Adela
Navarro Bello.
En un hilo
narrativo de siete puntos en su cuenta de Twitter, El País América, división
del diario español El País, publicó en los apartados tres y cuatro: “Los
grandes directivos (de grandes empresas mexicanas) consideran que la llegada al poder del líder de Morena supondrá una
ruptura con el statu quo actual y será dañino para la economía mexicana y, por
ende, para sus intereses.
“El objetivo es aumentar en mayo la
sensación de miedo ante la posible victoria de López Obrador y cerrar filas con
el conservador Ricardo Anaya, garante de la continuidad”.
Con tales premisas invitan a los
lectores a consumir la pieza periodística escrita por Javier Lafuente e Ignacio
Fariza, titulada “La élite empresarial mexicana cierra filas con Anaya para
frenar a López Obrador”.
Los
periodistas de El País edición América consultaron
fuentes empresariales, quienes les proporcionaron información, pero solicitaron
no ser mencionados por nombre y apellido en el artículo, así lo dibujaron en un
párrafo los articulistas: “La
estrategia de los grandes empresarios pasa por afianzar una corriente de
opinión contraria a López Obrador, en la medida de que su capacidad de influir
en los trabajadores no es las épocas pasadas. ‘El empresariado como patrón no influye ya tanto’, admite una de las
fuentes consultadas, en sintonía con
asesores cercanos a Anaya. En la campaña del político reformista –la que
más dinero ha gastado- desean el apoyo
empresarial, aunque asumen que per se no pueden revertir una elección”.
Confiaron a
los periodistas su temor en caso de que López Obrador gane las elecciones, lo
cual no ven lejano dadas las múltiples encuestas electorales que lo ubican como
el puntero en la preferencia electoral, empezando en los 15 puntos porcentuales
su ventaja.
Ante el
evidente no despegue de las campañas políticas del resto de los candidatos a la
Presidencia de la República, particularmente el del PAN, Ricardo Anaya Cortés,
y el del PRI, José Antonio Meade Kuribreña, los empresarios han entrado a la justa electoral sin estar en la
boleta.
Ciertamente, y de ello ha alertado no
sin razón, el candidato contra quienes están enfiladas las baterías
empresariales, el de Morena, Andrés Manuel López Obrador: desde ciertas grandes
empresas de México – una minoría- se fragua una campaña para desacreditar al
tabasqueño, sembrar el miedo entre los trabajadores, pedirles hacer conciencia
por quién votarán pues en el futuro podrían perder sus trabajos.
El encono que los empresarios han
propagado contra Andrés Manuel López Obrador no es nuevo. De ellos salió
aquella campaña de que era un “peligro para México”, y ellos son los que en
2012 apoyaron al hoy presidente de la República, Enrique Peña Nieto. No debe
olvidarse que muchos de los votos que marcaron la diferencia provinieron
gracias a la entrega de tarjetas electrónicas con dinero –o la promesa de-
facturadas en empresas de servicios y productos.
Para esta
elección 2018, aun cuando han cambiado las tácticas de ciertos empresarios para
inhibir el voto contra López Obrador, siguen ahí. Lo primero fue publicar un desplegado por parte del Consejo Mexicano
de Negocios, aún sin nombre, sin firma y lanzando por delante a una mujer como
“responsable” de la publicación, para decirle directamente al de Morena “Así
no”, respecto las declaraciones que él hizo contra ciertos y muy mencionados
empresarios, Claudio X. González y Alejandro Ramírez entre ellos, ambos
miembros del Consejo Mexicano de Negocios.
Como suele
suceder en cualquier contienda, aun cuando los empresarios no aparecen en la
boleta y le hacen el juego al resto de los abanderados, López Obrador respondió y los hombres de negocios (pocas mujeres con
ellos), respondieron con otro desplegado, este ciertamente con menos encono,
pero que ocupó cuatro planas en cientos de periódicos a los largo y ancho de la
República Mexicana, empezando por los radicados en la Ciudad de México.
