Por Diego
Petersen Farah.
Bernardo Bátiz será el primer Fiscal
General de la República. Antes de él los Procuradores: la mayoría de muy triste
memoria, algunos hicieron la lucha, pero todo fracasaron. ¿Hay condiciones para
que el ahora Fiscal sea mejor que las decenas de procuradores que le
antecedieron? Ninguna real, solo la fe en que Bátiz es, además de una gran
jurista y un buen político un hombre de buena fe. Pero es no basta.
El problema del nuevo Fiscal como el
de los anteriores Procuradores es su dependencia directa al poder ejecutivo. El
presidente lo designó, a través de un complejos sistema de simulación (algunos
de los candidatos no perdonaron la burla y tuvieron comparecencias de diez
minutos) pero finalmente fue una designación presidencial disfrazada, tan es
así que desde hace al menos un mes todos sabíamos que el Senado lo designaría
independientemente de quien se apuntara al proceso (y no tengan duda, si por
algo no termina el periodo el sustituto es Gertz Manero)
Bátiz dice que será un Fiscal independiente
porque él es independiente; López Obrador dijo, desde el segundo debate
presidencial, que el fiscal sería independiente “de facto” (es decir, porque lo
digo yo y me obedecen). Ninguna de las dos cosas, ni el dicho del Fiscal ni el
del presidente aseguran la independencia. Es un exceso de voluntarismo o, para
decirlo en plata pura, de demagogia. No se trata de la buena o mala voluntad del
nuevo fiscal, todos creemos o queremos creer que tiene la mejor intención de
hacer su trabajo, pero el hilo conductor ahí está y la tijera la tiene Andrés
Manuel. Lo sabe el fiscal y lo sabe el presidente. Por eso ambos sonríen,
aunque no se rían de lo mismo.
Si tuviéramos un fiscal independiente
no sería atribución del presidente si hay o no punto final, si condena o no a
los expresidentes de la república, mucho menos hacer una consulta popular para
que sea el pueblo quien decida si se les juzga o no. Si tuviéramos un fiscal
independiente no habría riesgo de que la justicia se utilice políticamente; no
habría duda de si los cargos contra el excandidato Anaya fueron inventado o
efectivamente merece estar bajo proceso o de plano en la sombra; Romero des Champs
estaría más preocupado por explicar su enriquecimiento que por publicar
desplegado zalameros para alagar a López Obrador.
Pero no lo tenemos ni lo tenderemos
en este sexenio. El presidente y la obediencia ciega de los morenistas no
quisieron eso para el país. López Obrador prefirió un Fiscal que le sirva a un
Fiscal que sirva.
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