Gustavo De
la Rosa.
Ciudad Juárez ha enfrentado
circunstancias muy difíciles que le han dificultado seguir adelante y
progresar, como administraciones de Gobierno que no hacen más que estorbarle a
una población trabajadora que se activa desde las cuatro de la mañana y termina
su movimiento hasta las dos de la mañana, cuando regresan a casa los obreros
del segundo turno.
No son parranderos trasnochados, sino
hombres y mujeres que salen a producir infinidad de mercancías para que las
empresas trasnacionales aquí instaladas mantengan sus índices de ganancia, y lo
hacen por menos de un dólar la hora de trabajo, comida y aire acondicionado en
la fábrica; por eso cuando a esta población se le carga la mano de la muerte,
es adecuado decir que el Gobierno ya entregó la ciudad a los delincuentes.
El último
fin de semana viajé de Chihuahua a Juárez entre las 11 p.m. y las 3 a.m. y,
aunque acababa de pasar el día 10 de mayo (fecha que muchos aprovechan para
visitar a sus madres fuera de la ciudad) y entre ambas urbes deben existir
cerca de 600 mil vehículos con derecho a transitar entre sí, cuando llegué a mi
destino, después de 360 km de carretera, caí en cuenta que me tocó ver un solo
automóvil particular (aparte de tráileres y vehículos de carga). Nadie viajó
entre una ciudad y otra en un día de fiesta por el que normalmente se
abarrotarían las carreteras.
Es porque se
vive bajo el miedo y el terror.
Durante la semana, entre el lunes y
el jueves se reportaron nueve homicidios y el fin de semana se registraron 28
más; en Jiménez dos niños de 10 años que acudían a la escuela primaria fueron
alcanzados por el fuego cruzado, uno de ellos murió.
La situación en el Estado de
Chihuahua es otra vez de emergencia, otra vez es un Estado sin Gobierno y la
delincuencia actúa impunemente, y otra vez debemos encerrarnos en nuestras
casas. Pero Juárez también tiene la fuerza del Fénix, para levantarse de sus
cenizas en el fuego del verano.
La fórmula juarense es sencilla,
aunque requiere que todas las partes cumplan; debe iniciarse un proceso de
contención del delito mediante una estricta colaboración entre la ciudadanía
organizada y las autoridades federales, estatales y municipales, con un plan
específico de acción y medición. Si no se logra esta colaboración, no funciona
el modelo que ya nos rescató una vez de la violencia.
Pero, aunque tenemos la fórmula y las rutas
críticas a seguir para recuperarnos, las autoridades de los tres niveles
simplemente no se comunican entre sí.
Recientemente se dio una
confrontación a raíz de la orden de un juez de la Ciudad de México de trasladar
a “La Coneja” Gutiérrez para allá: Policías estatales arriesgaron su pellejo
enfrentando a los federales que estaban a cargo de llevar al señalado al
aeropuerto. Y el día siguiente el gobernador Corral envió un mensaje enérgico
jurando a los chihuahuenses que defenderá, con todos los recursos legales a su
alcance, el derecho de Chihuahua a enjuiciar y sentenciar a La Coneja.
Nada dijo toma de la toma del Estado
por la delincuencia; ni él, ni el secretario de Gobernación, ni el presidente
municipal se dieron por enterados de la cantidad de homicidios sucedidos en
estos días.
Parece que en Chihuahua vale más una
coneja que la vida de sus habitantes.
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