En el
segundo desplegado reflexionaron: “El
país que todos queremos requiere de un liderazgo que convoque a la unidad, no a
la división; que reconozca el México diverso que somos, que esté dispuesto a
escuchar todas las voces y que no genere encono. Todos formamos parte de esta
gran nación y es juntos como debemos de seguir construyéndola”. ¿Raro, ¿no?
Al reunirse en sus empresas con sus empleados, o en alguna instalación de Valle
de Bravo para definir estrategias para contener el arrastre de López Obrador,
los empresarios están actuando en sentido contrario a lo que pregonan e
intentan promover en su desplegado número dos.
Además, es evidente por la publicación masiva de
sus desplegados, que han invertido millones de pesos en publicaciones con la
intención de afectar a uno de los cinco candidatos a la Presidencia de la
República, lo cual causa división y, para más, encono hacia uno de los actores
políticos.
Los empresarios dicen “Así no”, y ASÍ
NO, SE LES DEBERÍA DECIR A ELLOS. No están en la
boleta electoral, no militan abiertamente en partido político alguno, pero
desarrollan campañas mediáticas para acabar con la popularidad de uno y
beneficiar a otros, e invierten en desplegados. Todo lo cual es válido en un
país donde hay libertad de expresión, pero que en este caso, tiran la piedra y
ocultan la cara, el nombre y la empresa.
En el mismo
artículo de El País, los periodistas
reflexionan sobre lo confesado por sus contactos empresariales: que la mejor
opción sería el candidato del PRI, José Antonio Meade, pero que resulta harto
difícil sacarlo del lejano tercer lugar que ocupa en las preferencias
electorales del País. Por descarte, la opción que garantiza “el statu quo”, es
Ricardo Anaya, a quien la campaña contra López Obrador, y los desplegados,
pretenden beneficiar, de acuerdo al artículo del diario español.
El candidato de Morena ha modificado
su discurso. Después de decir que de llegar a la Presidencia de la República no
expropiaría empresas, respetaría la autonomía del Banco de México, y que cree
en la libre empresa, ahora ha dicho que el proyecto del Nuevo Aeropuerto
Internacional de México en el lago de Texcoco continuará, pero de manera
transparente y con inversión enteramente privada. Además, que no está peleado con los empresarios, pero sostiene sus señalamientos
específicamente contra menos de cinco adinerados, los cuales no responden de
manera directa al candidato, como lo hacen en privado.
Orquestar campañas desde las empresas
para infundir miedo entre los empleados, es una táctica, que como las de los
actores políticos que contienden por la presidencia, debería ser transparente,
de frente. La mesa no es pareja cuando no hay comparación entre la cantidad de
recursos que tienen los candidatos a la Presidencia de la República para el
proceso electoral, con las fortunas de ciertos grandes empresarios de México,
por lo menos diez de ellos entre los más ricos del mundo, y dispuestos además,
a invertir lo que sea necesario para manipular la intención del electorado,
particularmente la de aquel que trabaja en sus empresas.
Lo correcto sería que estos
empresarios dieran la cara, y que sus campañas para infundir miedo en el
electorado fueran abiertas. Libres, en un país democrático.
En estas
condiciones, con empresarios provocando
el encono político electoral, y con un candidato respondiendo a las acusaciones
directas, el resto de los abanderados, especialmente el del PAN, Ricardo Anaya
Cortés, y el del PRI, José Antonio Meade, se han quedado callados. Nada dicen
porque es probable que asuman que ellos serán los beneficiarios de esta justa
empresarial. Nada dicen porque no es contra ellos el plan.
Anaya
intenta sacar el mejor provecho vendiéndose como el que va en segundo lugar de
las preferencias electorales, mientras José Antonio Meade se va quedando solo.
No lo apoyan ni los suyos, y él, ciudadano, se deshizo del presidente del
Partido Revolucionario Institucional, Enrique Ochoa Reza, dejando dolidos y
heridos políticos al interior del tricolor.
Los empresarios, así sin nombres
porque sus desplegados van firmados por logotipos, deberían honrar su palabra y
poner en práctica su pensamiento manteniendo un “liderazgo que convoque a la
unidad, no a la división, que reconozca el México diverso que somos, que esté
dispuesto a escuchar todas las voces y que no genere encono”.
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