Nos ha quedado claro que para el gobierno, los ciudadanos
mexicanos tenemos poco o nulo valor. Sus decisiones no se corresponden con las
necesidades que tenemos. Y así nos lo
demuestra el gobierno de Enrique Peña Nieto.
Dos centavos, solo
dos centavos bajaron los precios de las gasolinas hasta mañana que empieza la
liberalización y los gasolinazos diarios. Si no fuera tan humillante, nos
estaríamos riendo, pero bajo las condiciones económicas tan precarias en las
que vivimos, no podemos disfrutar del lado más burlesco de la decisión Peñista.
Primero, porque los
dos centavos son una ofensa a los mexicanos. Y luego, porque una bajada de
precios tan raquítica no le sirve ni como simulación al propio gobierno, aunque
nos venda la medida como un estímulo fiscal, como un subsidio a favor de la
economía de los mexicanos.
En definitiva, los
dos centavos son una bufonada, una ridiculez tan patética como el gobierno de
Enrique Peña Nieto. Y también, los dos centavos, son una distracción, un
intento de efecto benefactor, de arrepentimiento de mentiritas, de estrategia
para contener la ira popular.
Lo peor del caso es que los dos centavos no son importantes
ante lo que se nos viene mañana mismo. A partir del 21 de febrero entra en
vigor la brillante idea, la magnífica fórmula ideada por el gobierno Peñista
para la liberalización de los precios de la gasolina, es decir, los gasolinazos podrán ser diarios si así lo deciden los
amos y señores del dinero, incluido el propio gobierno que es finalmente quién
beneficia a las multinacionales y a los empresarios mexicanos y extranjeros que
se han repartido el pastel de Pemex.
La metodología no
está clara. La falta de transparencia caracteriza a este gobierno, pero
supuestamente el gobierno nos informará cada día de los precios de las
gasolinas, es decir, nuestra incertidumbre será permanente y también nuestra
zozobra y malestar económico.
Peña Nieto y sus
funcionarios quieren someter a los mexicanos a las llamadas fuerzas del
mercado, mejor dicho, a las decisiones de la autoridad hacendaria.
Teóricamente, la medida no es mala, el problema es que con los mini salarios,
la caída del 90 por ciento en el poder adquisitivo de los trabajadores, los
nulos aumentos a nuestros sueldos durante los últimos cinco años y también la
falta de liquidez, nos convierten a los ciudadanos en seres absolutamente
vulnerables.
A partir de mañana, las
decisiones arbitrarias del gobierno serán impredecibles. Van hacer lo que les dé
la gana, claro, que teóricamente todo está controlado por Hacienda y la
Comisión Reguladora de Energía (CRE) algo que significa que todo dependerá de los
mismos.
Si el gobierno bajó dos centavos las gasolinas hasta el día
de hoy, un dinero que le resta a la cuota fija del IEPS que se lleva 4.16 pesos
por cada litro de gasolina, quiere decir que puede bajar más y más porque sus
decisiones son a discreción.
Pero no lo hará. El
objetivo es sangrar, exprimir a los ciudadanos lo más posible. Y por eso es y
seguirá siendo el máximo controlador de los precios de la gasolina. Así de claro. No nos engañan, aunque la
propaganda gubernamental habla de las “actualizaciones” de precios, un
eufemismo para llamar a los “gasolinazos” diarios.
Mientras el gobierno y sus aliados nos mantienen distraídos
con Donald Trump y su muro, el gobierno
prepara otra embestida contra los intereses de los mexicanos. Ya no serán importantes
los precios internacionales del petróleo, ahora lo que verdaderamente nos debe
preocupar será cómo amenazan el Presidente y sus amigos para determinar el
precio de las gasolinas.
Peña Nieto nos ha dicho que no se levanta cada mañana
“pensando en cómo joder a México”. Sinceramente esta afirmación me resulta
sumamente incierta. Todo indica que ante la explicación no pedida, el
Ejecutivo, se está auto acusando contundentemente. Y la imagen que nos queda es
de un Presidente que no piensa en el bienestar de su pueblo, sino en cómo
seguir perjudicándolos.
Otra de los
eufemismos que escucharemos a partir de mañana es la llamada “volatilidad” de
los precios de las gasolinas. No nos engañan. Eso también es una manera de
tergiversar los hechos. Más bien, habría que hablar de la “volatilidad” del
carácter de Peña Nieto, quien tendrá la última palabra en la anarquía económica
que se nos viene encima.
Por lo pronto, los
precios de las gasolinas serán diferentes a lo largo y ancho del país.
Supuestamente, aunque no nos queda claro, cada región fijo los precios de
acuerdo a los costos logísticos de Pemex, es decir, los señores del gobierno y
sus amigos empresarios calcularán la distancia de cada localidad a las
refinerías de Pemex o a los puntos de importación, también a la infraestructura
para el transporte y distribución de las gasolinas.
La teoría resulta aparentemente clara, lo malo es que a
partir de mañana en realidad los precios
máximos de las gasolinas y el diésel serán determinadas en base a decisiones políticas
y no estrictamente del mercado nacional o internacional.
Lo más preocupante
para todos los ciudadanos es la intervención de la Secretaría de Hacienda, la
institución encargada de cobrarnos un alto impuesto del 37 por ciento, el
famoso Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) uno de los más
altos del mundo que durante el 2017 dejará más de 280 mil millones de pesos, en
parte para seguir llenando las arcas del erario y la posibilidad de que
funcionarios de todos los niveles se sigan enriqueciendo por la vía de la
corrupción.
Por eso, más que preocuparnos de Trump y sus medidas,
preocupémonos por seguir protestando, por seguir con los boicots, por seguir
presionando cambios a través de la sociedad civil con acciones concretas que
obliguen al gobierno a modificar sus planes.
A partir de mañana, cada vez que llenemos el tanque de
gasolina, mientras veamos moverse el marcador de esas máquinas verde y roja de
Magna y Premium y situarse en 800, mil 200, mil 500 pesos, pensemos que parte de lo que paguemos, irá a parar a los bolsillos de
la clase política corrupta y de un empresariado cada vez más voraz y hambreador
del pueblo.
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