De acuerdo con un
informe realizado por el Centro de Estudios Espinosa Yglesias (CEEY), el 50 por
ciento de las mujeres que viven en condiciones de pobreza no lograrán asistir a
la escuela, lo que determinará su futuro laboral y el de sus hijos, en caso de
que decidan tener una familia.
El estudio detalla
que esa condición no será determinada por las capacidades de la persona, sino
por su situación de pobreza, por el
nivel de estudios del padre e incluso por la percepción de que su situación
jamás cambiará.
En México, el 46.2
por ciento de la población vive en pobreza, mientras que 11.4 millones de
personas viven en condiciones de pobreza extrema y de ahí posiblemente nunca
salgan. Según el CEEY, en el país el
esfuerzo de las personas no es determinante para su éxito económico, ya que 70
de cada 100 personas que nacieron en condiciones de pobreza, vivirán pobres
incluso 30 años después. Podrán aspirar a escalar a un siguiente rango, pero
con ingresos casi iguales a los del primer grupo.
El concepto de movilidad social explica las opciones que
tienen los miembros de una sociedad para cambiar su nivel socioeconómico y para
identificar la facilidad con la que dichos miembros pueden moverse a lo largo de
la estructura socioeconómica.
El grado de movilidad social mide la igualdad de
oportunidades en una sociedad. En la búsqueda de movilidad está el
aprovechamiento óptimo del talento de los miembros de una sociedad, como un arreglo
conveniente para todos.
De acuerdo con el CEEY, el alcanzar grados óptimos de
movilidad social permite imaginar un futuro donde las personas,
independientemente de sus características físicas y personales, como posición
socioeconómica de la madre y el padre, el género, culto, religión o
preferencias sexuales reciban las mismas oportunidades y puedan competir en
igualdad de condiciones por un puesto de trabajo.
México se caracteriza por contar con una composición
relativamente movible en los estratos medios, pero con inmovilidad o
persistencia en los extremos de la distribución. Es decir, 48 de cada 100 mexicanos que provienen de los hogares más
pobres de la sociedad se mantienen ahí, mientras que 52 de cada 100
mexicanos que nacen en el sector más rico, no se mueven. Sólo el 8 por ciento de las personas que partieron del quintil más bajo
alcanzó el quintil más alto de la distribución.
Los hallazgos del estudio muestran que el origen de una
persona determina fuertemente sus condiciones de vida. Aunque la sociedad
mexicana se caracteriza por altas tasas de movilidad social en los sectores
medios y alta persistencia en los sectores más bajo y más alto, la frecuencia
de desplazamientos de largo tramo es mucho más baja, ya sea ascendentes (por
ejemplo, del sector más bajo al más alto, o del sector medio bajo al más alto)
o descendentes.
El escenario se
recrudece al analizar la movilidad por género. Las opciones dependen de manera
importante del peso de la política educativa para lograr cambiar el rol
asignado a las mujeres en los hogares de los estratos socioeconómicos bajos y
medios de México.
“En la medida que la
política educativa resulte exitosa, se podrá lograr que el porcentaje de
mexicanas que participan en el mercado laboral crezca. Lo anterior, a su
vez, potencialmente tendrá un impacto positivo en sus opciones de movilidad
social, además de que generará externalidades positivas para el futuro de toda
la población mexicana”, dice el estudio.
Actualmente, el 50
por ciento de las mujeres no podrá cumplir con los ciclos escolares, pero esta
condición será una consecuencia de que el padre no haya estudiado. Caso
contrario con los hombres, que a pesar de que el padre no haya estudiado, el 85
por ciento accederá a la educación.
De este problema se derivan otros. Por ejemplo, en la inserción laboral, quien tiene un
empleo informal como primer empleo, tiene mayores posibilidades de seguir en la
informalidad siempre y pasa lo mismo con quienes gozan de empleo formal. Esto
habla de una imperfección en el mercado laboral del país.
En consecuencia, la
incorporación de las mujeres al mercado laboral parece estar condicionada por
las características socioeconómicas del hogar de origen. Sólo a mayores
niveles educación del padre de las mujeres, mayor es la participación laboral
femenina.
En una sociedad con
alta movilidad no tendría que existir una relación fuerte entre decidir
trabajar de manera remunerada y la educación de los padres. Esto se debe a que
cada individuo debería tener la misma probabilidad de trabajar,
independientemente de su origen social. Sin embargo, en México ése no es el
caso.
El concepto “techo de
cristal” hace alusión a una barrera invisible que impide a las mujeres avanzar
en su carrera laboral: “la condición de invisibilidad del techo se debe a
que no existen reglas escritas ni mecanismos sociales formalmente establecidos
que impongan dicha limitación a las mujeres. Esto se complemente con otra
analogía, la del ‘suelo pegajoso’, que se refiere a la trampa que las mantiene
en la parte baja de la escala económica”, explica el informe.
En este sentido, los procesos de movilidad entre hombres y
mujeres son desiguales. Aunque las mujeres experimentan mayor movilidad
ascendente, la magnitud de la misma está acotada por arriba, es decir, que las mujeres con origen en
estratos bajos se quedan en posiciones bajas con mayor frecuencia que los
hombres que nacieron en las mismas condiciones.
Por otra parte, la movilidad en riqueza, que refleja la realización
socioeconómica de las personas en el largo plazo, el uso que le da a sus
ganancias y su capacidad de absorber choques negativos, sostiene que de los
mexicanos que provienen del sector más rico del país, cuatro de cada cinco se
mantienen ahí o quizá bajan un grado. Pero en el otro extremo, seis de cada 10,
se mantienen ahí.
Mientras, los
desplazamientos que se observaron entre los sectores medios, fue para la
pobreza.
El estudio realizado por el CEEY señaló que la gente percibe
que las cosas siempre están igual, por lo que tampoco se invierten esfuerzos en
formación de capacidades al percibir que éstos no generan ganancias de largo
plazo.
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