Los campesinos
desplazados del municipio de Aldama, Chiapas permanecen aislados en el
campamento al que fueron obligados a huir a principios de este año. Al salir a
trabajar en los cafetales o a comprar alimentos corren el riesgo de ser
baleados por grupos paramilitares, que permanecen a lo largo del camino para
atacarlos a su paso.
Desde hace tres semanas
temen salir también ante la posibilidad de ser detenidos, pues les fueron
giradas siete órdenes de aprehensión por homicidio y asociación delictuosa,
según su representante, Cristóbal Santiz.
En esa zona los ataques
armados son frecuentes desde 2016, cuando revivió un conflicto territorial que
data de la década de 1970 entre las comunidades de Santa Martha y Aldama, que
disputan 60 hectáreas de terreno cafetalero.
Sin embargo, Santiz
asegura que la violencia arreció el miércoles pasado y no ha cedido hasta la
fecha. Producto de ese reciente ataque, dos comuneros resultaron heridos en un
brazo y el torso, respectivamente. La noche del domingo, incluso, los comuneros
advirtieron un intento de entrar a sus campamentos.
Ante estas amenazas,
las 780 personas desplazadas evitan salir más que para lo indispensable, aunque
dentro de sus campamentos varios niños y ancianos ya presentan diarrea y
enfermedades respiratorias. Al mismo tiempo, se les acaban los recursos para
adquirir alimentos y medicinas, ante la dificultad de cosechar el café y las
pérdidas que han tenido cuando salen huyendo de las balas sin poder llevarse la
cosecha.
El gobierno municipal les
ha enviado algunas tandas de alimentos y medicinas durante los ocho meses del
conflicto agrario que los mantiene fuera de sus comunidades, pero estas se
acaban y desde hace un mes no han llegado más, según Santiz.
“El pasado miércoles
comenzaron disparos fuertes cuando fueron unas 25 o 30 personas a levantar la
cosecha de Xuxchén. Como a las 11 de la mañana, cuando fueron vistos por los
grupos agresores de la comunidad de Santa Martha, nos empezaron a disparar en
los cafetales, cuando estábamos trabajando. Tuvimos que salir como se pudiera,
dispersos, abandonamos lo que hemos recolectado en los cafetales. Llevábamos un
carro y camionetas y regresamos caminando porque en el trayecto recibimos los
disparos”, cuenta
Cristóbal Santiz vía telefónica.
Los comuneros denuncian
que el gobierno no ha actuado en ningún nivel, municipal ni estatal para
protegerlos de estos ataques. Santi asegura que el secretario de gobierno de
Chiapas, Carlos Mario Culebro les dio la razón en el conflicto agrario, les
dijo que las tierras son suyas y los pobladores de Santa Martha se las deben
devolver, pero hasta el momento ninguna acción oficial ha procurado que esto se
cumpla. Animal Político solicitó la versión del secretario de Gobierno, pero
hasta el momento no ha recibido respuesta.
Azalia Hernández, coordinadora de Comunicación del Centro de
Derechos Humanos Fray Bartolomé de las Casas -organización que está apoyando a
las personas desplazadas- confirmó que
en el municipio de Aldama los disparos continúan y la violencia se intensifica
porque empezó la temporada de cosecha de café, y los agresores están impidiendo
a los campesinos cosecharlo, lo que está limitando cada día sus recursos
económicos. Por ello, el Centro publicó
un llamado urgente al gobierno estatal de Manuel Velasco para que proteja la
vida, integridad y seguridad de los campesinos.
Un acuerdo olvidado.
El conflicto entre los
pobladores de Aldama y los de Santa Martha, Chenalhó se debe a un terreno
compartido entre ambos poblados. En 2009, ambas partes firmaron un acuerdo ante
el Tribunal Unitario Agrario para ceder a Aldama 60 hectáreas de ese
territorio, 40 de las cuales se usan para sembrar café y las otras 20 para maíz
y otros productos, señala el representante de los comuneros. El acuerdo
otorgaba a Santa Martha una indemnización de un millón 300 mil pesos por los
terrenos entregados a Aldama, sin embargo, en 2016 volvieron las agresiones
armadas con el fin de recuperar ese territorio, según el relato de Santiz y las
publicaciones del Centro Fray Bartolomé. Debido a la violencia, los pobladores
de Aldama se vieron obligados a dejar sus casas y permanecen resguardados en
otros cafetales, en cuevas, en campamentos cubiertos sólo por lonas o con
familiares de municipios cercanos.
