Por Darío
Ramírez.
La administración de Andrés Manuel
López Obrador se está equivocando en dos temas fundamentales para la vida y
desarrollo de la nación para las próximas décadas: 1. La militarización de la
seguridad pública con la reforma constitucional que dé vida la Guardia Nacional
y, 2. El nombramiento del primer Fiscal General de la República.
El primero se debate en la Cámara de Diputados y el
otro en Senadores. En ambas arenas políticas los pronósticos avecinan
resultados adversos a los derechos humanos, a la seguridad y la procuración de
justicia.
López Obrador está a punto de
refirmar la militarización del país, a pesar de que en campaña criticó la
decisión de sus antecesores. Su clara intención es tener un nuevo cuerpo de
seguridad que tenga entrenamiento militar, que esté compuesto por militares (y
navales), que los dirija un militar para patrullar nuestras calles. Eso se
llama militarizar la seguridad pública.
Hace unos
días Mario Delgado, coordinador de Morena en Diputados, afirmaba que el mando de la Guardia Nacional sería civil. Días después
el presidente aclaró que de ninguna manera el mando sería civil” …sobre el
mando es que en lo administrativo dependa de la Secretaría de Seguridad Pública
y en la parte operativa esté adscrita a la Secretaría de la Defensa”. En otras
palabras, la Guardia Nacional será una extensión amorfa del ejército y la
marina. Y, sobre todo, se ignora de manera peligrosa el futuro de las policías
de todos los niveles. La lógica pasa por cómo no funcionan no las componemos,
solo ignoramos su existencia. Pero la seguridad sin las policías está condenada
al fracaso.
La dirección bicéfala de la Guardia
conlleva a otros serios problemas: ¿Quién es el responsable final, el que llena
papeles en el escritorio o el responsable de las operaciones? ¿O bien si hay
colusión de estrategias y criterios? El dictamen a discutirse hace caso omiso
de estas premisas.
Hay políticos tercos… la iniciativa
de la Guardia Nacional se presentó unos días después de que la Suprema Corte de
Justicia de la Nación (SCJN) declarara inconstitucional la Ley de Seguridad
Interior, exactamente bajo el argumento de que la ley militarizaba la seguridad
pública. Hecho que está prohibido por la constitución al día de hoy. ¿Qué gana
AMLO con volver a poner frente a la SCJN un tema ya tratado?
“Somos diferentes y vamos a hacerlo
diferente”, afirmó el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana.
Indudablemente, ante las evidentes carencias y riesgos que conlleva la
conformación de la Guardia Nacional, los dichos del secretario no son nada más
que eso: Dichos. Las señales de alerta que ha lanzado la CNDH, el Alto
Comisionado de Derechos Humanos de la ONU, Amnesty International y Human Rights
Watch debería ser suficiente para detener el proyecto y lanzarlo a una consulta
amplia y efectiva. No como se ha hecho hasta ahora.
Mientras la militarización se consuma
en Diputados, en el Senado se “discute” la elección del primer Fiscal General
de la República. En México se resuelve solo el 5% de los homicidios y al
parecer la intención no es transformar de manera profunda la procuración de
justicia. La impunidad es la regla y la justicia la excepción. El sistema de
procuración de justicia está desbordado, caduco y es inoperante (por su
capacidad técnica, logística y financiera) ante la realidad que nos aqueja.
Sube la violencia sube la impunidad,
pero las acciones del nuevo gobierno en materia de procuración de justicia
parecen seguir los oxidados pasos que sus antecesores.
Ante la posibilidad histórica de AMLO
de cambiar el modelo actual, al parecer ha preferido mantener la procuración de
justicia operada por vaivén político. Es decir, no separar cada ámbito para su
mayor eficacia sino tener supeditada la primera a los intereses políticos.
Hoy hay un fast track para designar
al Fiscal General. Y el fast track no le conviene al proceso si es que se busca
la idoneidad del candidato o candidata. Nuestra democracia tiene tanto por
crecer. El diálogo político tiene kilómetros por madurar. La praxis legislativa
del albazo, mayoriteo y revisión somera parece que sigue vigente en la cámara
de senadores.
Como parte del acuerdo político se
estableció que durante las comparecencias de los candidatos/as no habría
mociones ni preguntas. Y cada participación de aquellas personas que aspiran al
cargo sería de 10 minutos. Lo leyó bien, 10 minutos les bastó a los senadores
para determinar si una persona sería apta para ocupar uno de los puestos más
importantes en el país. Una vez más: fueron 10 minutos cada uno de los 27
candidatos y sin preguntas.
El colectivo
#FiscalíaQueSirva –compuesto por organizaciones de la sociedad civil que incansablemente
le han dado seguimiento de tiempo atrás al tema- decidieron no participar en el
proceso acordado por el Senado y lo describió como “una simulación”.
De los 27 candidatos/as que pasaron
brevemente los senadores escogieron a 10. Esa lista se le enviará al presidente
para que la reduzca a 3 que regresará al Senado y de ahí salga el próximo
Fiscal.
La ausencia de criterios de
selección, de transparencia de los procesos, la falta de fundamentación y
motivación de los senadores, la falta de diálogo y debate político con las
personas que buscan el cargo da los elementos suficientes para presumir que el
proceso es más una simulación que una intención real de buscar a un Fiscal que
sea autónomo e independiente del presidente.
Y así, en
una semana la administración de AMLO –a través del Congreso- da certeros pasos
hacia cometer dos grandes errores. Optará no por modificar cosas que lastiman
mucho a la ciudadanía y así guardarse un lugar en la historia de los
transformadores –como él mismo dicho que quiere- sino administrar los problemas
con recetas viejas y conocidas.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.