Por Gustavo
De la Rosa.
Muchas veces se dijo que la
corrupción en México era sistémica, ahora lo vimos.
Qué largas y profundas son las raíces
del robo de combustible, qué mezquina la actitud de los adversarios del Presidente
que aprovechan las incomodidades implícitas de la guerra contra la corrupción
para azuzar a los ciudadanos contra el Gobierno federal, y qué perversidad la
de quienes impulsan a los pobladores con grandes necesidades a poner en riesgo
sus vidas por ingresos.
Qué maldad tan insensata la de quien
aprovecha la tragedia, la imagen del dolor y la impresionante carrera hacia la
muerte para lucrar políticamente; qué imbéciles los que escriben en las redes
burlas, sentencias o afirmaciones nacidas de la ocurrencia, y qué poco respeto
se guarda por quienes han perdido la vida.
Este no es el México, o la gente, que
aprendí a querer y por quien sentí orgullo desde mi infancia.
Los insensatos que actúan sin
sentimientos me causan náusea, vergüenza y coraje. A ustedes les digo: estamos
frente a una enorme tragedia y un gran esfuerzo para recomponer el país,
mírense a sí mismos y por favor sean sensatos y más decentes.
Ante la tragedia primero cordura,
después una investigación profunda y objetiva, y finalmente la consabida
sanción a los culpables.
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