Por Arnoldo
Cuellar.
Sigue siendo
vigente la vieja sentencia de que la primera víctima de una guerra es la
verdad. Ahora lo vemos en el tema de la gasolina, donde la desinformación fluye
a borbotones y escasean los datos concretos que contribuyan a afrontar la
emergencia.
Desde las
conferencias mañaneras del Presidente Andrés Manuel López Obrador surgen
explicaciones efectistas que hasta hoy han logrado su objetivo de poner a la
población de parte de la lucha contra el robo de combustibles, aunque, como en
cualquier parte de guerra, los datos sean más propaganda que información
contrastable.
Por lo
pronto la comentocracia nacional, que tan bien le tenía tomada la medida a los
gobiernos del PRI y del PAN, sigue desconcertada ante el crecimiento del
respaldo popular a AMLO, pese a la evidente deficiencia con la que se afrontó
esta primera batalla contra la colusión entre delincuencia y poder.
El apoyo a
la batalla contra el huachicol, coincidente en todas las encuestas, trata de
ser explicada de mil maneras por los analistas de los medios, y se asegura que
no es para siempre, lo que resulta una obviedad. Lo que no se aborda es que los
ciudadanos, con la escasa información con la que cuentan, parecen haber
valorado más la decisión de hacer algo para enfrentar el desastre en uno de los
innumerables frentes que dejaron las administraciones anteriores, que las
molestias personales.
Quizá por
eso, el Gobernador de Guanajuato, Diego Sinhue Rodríguez, ha evitado subirse a
las críticas contra López Obrador y más bien decidió jugar en su cancha en un
papel de colaboración. La búsqueda de soluciones al abasto, en entrevistas con
el director de Pemex y en su viaje a Houston, Texas, el mandatario local ha
querido ponerse proactivo y ha dejado en claro que busca “ayudar al
presidente”.
El gesto fue
respondido con la misma cortesía por López Obrador en su conferencia matutina
del martes 15, donde valoró positivamente las acciones de los gobernadores para
gestionar ante las empresas que tienen permisos de importación que los empleen.
Sin embargo,
los anuncios de trenes mágicos que de acuerdo a la prensa local casi llegan el
mismo día en que los anuncia el gobernador, no se compaginan con la realidad.
Las importaciones de gasolina directa al estado de Guanajuato solo se realizan
por la empresa ExxonMobil, cuyas estaciones no han dejado de vender
combustible, salvo en los lapsos en que la demanda excesiva las ha vaciado.
Al no
depender de Pemex y la aleatoriedad de sus pipas, Mobil mantiene un abasto
continuo y programado y si no da servicio continuo es porque no puede suplir la
carencia de gasolina del resto de las estaciones por si sola.
Así los
ferrotanques que llegan a San José Iturbide no se han detenido y quizá puedan
aumentar en una proporción razonable, pero no de manera exponencial, por
carencia de infraestructura de almacenamiento y reparto. Duplicar el suministro
implicaría duplicar el número de pipas y el tiempo de trasvase, algo que
resulta lógico y sencillo de concluir.
Una
inversión en infraestructura sería redituable si hay un plan de negocios de
largo plazo, no solo una medida coyuntural para salvar la emergencia. Ninguna
empresa de este tipo invierte sin una perspectiva de largo plazo.
En cambio,
lo que si debe hacerse es buscar la reactivación de los ductos de transporte de
combustible, exentos de amenazas de sabotaje y de perforaciones ilegales. Usar
esa infraestructura es la solución más barata, más eficiente y sostenible en el
largo plazo.
Para ello se
requiere restaurar el estado de derecho y combatir la impunidad con la que
hasta ahora se ha venido realizando el robo industrial de combustibles,
incluyendo una red de distribución clandestina que reintroduce el combustible a
numerosas gasolineras establecidas, como dejan ver los primeros informes de
operaciones sospechosas detectadas por la Unidad de Inteligencia Financiera de
la Secretaría de Hacienda, que cifran en más de mil millones de pesos el lavado
de dinero por ese concepto.
Los
políticos deben empezar a respetar más a esa población que ha mostrado entender
perfectamente las prioridades del actual momento nacional. López Obrador está
obligado a llegar a las últimas consecuencias jurídicas del enorme saqueo al
que ha decidido enfrentarse. Diego Sinhue Rodríguez tiene que identificar como
una prioridad el restablecimiento de la seguridad en el estado.
La
emergencia del abasto pasará y dejará de ser noticia las gestiones pantalla
para traer gasolina o para enfrentar el sabotaje. Lo que viene es una larga,
dedicada y compleja batalla por recuperar lo que cualquier nación y estado que
quieren ser viables necesitan: leyes que se respeten, autoridades aplicadas a
resolver problemas y no a salir en los periódicos.
Ahí está
para empezar, en el caso de Guanajuato, el robo de al menos dos pipas en
carreteras que pasan por la entidad. No puede ser una respuesta argüir que son
delitos federales, para justificar que las autoridades locales hurten el
cuerpo.
Si el nombre
del juego es coordinación y trabajo conjunto, si como ha dicho el gobernador
Sinhue, se trata de “ayudarle al presidente” en el combate a un flagelo ya
insostenible, es hora de que se lo diga también a Carlos Zamarripa, su
candidato a fiscal al que ya se aprestan a imponer los diputados del PAN en el
Congreso.
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