Jorge Javier
Romero Vadillo.
El martes en Cuernavaca, en el
Instituto Nacional de Salud Pública, se llevó a cabo la consulta temática sobre
política de drogas de los Foros de Pacificación del País y la Reconciliación
que ha organizado el próximo gobierno. Si bien el reparto de ponentes fue
limitado y no se trató de una consulta, sino de una serie de exposiciones a
invitación expresa, el sentido general de la jornada es halagüeño, pues por
primera vez han imperado las posiciones liberalizadoras, sobre todo respecto a
la mariguana, no solo entre los habituales promotores de la reforma de la
política de drogas –que estuvieron representados por Amaya Ordorika, del
colectivo Reverdeser, por Juan Machín y por Javier Mancera de Arrigunaga, de
México Unido Contra la Delincuencia– sino también por los voceros de la próxima
administración, tanto el próximo secretario de Seguridad, Alfonso Durazo, como
también el próximo embajador ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente, y el futuro
subsecretario de Agricultura, Víctor Suárez.
Juan Ramón de la Fuente ha sido desde
hace tiempo un impulsor de la regulación de la mariguana y ha escrito mucho sobre
el tema; así, puede jugar un papel relevante en el principal foro internacional
para hacer escuchar una nueva posición de México sobre política de drogas,
cuando ya es evidente el fracaso del prohibicionismo y los catastróficos
efectos que ha tenido sobre los usuarios de drogas, las sociedades y los
Estados. Pero la posición de Durazo resulta muy importante, porque manifestó
con claridad su talante liberal y su convicción de que se debe despenalizar
completamente el consumo de sustancias, lo cual representa un giro radical en
lo planteado tradicionalmente por los responsables de la seguridad en México.
Sin embargo, en el enfoque de Durazo se siguen asomando los prejuicios y
tópicos que tradicionalmente se escuchan cuando se habla de drogas, como cuando
afirmó que para el gobierno entrante “la drogadicción” es “una enfermedad
social”, pero ello no demerita su posición liberalizadora, que se suma a lo
planteado antes por la próxima secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero.
Como era de
esperarse, el representante de la Oficina de las Naciones Unidas contra las
Drogas y el Delito, Antonino de Leo,
puso el énfasis de su intervención en señalarle al próximo gobierno los
compromisos internacionales que México ha adquirido en materia de drogas y de
los que tendrá que rendir cuentas en marzo de 2019, a lo que De la Fuente
respondió que si bien el gobierno de López Obrador considera relevante cumplir
esos compromisos, tendrá también que establecer sus propias necesidades y su
realidad geográfica y social, por lo que es necesario plantear un nuevo marco jurídico, ante el evidente
agotamiento del actual.
Otro punto
notable del encuentro del martes fue que por
fin se comienza a ver el tema desde la perspectiva de los productores,
tradicionalmente satanizados y criminalizados. Jesús Mendoza habló de la
situación de los campesinos que producen amapola y de la necesidad de su
inclusión económica y social y de garantizar su seguridad. Entre el público
estaba Arturo López Torres, campesino que cultiva amapola en Guerrero y que en
el espacio de preguntas planteó su perspectiva. Frente al tema de los de los
posibles desarrollos alternativos que tradicionalmente se plantean para atacar
a la producción, Hans Mathieu, representante en México de la Fundación
Friedrich Ebert, expuso su escepticismo basado en la evidencia de los fracasos
de ese tipo en programas, como la sustitución de cultivos, en México y en otros
países.
Llama la atención que incluso los
prohibicionistas de siempre, como Carmen Fernández, de los Centros de
Integración Juvenil, quien es incapaz de diferenciar entre uso de drogas y
adicción, ven ya la regulación del cannabis como inevitable, aunque lo hagan
con todos sus temores y prejuicios.
Como bien lo
señaló en el encuentro Juan Ramón de la Fuente, el tema de la mariguana está ya
sobre-diagnosticado. Este ha sido uno
más de los foros y seminarios que desde hace más de una década se han realizado
en ámbitos legislativos, académicos y gubernamentales y las posiciones están ya
bastante claras. La evidencia para echar abajo la prohibición y enfocar el tema
del consumo y el mercado de sustancias psicotrópicas desde una perspectiva
regulatoria diferente es abrumadora. Lo novedoso de la mesa de esta semana es
que las autoridades que asumirán en diciembre sus cargos han asumido ya la
perspectiva reformista. Ahora lo que toca es regular.
Desde luego que habrá que tejer fino.
El primer paso es terminar ya con la absurda prohibición y persecución de la
mariguana. Tanto en el tema medicinal, al que México llegará tarde y
desaprovechará importantes oportunidades de mercado, como en el del uso
personal existe suficiente evidencia para desarrollar un modelo propio de
regulación adecuado a las condiciones sociales y culturales del país. Los ocho
estados de la Unión Americana que han echado a andar modelos de regulación para
el uso adulto, junto con la experiencia de Uruguay, la mucho anterior de los
Países Bajos y la incipiente de Canadá, representan un punto de partida muy
útil para evaluar las diferentes posibilidades de regulación, con una
perspectiva de reducción de daño, de prevención y de protección de los menores.
Pero también es alentador que se haya abierto la
discusión de cómo regular la producción de amapola y de sus derivados. Desde
luego que México debería producir sus propios derivados médicos, para terminar
con la falta de acceso a medicamentos esenciales contra el dolor, pero también
debe impulsarse la discusión global sobre cómo enfrentar las epidemias de
opiáceos, como las que afectan hoy a los Estados Unidos y, en menor medida, a
Canadá, pues la peligrosidad de los derivados del opio no es ni remotamente
comparable con la de la mariguana. Ahí la perspectiva de reducción de daño se
debe enfocar a salvar vidas y a sacar del mercado clandestino a la heroína y
otros opiáceos y opioides por medio de la provisión controlada de tratamientos
de sustitución o de heroína de calidad a través de los sistemas de salud.
México se ha salvado de una epidemia de esas características, pero la demanda
clandestina se mantendrá mientras los Estados Unidos no cambien su enfoque
persecutorio.
Agradezco a
Amaya Ordorika la detallada reseña del encuentro, en la que baso esta nota.
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