El conflicto ha dejado
hasta el momento tres muertos, un adulto y sus dos hijos menores de edad que
fueron baleados en abril pasado, y cinco heridos. Los más recientes son
Emiliano Santiz Hernández, de 26 años, poblador de la comunidad de Coeztzinam
que fue alcanzado el pasado miércoles por una bala en el brazo izquierdo,
mientras trabajaba en sus cafetales.
El sábado fue herido en
el torso Héctor de Jesús Sánchez Pérez, de 21 años, cuando regresaba del
trabajo en el campo. Los hospitales más cercanos para trasladar a los heridos
en esa zona, según Cristóbal, están en San Andrés Larráinzar, a media hora de
Aldama, en San Juan Chamula, a 40 minutos y en San Cristóbal de las Casas, a
una hora.
Sánchez Pérez fue
trasladado al más lejano porque en San Juan Chamulla le dijeron que no había
doctores ni material de curación.
El representante
asegura que dentro de las 60 hectáreas invadidas hay 115 comuneros que
desplazaron a siete familias con agresiones y amenazas. “Cuando terminó la
cosecha talaron todos los cafetales, le echaron machete hasta a los árboles
grandes, que son la sombra del café; empezaron a agredir a las familias que
vivían ahí, los amenazaron con matarlos, quemar sus casas y lo cumplieron”, cuenta Santiz.
Aunque siguen desplazados,
los comuneros se ven obligados a salir y transitar por un camino
permanentemente vigilado por los agresores, ya que es el sendero hacia sus
cafetales. Es ahí cuando les disparan. Los pobladores huyen, pero regresan
intermitentemente a intentar recuperar la cosecha, o por alimentos y medicinas.
Han intentado protegerse con brigadas de vigilancia en los caminos, pero las
únicas armas con que cuentan para defenderse son machetes, palos y piedras.
“Si detectamos luces o
algún ruido en los caminos, nos movemos todos para que la gente se prepare para
salir si es necesario. También en las comunidades aledañas pusieron una señal
de que estamos vigilando la comunidad. Tocamos silbatos o campanitas. Así nos
comunicamos”, cuenta
el vocero.
Cuando las amenazas de
ataque son inminentes lo han reportado al destacamento de policía en Santa Martha,
pero no han conseguido hasta el momento que la policía vigile de manera
permanente, aunque se escuchan disparos casi todos los días.
La otra amenaza: el hambre.
En Aldama han empezado
a escasear los alimentos, ya que los trabajadores no pueden levantar sus
cosechas de café ante el peligro de los disparos, y por lo tanto no pueden
vender su producto a los compradores que solían llegar a sus comunidades. “Van
a sufrir mucha hambre ya este año”, lamenta Cristóbal.
Agrega que en los
campamentos los niños y adultos mayores se enferman de diarrea y de gripe, y
los apoyos médicos han sido intermitentes, igual que las clases, que se
suspenden por semanas porque los maestros tampoco quieren acudir a las escuelas
por el temor de ser atacados. En la comunidad de Xuxchen, cita Cristóbal como ejemplo,
no hay clases desde hace un mes.
El gobierno municipal
les ha llevado alimentos, pero no de manera permanente, situación que empeoró
con el cambio de gobierno. El pasado 1 de octubre tomó posesión el nuevo
presidente municipal de Aldama, Ignacio Pérez Girón, y su administración no ha
entregado nada argumentando que aún no han sido liberados los recursos.
Santi dijo que en mayo
pasado hubo un encuentro entre las partes en conflicto para intentar
resolverlo, cuyo único resultado fue la firma de una minuta en la que las
autoridades de Santa Martha se comprometieron a impedir que sus pobladores
sigan disparando, pero no han cesado las agresiones. “No ha habido avance
porque son muy violentos, tiene que intervenir el gobierno o que ponga el
estado de derecho”, señala Santiz.
En lugar de eso, asegura el representante, la autoridad judicial emitió órdenes de
aprehensión contra siete de los comuneros desplazados, cuatro de los cuales son
o han sido en el pasado representantes comunitarios. Los delitos señalados son
homicidio calificado y asociación delictuosa, y aunque hasta el momento ninguno
ha sido detenido, los abogados de los Comités de Acompañamiento de Desplazados
Forzados están tramitando amparos para evitar su encarcelamiento.
“El gobierno no nos quiere
resolver porque nos quiere mandar a otro lugar, mandarnos a otro terreno, pero
nosotros no aceptamos. También nos quiere pagar las 60 hectáreas, pero nosotros
no queremos porque hay familias que es lo único que tienen”, puntualizó
Cristóbal Santiz.
La directora de Comunicación del Centro Fray Bartolomé
informó que el próximo miércoles presentarán un informe a un año del
desplazamiento de los comuneros de Chalchihuitán, uno de los tres municipios
afectados por el conflicto agrario, junto con Aldama y Chenalhó.
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