Salvador
Camarena.
Soluciones
en los temas de agua y movilidad, pero sobre todo devolver a los chilangos la
sensación de que al frente del Gobierno de la Ciudad de México está alguien que
entiende y atiende la compleja gestión de intereses que chocan en la capital,
esas serían las tres peticiones que formularía a Claudia Sheinbaum, quien hoy
se estrena como jefa de Gobierno.
El
arrollador triunfo, así como la ubicua personalidad mediática de Andrés Manuel
López Obrador, han opacado el importante cambio político que está por
experimentar la Ciudad de México.
Claudia
Sheinbaum se convierte hoy en la quinta autoridad capitalina electa
democráticamente. Y su llegada representa ni más ni menos que una primera
alternancia para la ciudad que hasta hoy retuvo en su poder el Partido de la
Revolución Democrática.
¿Qué debería
distinguir la administración de Sheinbaum frente a la de sus antecesores?
Si pensamos
en la administración inmediata, la respuesta es simple: borrar de tajo esa
noción que se instaló en la capital de que el gobierno central vivía en una
nube hecha de relaciones públicas de color rosa y clases de zumba, mientras a
ras de asfalto, además de baches, reinaba la ley del más fuerte: el político
más fuerte en clientelismo, el transportista más fuerte en relaciones con el
gobierno, el constructor más fuerte en dádivas a los (ex)delegados y entidades
“supervisoras”, el líder de ambulantes más aguerrido, el cártel más agresivo,
el delegado (hoy alcalde) que más ha capturado una demarcación, el antrero más
conectado, los vecinos más empoderados, los diputados con más capacidad para
armar los moches, los permisionarios de mobiliario urbano más gandallas… Y
debajo de todos ellos, el ciudadano de a pie.
Entonces,
Claudia la tendría fácil a la hora de intentar marcar una diferencia. Debe
generar la percepción, desde muy pronto en su mandato, de que hay Gobierno por
encima de todos esos poderes fácticos mencionados en abstracto pero fácilmente
reconocibles en cada caso, así como demostrar que su gobierno procurará limitar
la corrupción que hace posible los múltiples y cotidianos abusos de aquellos
que medran con el espacio público.
La ciudad
capital vive en una sensación de haber quedado desde hace años al garete. Desde
un sindicato de bomberos donde se atacan a balazos, hasta un hospital público
que explota por fuga de gas sin que haya una investigación que dirima
responsabilidades, pasando por matanzas colectivas (Heaven), aumento en cifras
de homicidios y escenas típicas del crimen organizado que no se veían en la
capital, los últimos tiempos han retado la costumbre de los capitalinos de no
sorprenderse ante lo inaudito.
Ese panorama, que incluye destrucción
patrimonial y caos inmobiliario, espera a Sheinbaum, que llega acompañada de un
equipo donde combina talento nuevo con viejas caras de la política.
Pero si distinguirse de los
inmediatos gobernantes de la capital (el que huyó al Senado y el que se quedó
de interino) resultaría sencillo, Claudia en cambio tendrá en el frente moreno
un escenario más complejo. Ahí deberá marcar distancia y diferencia frente al
gobierno nacional de AMLO, gobernar esa exuberancia que integra a Morena
también a nivel local y, no menos importante, revisar lo que no se haya hecho
(o se haya hecho mal) en el pasado inmediato a nivel delegación, incluyendo a
exfuncionarios surgidos de su partido.
Si el país estaba harto de la
corrupción, la indolencia e ineficiencia de los priistas en el plano político
federal, no menos se puede apuntar en Ciudad de México. Si hay decepcionados
porque López Obrador no quiere investigar al Peña team, qué hará Claudia con
quienes esperarían que revisase cómo se dieron las cosas en enclaves que han
mangoneado los Toledo, los Romero, los Luna… y los Monreal.
Y además de
todo ello, que se note la mano del nuevo
gobierno también en un problema que nadie quiere visibilizar pero que ya
provocó una crisis de más de una semana hace apenas unos meses (el agua), y lo
mismo en esa cuestión tan evidente como la falta de buen transporte y la
deficiente movilidad: que se intenten soluciones lógicas que rompan la inercia
impuesta por un lado por los microbusero al tiempo de que el Metro colapsa por
fallas o saturación.
Con todo, hoy es el arranque de una
ilusión. Ojalá Sheinbaum haga buenos los pronósticos y presente una agenda
innovadora gestionada con autoridad, no sólo para afincar su futuro político,
sino sobre todo para devolver a los capitalinos el orgullo que estos han
sentido por su irrepetible forma de vivir este terruño. Ojalá.
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