viernes, 11 de mayo de 2018

“¡Déjennos salir!”, pedían madres en acto del 10 de mayo que encabezaron Anaya y Alejandra Barrales.

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Eufórico, en medio de mujeres que lo vitoreaban, Ricardo Anaya hizo lo que nunca: Bajó del entarimado a darle abrazo a una señora por el Día de las Madres, pero dio un mal paso y, trastabillante, evitó irse de bruces en público.

Cuando al fondo del salón de fiestas a decenas de madres de familia se les impedía marcharse, hartas de los apretujamientos y el hastío de un festejo del Día de las Madres encabezado por Anaya y la perredista Alejandra Barrales.

Anaya fue el último de los cuatro oradores de largos discursos en la celebración del Día de las Madres, realizada en el salón Palacio la Rochelle, en San Ángel, repleto de mujeres traídas en autobuses de las colonias populares de Álvaro Obregón, clientelas del diputado local perredista Leonel Luna.

Jefe político de la delegación que gobernó, Luna, aspirante a diputado federal, fue el primer orador, seguido del candidato a alcalde Amílcar Ganado, y luego Barrales, quien tiene como sustento de su campaña un modelo clientelar priista: La tarjeta “Pa Las Jefas”, que promete 2 mil 500 pesos al mes para cada madre de familia.

Anaya, comprometido con esa promesa de Barrales, tan populista como los 2 mil 200 pesos que promete dar cada mes el priista José Antonio Meade, no les dijo a las madres nada que no les diga a los asistentes en otros mítines, que en su campaña se le llama “concentración ciudadana”, repletas de acarreados con tortas y bebidas.

Pero en el festejo del Día de las Madres organizado por la alianza PAN-PRD-Movimiento Ciudadano ni agua se repartió. Apenas unas decenas de rosas.

Por sed y por hastío, muchas mujeres comenzaron a abandonar su lugar y buscar la salida, sobre todo quienes habían llegado más de dos horas antes, desde el mediodía.

Ya para cuando Anaya empezó a hablar, a las 13:50 horas, muchas buscaron la salida, pero se encontraron con los mismos “operadores” que las llevaron se lo prohibían.

-¡Déjennos salir!– pedían.

-Espérense a que termine de hablar el candidato– les ordenaban.

El auditorio tuvo que escuchar los 20 minutos del discurso de Anaya, quien les contó sus logros como presidente del PAN:

Anaya atendió a los reporteros en el mismo salón de fiestas, a quienes dijo que se debe respetar el resultado de la elección, cualquiera que éste sea, y vio normal que el presidente Enrique Peña Nieto llame a ejercer el voto con razón, “no con la víscera”.

-¿Pero no ve una dedicatoria?

-No.

Tampoco vio anormal que el gobernador de Querétaro, el panista Francisco Domínguez, haya propuesto a sus homólogos del PRI unirse para vencer a Andrés Manuel López Obrador.

“Yo le agradezco mucho a Pancho Domínguez”, dijo y reiteró su llamado al “voto útil” y aludió a la encuesta de GEA-ISA, que lo coloca a cinco puntos de López Obrador, pese a que en reiteradas ocasiones esta firma se ha equivocado.

“Estoy convencido de que estamos creciendo mucho, que estamos creciendo muy rápido, que están dadas las condiciones para que podamos ganar esta elección”.

A las 14:10 todo terminaba, con la avenida Revolución colapsada por decenas de autobuses que transportaban al voluntariado femenino del candidato presidencial Anaya y la candidata a jefa de gobierno.

Anaya sigue en segundo lugar, pero Barrales, según la encuestadora que trabaja para aquél, Massive Caller, ya cayó al tercero ante el priista Mikel Arriola…

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