Martín Moreno.
Como periodista,
siempre he creído y escrito que Elba Esther Gordillo ha sido una calamidad para
México. Sin duda. Por las razones que todos sabemos: su daño a la educación
básica; su enriquecimiento desmedido; su corrupción; sus excesos; sus alianzas
políticas con Los Pinos; su inmenso poder. Allí están mis columnas para
revisarlas. (Ver también libro Abuso del poder en México. Capítulo “Elba
Esther: la bruja del cuento”. Martín Moreno. Edit. Aguilar).
Y también, como todos sabemos, Gordillo está en prisión
desde principios de 2013. Cierto: fue un manotazo al escritorio por parte de
Enrique Peña Nieto. Un golpe de autoridad. Un
ajuste de cuentas político. Nada menos.
No, no se crea que
Peña encarceló a Elba Esther para mejorar la educación básica, ni para
eficientar al sistema educativo. Las razones fueron de estricto cálculo político.
El pasado viernes 17 de febrero, se dio a conocer que
Gordillo saldrá de prisión en próximos días, por dos factores: su edad (cumplió
ya 70 años), y las enfermedades que padece y que, según su defensa, ameritan
atenciones que no existen en la cárcel.
La justicia ya autorizó el arraigo domiciliario.
Muy pronto, Elba
Esther se irá a alguna de sus lujosas casas.
Por eso, es más que pertinente contar parte de la historia.
Y aclaro: este texto
no es escrito ni con la intención de limpiarle la cara a Elba Esther Gordillo
ni, mucho menos, eximirla de culpa alguna. Nada más alejado de la realidad.
Ni es el espíritu ni sería yo la pluma indicada para ese propósito.
Empero, como
periodistas, tenemos la obligación de investigar, de profundizar, y de revelar
– hasta donde sea posible-, las verdaderas razones sobre lo que ocurre detrás
de los hechos en nuestro país. Qué los mueve. Qué los motiva. Y cómo se
ejecutan.
¿Por qué fue enviada Elba Esther Gordillo, realmente, a la
cárcel?
Conozca usted, lector, la siguiente historia (Extractos del
libro “Los demonios del sindicalismo mexicano”. Capítulo “Elba Esther: La Quina
de Peña Nieto. Edit. Random House/Aguilar):
“Febrero 6 de 2013.
Esa noche – precisamente en su cumpleaños 68-, se decidió el
encarcelamiento de Elba Esther Gordillo.
Dos momentos.
Primero:
Al calor de los brindis, de la camaradería, de las
felicitaciones, en un restaurante de la exclusiva zona de Santa Fe en Ciudad de
México, se celebraba el cumpleaños de la maestra, la aún todopoderosa del
Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Allí, con ella,
políticos, amigos, líderes seccionales, colaboradores. Familia. Música.
Regalos. Fiesta. Con las copas llegaba la inevitable plática política -¿de qué
más?-; Gordillo comenzó a criticar y a cuestionar al gobierno entrante de
Enrique Peña Nieto, con quien mantenía una relación estrictamente
institucional. Ni cercana ni amistosa. Ni aliados ni amigos.
Pero a la maestra se
le olvidó una máxima: siempre hay unos ojos que ven y unos oídos que escuchan.
Segundo:
Ese mismo día, a esa hora nocturna, en Los Pinos, apenas con
sesenta y seis días en el poder presidencial, el priista Peña Nieto tenía una
reunión con sus hombres: Luis Videgaray, amigo, confidente, integrante del
poderoso Grupo Atlacomulco, secretario de Hacienda; Miguel Ángel Osorio Chong,
colaborador, operador político, cabeza del Grupo Pachuca, secretario de
Gobernación; y Jesús Murillo Karam, abogado, integrante del grupo político de
Manlio Fabio Beltrones, procurador General de la República. El tema era uno:
Elba Esther Gordillo.
De alguna manera en
Los Pinos se enteraban, justo cuando estaba ocurriendo, sobre las críticas que
Gordillo –aliada del poder presidencial con Salinas, Zedillo, Fox y
Calderón-, lanzaba en sobremesa, la
noche de su cumpleaños, en contra de Peña Nieto. La escucharon. La enjuiciaron.
