Iniciar una política económica que
busque realmente erradicar la pobreza y disminuir la desigualdad, tendría que
tomar en cuenta los problemas que ha generado la baja movilidad social, señaló
el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY).
Este concepto se refiere a las
oportunidades que tienen las personas de cambiar su condición socioeconómica.
En México estas son las cifras: claramente la condición de origen determina el
destino de las personas y así, siete de cada 10 mexicanos que nacen pobres,
serán pobres toda su vida.
Y los que nacen ricos tienen todas
las posibilidades de serlo siempre.
Esa realidad
habla de una perpetuación de la desigualdad de oportunidades para los sectores
más rezagados.
“Eso se da en un contexto de alta
desigualdad que se acompaña de una dinámica de crecimiento económico mediocre”,
se puede leer en el estudio “El México de 2018”, elaborado por el CEEY.
Este problema es peor en mujeres: con
ellas la movilidad es más limitada, por lo que tienen más probabilidades de
quedarse pobres.
Y con las mujeres con ingresos más altos,
ellas tienen probabilidades más altas de caer a sectores de menos ingresos.
Son 2 millones de mujeres las que
actualmente son excluidas del mercado laboral y no son por causa de edad o
nivel educativo, ya que la mayoría son menores de 30 años y el 66 por ciento
tiene por lo menos la secundaria.
“¿Dónde están? Son invisibles o no se
reconoce el trabajo que están haciendo. Este es un tema de justicia económica”, señaló Vélez.
Según el
estudio las mujeres en México cargan con
el rol que la sociedad les asigna por el simple hecho de ser mujeres.
En general, sólo 4 personas de cada 100 logran salir
del sector más bajo de ingresos y llegan al más alto.
Todo esto
genera también la noción en las personas de que hay cosas a las que no puede
acceder.
Uno de los factores que ayudan a
erradicar este problema es la educación, sin embargo, el 56 por ciento de la
desigualdad de oportunidades tiene que ver con el antecedente familiar. Eso se
ve reflejado en que sólo el 5 por ciento de hijos de padres que no son
profesionistas llegan a serlo.
En este
sentido el estudio sostiene que más que
en la cobertura, se tiene que trabajar en la calidad de la educación y en
focalizar la inversión en materia en las zonas más rezagadas.
“En educación el problema no es la
cobertura, sino la calidad. La educación ya no es el motor de la movilidad
social […] si hay una Reforma Educativa, ¿cómo se trabaja con ella? Se deben
evitar recortes y revisar cómo se está gastando”, explicó Velez.
Otra manera de erradicar el problema
es la seguridad social por el 69 por ciento de la población que está en el
sector informal.
Además,
porque se detectó que de los que tienen
más cobertura son los que están en los sectores más altos.
Entre las
propuestas, que se compartirán a los candidatos presidenciales, están la
promulgación de una reforma fiscal que busque eliminar la informalidad; un
sistema de protección social que debe unificar y universalizar; avanzar en la
cobertura, calidad y permanencia del sistema educativo, sobre todo en la
educación media superior; políticas públicas para promover un mercado laboral
flexible y seguro y un sistema financiero con mayor penetración y más
competitivo.

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