Javier Risco.
La nota ha pasado desapercibida, no
recuerdo que algún diario de circulación nacional la haya retomado en primera
plana o que incluso haya saltado a la agenda de los medios electrónicos, en
redes quedó la indignación en un par de tuits y a mí me sigue pareciendo uno de
los escándalos más grandes de los últimos años en nuestro país –y vaya que eso
es algo teniendo en el archivo casos como el de los exgobernadores Javier
Duarte, Roberto Borge y asociados–, hablo del caso del exfiscal de Nayarit,
Edgar Veytia.
Le refresco
un poco la memoria citando una columna que escribía en este mismo espacio en
septiembre pasado: “Edgar Veytia es el
exfiscal del estado de Nayarit. Fue responsable de la seguridad de un millón
200 mil mexicanos desde 2013, y estuvo presente en Consejos de Seguridad de
alto nivel de manera frecuente. Este hombre le dio la mano al presidente de la
República, Enrique Peña Nieto; diseñó estrategias contra el crimen organizado
junto al entonces secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong; se
sentó con procuradores generales; conoció planes de la Secretaría de Marina y
de la Secretaría de la Defensa Nacional; a su cargo tenía cientos de policías
estatales y manejó millones del presupuesto de seguridad”.
Después de esta introducción podrá
ver la dimensión de responsabilidades de un fiscal estatal y lo que significó
su detención el 29 de marzo de 2017 en San Diego, California. Veytia fue
detenido por las autoridades estadounidenses acusado tres cargos de
conspiración para introducir y comercializar cocaína, mariguana, metanfetaminas
y heroína en la unión americana, actividades que habría realizado al amparo del
Cártel de Los Dámaso, una célula del Cártel de Sinaloa.
¿En qué va la trágica historia del
exfiscal narco? Hace unos días, Edgar Veytia se declaró culpable de los cargos
de narcotráfico que enfrenta en una corte de Nueva York. De acuerdo con
información publicada por la agencia Notimex: “Veytia admitió haber recibido
dinero de los cárteles del narcotráfico a fin de ayudarles a ingresar a Estados
Unidos drogas como cocaína, heroína y metanfetaminas. Su colaboración con los
cárteles, a los cuales no identificó, se habría producido entre 2013 y 2017”.
De acuerdo con las autoridades estadounidenses, el exfiscal también hizo
arreglos para evitar el arresto de narcotraficantes o para que fueran
liberados.
No puedo imaginar una historia más
icónica en este país para representar la corrupción y las manos del
narcotráfico en las esferas más altas de seguridad. ¿Cómo pudo pasar todos los
exámenes de confianza realizados por el gobierno federal? ¿Cómo la inteligencia
mexicana no pudo detectar a un fiscal que traficaba con cocaína, mariguana,
metanfetaminas y heroína? ¿Qué nivel de responsabilidad tiene el exgobernador
de Nayarit, Roberto Sandoval, al tener como mano derecha a un narcotraficante?
¿Por qué Estados Unidos logró armar un expediente sólido para su detención?
En media discusión
sobre los alcances de la Guardia Nacional, el
caso Veytia sirve para replantear no sólo las funciones en tierra de miles de
elementos, sino la selección de los altos mandos, poner sobre la mesa un plan
integral que incluya evaluación periódica, una revisión de los exámenes de
confianza y una fiscalía capaz de investigar eficientemente a cualquier cargo
de alto nivel.
Tal vez lo más grave del caso Veytia
ha sido su poca difusión, la poca sorpresa que ha causado que un fiscal haya
aceptado haber trabajado con el narcotráfico y que tanto el gobierno de Peña
como el de López Obrador no se hayan pronunciado por una investigación profunda
y necesaria de las redes tejidas por el fiscal. Tierra de impunidad, en nuestro
país la vida es más sabrosa, hoy en Estados Unidos duerme un fiscal que durante
cuatro años protegió a más de un millón de mexicanos y le dio sonriente la mano
al presidente en turno mientras Los Dámaso le apodaban El Diablo.
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