Las acusaciones: ir
en contra de la reforma educativa, criticar al Presidente, ser adversa al grupo
en el poder desde que Peña era gobernador del estado de México.
El veredicto: culpable.
El castigo: la cárcel.
Ni defraudación fiscal ni lavado de dinero ni delincuencia
organizada…por el momento. Los cargos eran razón de Estado: ser contraria a los
designios de Los Pinos.
El único que se opuso un tanto a su encarcelamiento porque
no veía un sustento jurídico sólido, fue el procurador Murillo Karam, quien
mostraba sus dudas.
Pero la decisión ya
la había tomado el “grupo compacto” mexiquense. Pragmáticos, eliminando
cualquier escrúpulo u obstáculo, vieron titubeante al procurador Murillo Karam.
No habría problema. Como operador encomendarían el “Expediente Elba Esther” a
un funcionario cuya ética es negociable: Alfredo Castillo, entonces
Subprocurador de Control Regional, Procedimientos Penales y Amparos de la PGR.
Sí, el mismo fiscal que encubrió la desaparición de la niña Paulette Gebara
Farah. (Ver “Paulette, lo que no se dijo. Martín Moreno. Edit.
Santillana/Aguilar).
Asunto solucionado.
Hombre de rencores, Peña Nieto ajustaba cuentas.
Veinte días después, Elba Esther Gordillo era detenida en el
Aeropuerto Internacional de Toluca.
“No saben la que voy a armar…”, amenazó Gordillo a los
agentes federales que la detuvieron.
Esta historia aún no termina”.
Proseguimos con aquel texto sobre el caso Elba Esther
Gordillo:
“Enviarla a prisión obedeció, más que a un intento de hacer
justicia a la educación básica en México y de sanear al sindicato magisterial,
a razones eminentemente políticas.
Peña Nieto nunca vio con buenos ojos a Elba Esther Gordillo.
Conozcamos un pasaje:
Cuando era gobernador
del Estado de México, Peña Nieto recibió la visita de Elba Esther y de uno de
los consentidos de la maestra: el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira.
Eran las semanas previas al nombramiento del candidato del PRI a la gubernatura
mexiquense. Nada menos que el sucesor de Peña.
-No te conviene dejar
a del Mazo…ni garantizará el triunfo y sí afectará tu imagen-, le dijo Elba
a Peña Nieto.
Gordillo tenía razón: Alfredo del Mazo Maza –hijo del ex
gobernador Alfredo del Mazo González, frustrado candidato presidencial en 1987
y una de las cabezas del grupo Atlacomulco-, favorito de Peña para sucederlo en
la gubernatura –son primos-, se mostraba con escasa fuerza para ganar la
gubernatura, apareciendo en algunas encuestas prácticamente con empate técnico
con el perredista Alejandro Encinas. La tradicional supremacía política
priista, y del Grupo, estaba en riesgo con del Mazo, un junior sin carisma.
Del Mazo no debe ser
el candidato, le dijeron Elba Esther y Moreira al futuro Presidente de México.
Peña Nieto sabía que sus visitantes tenían razón. A pesar de
su afecto personal con del Mazo, no le garantizaba la victoria en las
elecciones del 2011.
Finalmente fue el ecatepense Eruviel Ávila el candidato en
el Edomex, ganando sin ningún problema la elección por el PRI.
Pero a Peña Nieto no
le agradó que Elba Esther y Moreira le fueran a decir qué hacer en la entidad
que los integrantes del Grupo Atlacomulco ven como de su propiedad. Aún
más: le molestó que le indicaran a quién
no postular como su virtual sucesor. Fue una muestra de soberbia: ir en contra
de los designios del poderoso grupo mexiquense”.
Hasta aquí el texto.
¿Hubo ya algún acuerdo político entre Peña Nieto y Elba
Esther Gordillo para que ella saliera de prisión? No se sabe todavía.
¿Habrá revancha de Gordillo contra Peña Nieto? Es muy
posible.
Lo único previsible, es lo dicho en mi libro: esta historia
aún no termina.
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