigue siendo: ¿Es el ingeniero agrónomo
Oropeza y el abogado Bartlett los profesionalmente adecuados para manejar Pemex
y la CFE, respectivamente? ¿Acaso no había otros especialistas o expertos más
capaces, con mayor experiencia e idóneos para estas áreas estratégicas y claves
para el desarrollo nacional? ¿Por qué seguir politizando a un sector que
requiere de personal especializado a la cabeza? Ambos nombramientos de amigos
de López Obrador fueron, sin duda, rechazados por la mayoría.
VELASCO. La influencia
del joven y ambicioso gobernador-senador Manuel Velasco Coello sobre AMLO, cada
día es mayor, y causa recelo aun en el primer equipo del Presidente electo.
Razón no les falta: Velasco es un oportunista. Ayer, aliado incondicional de
Peña Nieto. Hoy, aliado incondicional de AMLO. ¿Se puede confiar en un tipo que
tiene a las palabras traición e incongruencia como métodos de gobierno?
MAYER. Hoy mismo, el
stripper Sergio Mayer debería renunciar o ser separado de la Comisión de
Cultura de la Cámara de Diputados. Su presencia allí es un insulto a la cultura
nacional y a la inteligencia. Es otro eslabón débil para la IV Transformación.
No tiene remedio.
De continuar AMLO bajo la misma dinámica, su desgaste será
tan brutal que el uno de diciembre veremos a un Presidente disminuido y
envuelto en escándalos innecesarios. Y lo más grave: si hay visos de que
faltará a sus promesas de campaña, que no se investigará a los corruptos, el
enojo por la burla será mayor.
AMLO debe recordar que
el que a hierro mata, a hierro muere.
Y las elecciones
intermedias del 2021 serán referéndum, para bien o para mal, de su gobierno,
justo a la mitad del camino.
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